jueves, 29 de enero de 2009
lunes, 22 de diciembre de 2008
Empanadas
El otro día estuvimos en la inauguración de una exposición de pintura.
Bass (José Alberto) nos citó en una galería nueva que han abierto, exponían unos cuadros muy raros. Eran grandes, con manchurrones que goteaban y de colores oscuros. Parecían cagarrutas de pájaros pero sobredimensionadas. Al menos esa era mi percepción. Hubo mucha gente y muy arreglada.
Mi novia y yo íbamos informales pero serios, Bass iba con una chaqueta de rojo chillón y unas gafas de pasta blancas. Para mi gusto iba muy llamativo, para mi novia iba a tono con los demás "artistas". Y eso que José Alberto monta los cuadros eléctricos en los Aerobus.
Dimos una vuelta a la exposición, vimos los cuadros y, sobre todo, oímos a la gente lo que decía de la pintura. Qué maravilla, qué fuerza, bien conseguido, impactante... Esas y otras frases más rimbombantes llenaban la sala. Yo por más que miraba aquello no encontraba sentido. Como ya dije: cagarrutas de pájaros a lo bestia sobre cuadros.
Sin previo aviso aparecen unos camareros con copas de cerveza, vino y refrescos.
-¿Gratis? -le pregunto al camarero.
-Sí, por supuesto -me responde con sonrisa cómplice, como si yo supiera que de verdad era gratis.
Tomo una copa de vino y un refresco de limón para mi novia. Bass eligió la cerveza. El vino era peleón, el refresco y la cerveza estaban sin gas y apenas fríos. Volvío a pasar el mismo camarero, dejé las copas vacías y cogí una de cerveza y otra de cocacola para mi novia. Bass eligió la cerveza. Seguían estando igual que las anteriores.
-Eh, mira a esa -me dijo mi novia.
Una camarera llevaba una bandeja sin vasos, pero llena de unas cosas pequeñas. Intenté ver bien qué había en la bandeja pero una lluvia de manos hizo desaparecer todo lo que había.
-¿Comida? -dijo mi novia extrañada.
-Yo tengo un poco de hambre -dijo Bass.
-Yo comeré, por gula nada más, si es gratis... -dije excéptico.
El camarero que nos sirvió las bebidas llevaba ahora caña de lomo, la misma que la de su compañera. Al menos eso nos dijo. Cogimos unas cuantas cada uno, porque estaban cortadas muy finas, casi como papeles de fumar. Estaban un poco duras y sin sabor.
Otro camarero traía ahora unos canapés de paté. Sabían mejor. Una camarera trajo otra bandeja de bebidas. Cerveza. Los tres. Otra bandeja de empanada. Otra de queso. Otra de cerveza. Otra de jamón. Otra de caña de lomo. Otra de cerveza. Otra de canapés. Otra de empanada.
-Sabe rara esta empanada -dijo Bass.
-Eso es el canapé, que el paté es muy fuerte y le quita el sabor -dije yo en plan Arguiñano y con síntomas de empuntado.
Bass empezó a eruptar.
-Toma otra cerveza y dale siete buches seguidos -dijo mi novia a carcajadas con un punto más grande que el mío.
Más cerveza, más empanadilla que era lo que más había y más cerveza.
-Illo, que mal me encuentro -dijo Bass.
-Pues venga, vámonos que aquí no hay nada más que hacer y encima toy borracho -dije.
-Yo toy borracha, mi gordi -dijo mi novia.
Al dejar la sala atrás y al doblar la esquina Bass vomitó.
-La empanada, tio, la empanada -dijo Bass mientras mi novia empezaba a dar arcadas.
-Pues... ¿Quieres más empanada, Bass?
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -dije riéndome.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -me empezaba a doler la barriga de reírme.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-Escucha que aún tengo empanada pa vosotros.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
Así se llevaron un ratito mientras yo no paraba de reír. Al final trajimos a Bass a casa para que durmiera la mona. Yo no dejaba de darle vueltas a la cabeza: ¿habrá vomitado mi novia por que está embarazada? Estoy preocupado. En estos días cuando mejore le preguntaré y compraré un predictor, por si las moscas.
Bass (José Alberto) nos citó en una galería nueva que han abierto, exponían unos cuadros muy raros. Eran grandes, con manchurrones que goteaban y de colores oscuros. Parecían cagarrutas de pájaros pero sobredimensionadas. Al menos esa era mi percepción. Hubo mucha gente y muy arreglada.
Mi novia y yo íbamos informales pero serios, Bass iba con una chaqueta de rojo chillón y unas gafas de pasta blancas. Para mi gusto iba muy llamativo, para mi novia iba a tono con los demás "artistas". Y eso que José Alberto monta los cuadros eléctricos en los Aerobus.
Dimos una vuelta a la exposición, vimos los cuadros y, sobre todo, oímos a la gente lo que decía de la pintura. Qué maravilla, qué fuerza, bien conseguido, impactante... Esas y otras frases más rimbombantes llenaban la sala. Yo por más que miraba aquello no encontraba sentido. Como ya dije: cagarrutas de pájaros a lo bestia sobre cuadros.
Sin previo aviso aparecen unos camareros con copas de cerveza, vino y refrescos.
-¿Gratis? -le pregunto al camarero.
-Sí, por supuesto -me responde con sonrisa cómplice, como si yo supiera que de verdad era gratis.
Tomo una copa de vino y un refresco de limón para mi novia. Bass eligió la cerveza. El vino era peleón, el refresco y la cerveza estaban sin gas y apenas fríos. Volvío a pasar el mismo camarero, dejé las copas vacías y cogí una de cerveza y otra de cocacola para mi novia. Bass eligió la cerveza. Seguían estando igual que las anteriores.
-Eh, mira a esa -me dijo mi novia.
Una camarera llevaba una bandeja sin vasos, pero llena de unas cosas pequeñas. Intenté ver bien qué había en la bandeja pero una lluvia de manos hizo desaparecer todo lo que había.
-¿Comida? -dijo mi novia extrañada.
-Yo tengo un poco de hambre -dijo Bass.
-Yo comeré, por gula nada más, si es gratis... -dije excéptico.
El camarero que nos sirvió las bebidas llevaba ahora caña de lomo, la misma que la de su compañera. Al menos eso nos dijo. Cogimos unas cuantas cada uno, porque estaban cortadas muy finas, casi como papeles de fumar. Estaban un poco duras y sin sabor.
Otro camarero traía ahora unos canapés de paté. Sabían mejor. Una camarera trajo otra bandeja de bebidas. Cerveza. Los tres. Otra bandeja de empanada. Otra de queso. Otra de cerveza. Otra de jamón. Otra de caña de lomo. Otra de cerveza. Otra de canapés. Otra de empanada.
-Sabe rara esta empanada -dijo Bass.
-Eso es el canapé, que el paté es muy fuerte y le quita el sabor -dije yo en plan Arguiñano y con síntomas de empuntado.
Bass empezó a eruptar.
-Toma otra cerveza y dale siete buches seguidos -dijo mi novia a carcajadas con un punto más grande que el mío.
Más cerveza, más empanadilla que era lo que más había y más cerveza.
-Illo, que mal me encuentro -dijo Bass.
-Pues venga, vámonos que aquí no hay nada más que hacer y encima toy borracho -dije.
-Yo toy borracha, mi gordi -dijo mi novia.
Al dejar la sala atrás y al doblar la esquina Bass vomitó.
-La empanada, tio, la empanada -dijo Bass mientras mi novia empezaba a dar arcadas.
-Pues... ¿Quieres más empanada, Bass?
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -dije riéndome.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -me empezaba a doler la barriga de reírme.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-Escucha que aún tengo empanada pa vosotros.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
Así se llevaron un ratito mientras yo no paraba de reír. Al final trajimos a Bass a casa para que durmiera la mona. Yo no dejaba de darle vueltas a la cabeza: ¿habrá vomitado mi novia por que está embarazada? Estoy preocupado. En estos días cuando mejore le preguntaré y compraré un predictor, por si las moscas.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Nieves II
La llegada de Pepe y Pelo de Fuego fue de lo más aburrido. Tal y como entraron aparcaron donde estuvieron antes los simpáticos guiris. Nos saludaron y se volvieron a meter dentro de su furgo para "inagurarla". Manda cohones.
Me acosté aburrido porque Rafa estaba cansado de esquiar y Lisa de hacer sudokus. Me hubiera gustado ir a algún sitio pero estábamos allí arriba y el pueblo más cercano estaba a un buen rato a pie.
A la mañana siguiente acabamos con el pan y las chacinas. No teníamos leche y tampoco agua, así que bebimos gélida cerveza en el desayuno. Pepe y Pelo de Fuego nos acompañaron. Rafa terminó el primero y se fue a hacer snowboard. Lisa se quedó haciendo sudokus y los tres restantes intentamos llegar al Veleta andando.
Caminar por la nieve es más difícil de lo que parece. Los pies se hunden, el caminar se ralentiza, la luz de la nieve te ciega, la ropa te pesa, el sol te abrasa, el frío te congela la cara y manos... ¿Qué hacer ante tanta adversidad? Parar, tomar aire y pedirle a Pepe que se haga un porrito. Subir no subimos mucho, lo suficiente para acabar con medio paquete de cigarrillos condimentados.
He aquí una vista

Seguimos subiendo y subiendo hasta encontrarnos no sé donde. Parecía que íbamos a subir el Everest


Arriba del mundo, sentados sobre unas rocas, recibimos una llamada de Lisa. Rafa se había roto una mano en una bajada. Pelo de Fuego se puso nerviosa y dijo que teníamos que bajar corriendo. Pepe decía que Cruz Roja lo atendería y yo estaba leyendo los mensajes que la gente escribía en las rocas. Pelo de Fuego empezó a gritar a Pepe que teníamos que bajar ya, que Lisa y Rafa nos necesitaban. Entonces Pepe sacó un plástico enorme y dijo:
-Con esto vamos a acortar camino.
Nos acercamos a una ladera, extendió el plástico, nos sentamos sobre el mismo y nos lanzamos cuesta abajo. Dos, tres y cuatro veces lo hicimos. Qué experiencia tan magnífica. Lo malo es que a la quinta vez pillamos una roca que sobresalía de la nieve y Pelo de Fuego también se partió el brazo derecho. Pepe la cogió en brazos y salió corriendo por la carretera. Se fueron sin decirme a donde iban, me dejaron allí solo con el plástico, sin cigarros. Los seguí, pero andando. Vi que pararon un coche y se fueron en él. Esto ocurrió sobre las dos y media de la tarde. Pues hasta las siete no llegué a la autocaravana. Eso no se lo perdono yo. Cuando llego me encuentro a Rafa y Pelo de Fuego con los mismos brazos escayolados. Ella llorando y él cagándose en los muertos de alguien que se le cruzó.
Había que volver a Sevilla, ya no tenía sentido estar allí. Pepe condujo su furgoneta sin problemas, pero ¿quien conduce la autocaravana de Rafa?
-Tio, tú mete las marchas que yo muevo el volante y pedales.
-Rafa que no sé conducir.
-Es muy fácil.
-Es muy peligroso, Rafa.
-Yo conduzco -dijo Lisa.
-Pero si tú no conduces desde que te sacaste el carné.
-Bueno y qué, hace un año que lo tengo y eso no se olvida, es como ir en bici.
-Vale, vale, si no os importa me gustaría ir con Pepe porque Pelo de Fuego no para de llorar, así voy yo y les doy palique ¿os importa?
-Sí, ve tú con ellos que a mi me gustaría hablar con Rafa en privado.
A Sevilla llegamos en dos horas. Rafa y Lisa tardaron cerca de seis horas. Por lo visto paraban en casi todas las estaciones de servicio porque Lisa se ponía tan nerviosa que se tenía que tomar un café, a parte de que no pisaba el acelerador a más de 100 Km/h.
Yo tengo claro que si vuelvo a Sierra Nevada me llevo una saca de bocadillos. Pasé más hambre que casi me como el jersey de lana que llevaba.
Me acosté aburrido porque Rafa estaba cansado de esquiar y Lisa de hacer sudokus. Me hubiera gustado ir a algún sitio pero estábamos allí arriba y el pueblo más cercano estaba a un buen rato a pie.
A la mañana siguiente acabamos con el pan y las chacinas. No teníamos leche y tampoco agua, así que bebimos gélida cerveza en el desayuno. Pepe y Pelo de Fuego nos acompañaron. Rafa terminó el primero y se fue a hacer snowboard. Lisa se quedó haciendo sudokus y los tres restantes intentamos llegar al Veleta andando.
Caminar por la nieve es más difícil de lo que parece. Los pies se hunden, el caminar se ralentiza, la luz de la nieve te ciega, la ropa te pesa, el sol te abrasa, el frío te congela la cara y manos... ¿Qué hacer ante tanta adversidad? Parar, tomar aire y pedirle a Pepe que se haga un porrito. Subir no subimos mucho, lo suficiente para acabar con medio paquete de cigarrillos condimentados.
He aquí una vista

Seguimos subiendo y subiendo hasta encontrarnos no sé donde. Parecía que íbamos a subir el Everest


Arriba del mundo, sentados sobre unas rocas, recibimos una llamada de Lisa. Rafa se había roto una mano en una bajada. Pelo de Fuego se puso nerviosa y dijo que teníamos que bajar corriendo. Pepe decía que Cruz Roja lo atendería y yo estaba leyendo los mensajes que la gente escribía en las rocas. Pelo de Fuego empezó a gritar a Pepe que teníamos que bajar ya, que Lisa y Rafa nos necesitaban. Entonces Pepe sacó un plástico enorme y dijo:
-Con esto vamos a acortar camino.
Nos acercamos a una ladera, extendió el plástico, nos sentamos sobre el mismo y nos lanzamos cuesta abajo. Dos, tres y cuatro veces lo hicimos. Qué experiencia tan magnífica. Lo malo es que a la quinta vez pillamos una roca que sobresalía de la nieve y Pelo de Fuego también se partió el brazo derecho. Pepe la cogió en brazos y salió corriendo por la carretera. Se fueron sin decirme a donde iban, me dejaron allí solo con el plástico, sin cigarros. Los seguí, pero andando. Vi que pararon un coche y se fueron en él. Esto ocurrió sobre las dos y media de la tarde. Pues hasta las siete no llegué a la autocaravana. Eso no se lo perdono yo. Cuando llego me encuentro a Rafa y Pelo de Fuego con los mismos brazos escayolados. Ella llorando y él cagándose en los muertos de alguien que se le cruzó.
Había que volver a Sevilla, ya no tenía sentido estar allí. Pepe condujo su furgoneta sin problemas, pero ¿quien conduce la autocaravana de Rafa?
-Tio, tú mete las marchas que yo muevo el volante y pedales.
-Rafa que no sé conducir.
-Es muy fácil.
-Es muy peligroso, Rafa.
-Yo conduzco -dijo Lisa.
-Pero si tú no conduces desde que te sacaste el carné.
-Bueno y qué, hace un año que lo tengo y eso no se olvida, es como ir en bici.
-Vale, vale, si no os importa me gustaría ir con Pepe porque Pelo de Fuego no para de llorar, así voy yo y les doy palique ¿os importa?
-Sí, ve tú con ellos que a mi me gustaría hablar con Rafa en privado.
A Sevilla llegamos en dos horas. Rafa y Lisa tardaron cerca de seis horas. Por lo visto paraban en casi todas las estaciones de servicio porque Lisa se ponía tan nerviosa que se tenía que tomar un café, a parte de que no pisaba el acelerador a más de 100 Km/h.
Yo tengo claro que si vuelvo a Sierra Nevada me llevo una saca de bocadillos. Pasé más hambre que casi me como el jersey de lana que llevaba.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Nieves I
Estamos perdidos. Totalmente. Esto de casa nueva; vida nueva; vecinos nuevos; visitas a nuestros padres los fines de semana; amigos que vienen casi todos los días y el trabajo ha hecho que no tengamos tiempo para nosotros mismos. Y tengo tantas cosas que contaros... Pero lo mejor lo último que nos pasó este finde en Sierra Nevada. En verdad fui sin mi novia, tenía curro la pobre.
Rafa, su nueva pareja, Lisa, y yo agarramos la autocaravana y nos dirigimos a Sierra Nevada, al día siguiente se apuntaron Pelo de Fuego y Pepe con su furgo nueva. El camino de ida fue muy bien, con muchas ganas de poner las cadenas a las ruedas, pero al final no las sacamos de la caja. Llegamos al parking-semicamping sobre las nueve de la noche, estaba todo oscurísimo, lluviznando y todo nevado. Buscando sitio para aparcar vimos un sitio libre. Libre de coche pero llenito de nieve.
-Aquí va a ser, tio.
-Rafa, que necesitamos un quitanieves y una cuadrilla de tios con palas.
-¿Pala? Anda, baja.
Lisa se llevó todo el camino haciendo sudokus, sin hablarnos, cosa que no me importó.
-Abrigaos que llueve y hace frío -fueron sus primeras palabras desde que salimos de Sevilla.
-Toma -me da una pala de esa que usan los albañiles.
-Ostias, ¿que cave?
-Sí
Allí estaba yo dándole a la pala, quitando nueve como un poseso; sin guantes; con los pantalones vaqueros que empezaron a empaparse con la lluvia y con el contacto con la nieve, con el chaquetón abierto porque estaba sudando y Lisa metiendo prisa porque quería poner los sandwichs y acostarse pronto. Rafa sacó dos litros, las metió en la nieve y tomó el relevo de la excavación. Así estuvimos un buen rato. Aquello parecía no tener fin.
Al final conseguimos hacernos un sitio para la autocaravana. Nos bebimos las frías birras, nos comimos los sandwichs, nos fumamos unos porros y caímos rendidos en nuestras respectivas camas.
Al día siguiente pusimos otras litros en la nieve

Rafa cogió sus eskis y se largó a dar bajadas por las pistas. Yo me quedé con Lisa, pero al ver que Lisa seguía con sus sudokus opté por dar una vuelta.
Entre tanta caravana había una que tenía letreros en alemán o polaco, intenté leerlos y averiguar de donde eran, pero la vista se me fue dentro de la caravana. En su interior había tres tios sentados con las cabezas pegadas a una mesa. Me acerqué un poco más para que no me molestara el reflejo de la nieve sobre el cristal y... nunca había visto tanta nieve junta. Uno de ellos se dio cuenta de mi vouyerismo y se quedó mirándome fijamente, yo me toqué la nariz y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Al final no me enteré de dónde eran, pero la nieve estaba perfecta. Estuve con ellos toda la mañana, al mediodía se marcharon de allí. Buena gente esos guiris.
Volví a mi "casita", Lisa había hecho la comida y Rafa estaba duchándose. Comimos, echaron una siesta y yo volví a dar otra vuelta. Creo que me quedé casi toda la tarde mirando las nubes, debajo nuestra, que tapaban toda Granada. Al anochecer volví porque empezaba a tener frío, pues sólo llevaba un jersey.
-Illo, han llamado Pelo de Fuego y Pepe, están llegando.
-Vale. Lisa hazte un porro que tengo frío.

Como podréis observar eso blanco del fondo son nubes. Una pasada.
Rafa, su nueva pareja, Lisa, y yo agarramos la autocaravana y nos dirigimos a Sierra Nevada, al día siguiente se apuntaron Pelo de Fuego y Pepe con su furgo nueva. El camino de ida fue muy bien, con muchas ganas de poner las cadenas a las ruedas, pero al final no las sacamos de la caja. Llegamos al parking-semicamping sobre las nueve de la noche, estaba todo oscurísimo, lluviznando y todo nevado. Buscando sitio para aparcar vimos un sitio libre. Libre de coche pero llenito de nieve.
-Aquí va a ser, tio.
-Rafa, que necesitamos un quitanieves y una cuadrilla de tios con palas.
-¿Pala? Anda, baja.
Lisa se llevó todo el camino haciendo sudokus, sin hablarnos, cosa que no me importó.
-Abrigaos que llueve y hace frío -fueron sus primeras palabras desde que salimos de Sevilla.
-Toma -me da una pala de esa que usan los albañiles.
-Ostias, ¿que cave?
-Sí
Allí estaba yo dándole a la pala, quitando nueve como un poseso; sin guantes; con los pantalones vaqueros que empezaron a empaparse con la lluvia y con el contacto con la nieve, con el chaquetón abierto porque estaba sudando y Lisa metiendo prisa porque quería poner los sandwichs y acostarse pronto. Rafa sacó dos litros, las metió en la nieve y tomó el relevo de la excavación. Así estuvimos un buen rato. Aquello parecía no tener fin.
Al final conseguimos hacernos un sitio para la autocaravana. Nos bebimos las frías birras, nos comimos los sandwichs, nos fumamos unos porros y caímos rendidos en nuestras respectivas camas.
Al día siguiente pusimos otras litros en la nieve

Rafa cogió sus eskis y se largó a dar bajadas por las pistas. Yo me quedé con Lisa, pero al ver que Lisa seguía con sus sudokus opté por dar una vuelta.
Entre tanta caravana había una que tenía letreros en alemán o polaco, intenté leerlos y averiguar de donde eran, pero la vista se me fue dentro de la caravana. En su interior había tres tios sentados con las cabezas pegadas a una mesa. Me acerqué un poco más para que no me molestara el reflejo de la nieve sobre el cristal y... nunca había visto tanta nieve junta. Uno de ellos se dio cuenta de mi vouyerismo y se quedó mirándome fijamente, yo me toqué la nariz y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Al final no me enteré de dónde eran, pero la nieve estaba perfecta. Estuve con ellos toda la mañana, al mediodía se marcharon de allí. Buena gente esos guiris.
Volví a mi "casita", Lisa había hecho la comida y Rafa estaba duchándose. Comimos, echaron una siesta y yo volví a dar otra vuelta. Creo que me quedé casi toda la tarde mirando las nubes, debajo nuestra, que tapaban toda Granada. Al anochecer volví porque empezaba a tener frío, pues sólo llevaba un jersey.
-Illo, han llamado Pelo de Fuego y Pepe, están llegando.
-Vale. Lisa hazte un porro que tengo frío.

Como podréis observar eso blanco del fondo son nubes. Una pasada.
viernes, 15 de agosto de 2008
Pintando
Acabo de darme cuenta que el techo no lo hemos terminado de pintar. Desde que Pepe, el pelirrojo, nos dijo que se ofrecía voluntario para pintar la casa, nos estuvo llamando todos los días. Más que un voluntario parecía que se tenía que redimir de algo, porque no paró de llamar ni un día. "Quillo que cuando voy", "he visto que la pintura cual es mejor que la tal", "a ver si quedamos para ver qué colores", "tengo esto, y tengo aquello", "me he comprado unos rodillos que anuncian en la tele", y nosotros respondiendo: Pepe, espera que nos encuentren los enchufes. "Illo, da igual, se pinta dos veces, mejor para la pared". Hasta que nos encontraron los enchufes no paró de llamar.
Se vino un sábado y acabamos de pintar el sábado siguiente. No más de 70m2. Y encima nos falta el techo. Le dijimos que queríamos las paredes blancas, pero que en nuestra habitación podría poner el color que quisiera. Trajo unas ocho latas de 5 kilos, de las cuales cuatro eran de rojo, celeste, verde y naranja; el resto no era pintura blanca, era crema. "Illo, que es mejor; que no se ensucia tanto; que el blanco no se lleva...", pues nada, de crema las paredes, además ya había comprado por su cuenta las latas.
"Mira esto. Lo he comprado por la tele", un kit completo de pintar, ese que le echas la pintura al rodillo y luego se expande por la pared sin tener que mojar el rodillo en la lata, un mango extensible y luego unas especies de cuñitas para las esquinas y no sé que más.
Empezamos pintando el suelo. Es decir colocamos periódicos, plásticos y demás cosas, pero intentado rellenar el supermegarodillo, desde la lata de 5 kilos, no atinamos a verterlo dentro y lo esparcimos por el suelo. "Un embudo, hace falta un embudo", decía mi novia. Embudo en mano rellenamos el artefacto y a pintar. "Esto no pinta", "no sale nada", "ahora, ahora, ahora", "coño, qué mal pinta ¿no?", "esto pesa un huevo", "joer sí que pesa", "a rellenar", era el monólogo de Pepe. Mi novia y yo estábamos mientras tanto con los rodillos de toda la vida dándole a otra pared cuando Pepe, a los diez minutos de empezar, hizo un alto en el camino para hacerse un porrito. Mi novia cogió el supermega rodillo y le puso el mango. Yo y Pepe desde el suelo, y fumando, la ibamos dirigiendo: "pinta ese hueco"; "¿llegas allí? Pues dale"; "más brío", etc. Cuando de buenas se gira mi novia para abroncarnos y se le cae toda la pintura del rodillo en la cabeza. El tapón de rosca se desenroscó. Toda una crema estaba hecha mi novia. Gritando se metió en el cuarto de baño y nosotros revolcándonos por el suelo de la risa. Al final acabamos nosotros también en la ducha, pues el suelo también estaba "cremoso". Lo dejamos para el día siguiente.
El segundo día fue algo parecido. Pepe trajo cerveza que, más a la que ya teníamos, hicimos tal acopio que nos las tuvimos que beber para hacer espacio en el piso. Borrachera al canto. Lo dejamos para el día siguiente.
El tercer día empezamos muy contentos y muy animados. Pepe se estaba peleando con el supermega rodillo, mi novia empezaba a usar las cuñitas-rodillos, pero por lo visto no se impregnaban de cola ni a la de tres; en uno de los brochazos Pepe dobló el mango y volvió a salirse toda la pintura del rodillo. Yo fui a por la fregona y me resbalé cayendo sobre dos latas que habíamos abierto. Aquello era un mar de crema con mezcla celeste. Me hice daño en el costado y lo dejamos para el día siguiente.
El cuarto día aún dolorido y con unos moratones tremendos me senté tranquilo viendo como Pepe y mi novia seguían pintando. Cervecita y porrito, porrito y tinto de verano... estos dos se picaron y acabamos sentados en la cama discutiendo sobre los anuncios de la Tienda en Casa. Lo dejamos para el día siguiente.
El quinto día terminamos las cuatro paredes del salón. Aunque alguien dejó unos churretones que tuvimos que rectificar. Mientras rectificaba mi novia me di cuenta que los enchufes habían vuelto a desaparecer. Con la conversación, con el ir y venir, con las risas, y con lo de siempre, acabamos pintando las entradas del mismo color, llenando el interior con pintura. Destornillador a destornillar y a limpiarlos de pintura. Mientras yo hacía la limpieza de los enchufes los otros dos se pusieron a ver la tele con una cervecita y al final acabamos viendo CSI Navy y J.A.G. Lo dejamos para el día siguiente.
El sexto día continuamos pintando nuestra habitación. Ya antes le dimos unas manchas celestes a una pared. No pasó nada raro ésta vez. De hecho pintamos una de celeste y la otra de verde. Pepe se fue temprano y aprovechamos mi novia y yo nuestros momentos íntimos, por lo que el pintar lo dejamos para el día siguiente.
El séptimo día empezamos a pintar las otras dos paredes de rojo y naranja. A Pepe ya dejó de funcionarle el supermega rodillo. No salía pintura, ni se podía abrir. Lo cojo y se rompe; me quedo con el mango mientras el rodillo va rodando por el suelo hasta llegar al salón. Siete días ha durado el supermega rodillo. Pepe se cabreó y se metió en el servicio. Mi novia aprovecha el momento y me dice: "¿has mirado bien cómo queda nuestra habitación?". Levanto la mirada y veo una pared roja, a su lado una naranja; la siguiente es celeste y luego verde. Un poco chocante. Un poco raro. No sé. Los ojos me dolían, pero no sabía si era por la emanaciones de la pintura, el tabaco, por la suciedad... "Puf, anda que no nos va a costar nada conciliar el sueño", dice mi novia. Ah, claro, los colores, ya decía yo. "No pasa nada, chochito, nos vamos a Ikea y compramos una estantería grande, o un armario y tapamos la roja", "o la celeste, o la naranja, la verde no me incomoda tanto". Pepe sale del baño y nos tomamos el último descanso. Lo dejamos para el día siguiente.
El octavo día fue para hacer repasos, limpieza y de paso discutir, con la Ikea-Biblia por delante, qué poner y en qué pared. Ya sólo nos falta pintar los techos, pero me parece a mí que se van a quedar blancos y al carajo.
Se vino un sábado y acabamos de pintar el sábado siguiente. No más de 70m2. Y encima nos falta el techo. Le dijimos que queríamos las paredes blancas, pero que en nuestra habitación podría poner el color que quisiera. Trajo unas ocho latas de 5 kilos, de las cuales cuatro eran de rojo, celeste, verde y naranja; el resto no era pintura blanca, era crema. "Illo, que es mejor; que no se ensucia tanto; que el blanco no se lleva...", pues nada, de crema las paredes, además ya había comprado por su cuenta las latas.
"Mira esto. Lo he comprado por la tele", un kit completo de pintar, ese que le echas la pintura al rodillo y luego se expande por la pared sin tener que mojar el rodillo en la lata, un mango extensible y luego unas especies de cuñitas para las esquinas y no sé que más.
Empezamos pintando el suelo. Es decir colocamos periódicos, plásticos y demás cosas, pero intentado rellenar el supermegarodillo, desde la lata de 5 kilos, no atinamos a verterlo dentro y lo esparcimos por el suelo. "Un embudo, hace falta un embudo", decía mi novia. Embudo en mano rellenamos el artefacto y a pintar. "Esto no pinta", "no sale nada", "ahora, ahora, ahora", "coño, qué mal pinta ¿no?", "esto pesa un huevo", "joer sí que pesa", "a rellenar", era el monólogo de Pepe. Mi novia y yo estábamos mientras tanto con los rodillos de toda la vida dándole a otra pared cuando Pepe, a los diez minutos de empezar, hizo un alto en el camino para hacerse un porrito. Mi novia cogió el supermega rodillo y le puso el mango. Yo y Pepe desde el suelo, y fumando, la ibamos dirigiendo: "pinta ese hueco"; "¿llegas allí? Pues dale"; "más brío", etc. Cuando de buenas se gira mi novia para abroncarnos y se le cae toda la pintura del rodillo en la cabeza. El tapón de rosca se desenroscó. Toda una crema estaba hecha mi novia. Gritando se metió en el cuarto de baño y nosotros revolcándonos por el suelo de la risa. Al final acabamos nosotros también en la ducha, pues el suelo también estaba "cremoso". Lo dejamos para el día siguiente.
El segundo día fue algo parecido. Pepe trajo cerveza que, más a la que ya teníamos, hicimos tal acopio que nos las tuvimos que beber para hacer espacio en el piso. Borrachera al canto. Lo dejamos para el día siguiente.
El tercer día empezamos muy contentos y muy animados. Pepe se estaba peleando con el supermega rodillo, mi novia empezaba a usar las cuñitas-rodillos, pero por lo visto no se impregnaban de cola ni a la de tres; en uno de los brochazos Pepe dobló el mango y volvió a salirse toda la pintura del rodillo. Yo fui a por la fregona y me resbalé cayendo sobre dos latas que habíamos abierto. Aquello era un mar de crema con mezcla celeste. Me hice daño en el costado y lo dejamos para el día siguiente.
El cuarto día aún dolorido y con unos moratones tremendos me senté tranquilo viendo como Pepe y mi novia seguían pintando. Cervecita y porrito, porrito y tinto de verano... estos dos se picaron y acabamos sentados en la cama discutiendo sobre los anuncios de la Tienda en Casa. Lo dejamos para el día siguiente.
El quinto día terminamos las cuatro paredes del salón. Aunque alguien dejó unos churretones que tuvimos que rectificar. Mientras rectificaba mi novia me di cuenta que los enchufes habían vuelto a desaparecer. Con la conversación, con el ir y venir, con las risas, y con lo de siempre, acabamos pintando las entradas del mismo color, llenando el interior con pintura. Destornillador a destornillar y a limpiarlos de pintura. Mientras yo hacía la limpieza de los enchufes los otros dos se pusieron a ver la tele con una cervecita y al final acabamos viendo CSI Navy y J.A.G. Lo dejamos para el día siguiente.
El sexto día continuamos pintando nuestra habitación. Ya antes le dimos unas manchas celestes a una pared. No pasó nada raro ésta vez. De hecho pintamos una de celeste y la otra de verde. Pepe se fue temprano y aprovechamos mi novia y yo nuestros momentos íntimos, por lo que el pintar lo dejamos para el día siguiente.
El séptimo día empezamos a pintar las otras dos paredes de rojo y naranja. A Pepe ya dejó de funcionarle el supermega rodillo. No salía pintura, ni se podía abrir. Lo cojo y se rompe; me quedo con el mango mientras el rodillo va rodando por el suelo hasta llegar al salón. Siete días ha durado el supermega rodillo. Pepe se cabreó y se metió en el servicio. Mi novia aprovecha el momento y me dice: "¿has mirado bien cómo queda nuestra habitación?". Levanto la mirada y veo una pared roja, a su lado una naranja; la siguiente es celeste y luego verde. Un poco chocante. Un poco raro. No sé. Los ojos me dolían, pero no sabía si era por la emanaciones de la pintura, el tabaco, por la suciedad... "Puf, anda que no nos va a costar nada conciliar el sueño", dice mi novia. Ah, claro, los colores, ya decía yo. "No pasa nada, chochito, nos vamos a Ikea y compramos una estantería grande, o un armario y tapamos la roja", "o la celeste, o la naranja, la verde no me incomoda tanto". Pepe sale del baño y nos tomamos el último descanso. Lo dejamos para el día siguiente.
El octavo día fue para hacer repasos, limpieza y de paso discutir, con la Ikea-Biblia por delante, qué poner y en qué pared. Ya sólo nos falta pintar los techos, pero me parece a mí que se van a quedar blancos y al carajo.
jueves, 14 de agosto de 2008
Facilidades
Increíble lo de éste arquitecto que pensó "decorar" los ventanales de una oficina del ayuntamiento con estas rejillas.

Hasta que llegó uno que pensó que estas rejillas son en verdad una perfecta escalera para robar.

Y subió y robó. Gracias al arquitecto y a quien le dio el visto bueno a esa perfecta escala.


Un ordenador y varias cosas se llevaron.

Hasta que llegó uno que pensó que estas rejillas son en verdad una perfecta escalera para robar.

Y subió y robó. Gracias al arquitecto y a quien le dio el visto bueno a esa perfecta escala.


Un ordenador y varias cosas se llevaron.
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miércoles, 13 de agosto de 2008
Ya estamos en nuestro pisito
¡Ya estamos en casa! Y no en la de nuestros respectivos padres ¡no! En nuestro propio piso. Han adelantado la fecha de entrega de los pisos de VPO y sin pensarlo dos veces nos vinimos para aquí. Ha sido todo un poco odisea; el padre de mi novia nos ha ayudado con la mudanza, así que un ¡GRACIAS! a él por portase bien conmigo y no insultarme cada vez que mi novia no nos veía. Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí: he vuelto a ver a Darío, nos hemos quedado encerrados en el ascensor, he partido el quad... Pero vamos a empezar por la mudanza.
Nada más informarnos que podíamos habitar el piso me di de baja de internet en casa mis padres, mi novia hizo lo mismo; pero antes hicimos las gestiones para dar de alta la línea en el nuestro pisito; preparamos nuestros petates; mi madre insistió en comprarnos una cama, una mesa y cuatro sillas; Pepe, el pelirrojo, dijo que si había que pintar las paredes él se ofrecía voluntario, Lupe que pondría las cortinas y así un montón de amigos que han colaborado con nuestra/vuestro piso. Pero no todo fue tan bien como pensábamos.
Mi novia y yo estábamos muy nerviosos con la idea de ir a habitar nuestra morada, así que el mismo día que recogimos las llaves, compramos productos de limpieza y nos acercamos a casa de los padres de ella para coger los sacos de dormir y echar nuestro primer polvo allí. Cuando llegamos al piso nuevo nos pusimos las pilas y empezamos a limpiar como unos locos. En todas la habitaciones había una bombilla que colgaba de un cable que salía del techo, teníamos luz. Friega tú aquí; yo limpio allí; barre esto; tira la bolsa; aquí pondremos esto; allí aquello; las paredes de tal color; deja la fregona que vas a coger otra cosa más dura y tú límpiame entera... No importaba la dureza del suelo, ni el calor, ni lo vacío que estaba aquello, ni el eco de nuestros gozos chocando por las vacías paredes, ni si teníamos las ventanas abiertas, no importaba nada. Era nuestro primer polvo en nuestra nueva casa. A la mañana siguiente empezamos a empaquetar las cosas que nos íbamos a llevar. El padre de mi novia nos regaló un tele pequeño de tubo y un aparato para ver el TDT. Hicimos las respectivas cargas y descargas de la furgoneta, y cuando llega la noche, cansados de tanto trajín, extendemos nuestros sacos de dormir en nuestro cuarto, pongo la tele delante y cuando la voy a enchufar no hay enchufe en la habitación. ¡Ostias, qué raro! Voy a la de al lado y lo mismo, al cuarto de baño y no hay, y en la cocina menos. ¿Donde están los enchufes? Pero si tenemos luz debe haber enchufes, si no ¿con qué electricidad han estado trabajando los albañiles? Ostias, que no. Que por más que buscamos no hay enchufes. Extrañados llamamos a nuestros padres y le contamos lo que pasaba, nos tranquilizaron para ver el problema al día siguiente y nosotros nos dormimos preguntándonos ¿donde estarían escondidos los enchufes?
Al día siguiente llamamos a la constructora y nos dicen que no puede ser, que irá un técnico a verlo, que nos llamarían pronto. Ese mismo día nos llaman de Telefónica para poner la línea, le digo que no vengan porque no tenemos ni la roseta del teléfono, que les avisaría cuando se descubriera dónde estaba, a su vez nos llaman de la casa de muebles: nos llevan la cama, la mesa y las sillas ya vendrán más adelante. Mi novia se quedó esperando a la cama, se encontró con nuevos vecinos de nuestra planta y les ocurría lo mismo: no tenían enchufes. Pero en cambio los de las tres plantas anteriores sí tenían entradas. Es decir de seis plantas, tres no teníamos enchufes. Tres plantas a cuatro pisos en cada una sin enchufes, sin roseta de teléfono... No me extraña que adelantaran ¡y tanto! la entrega de los pisos. Ya empezamos a mirar con más detenimiento, y más meticulosamente, cada rincón de nuestro pisito.
Dos semanas y pico tardó el técnico en venir, y cuatro semanas la mesa y las sillas. Cuatro semanas usando la cama para dormir, como mesa para comer, como mesa de taller, como mesa de estudio... Colchón puesto, colchón quitado, los sacos de dormir hacían de pufs... vamos un show. Ah, los enchufes vinieron casi a mediados de julio, anda que no les costó ná encontrar los enchufes. Sigo sin entender cómo cohones les dió por tapar las cajas de tomas de la electricidad ¡a tres plantas! Y otra vez a limpiar el piso. Los albañiles y los electricistas dejaron más escombros que las torres gemelas, qué bestias. Ya pude llamar a los de Telefónica y me dijeron que en breve vendrían a poner la línea y el adsl. En breve. Como los enchufes. Bueno ya tengo la línea, el adsl, ¡enchufes!...
Ya seguiré contando cosas de la casa. Nos hemos quedado sin luz dos veces, el ascensor se quedó parado un día conmigo dentro, los muebles de la cocina que se deshacen, la nevera no cabe junto con el lavavajillas y la lavadora... Pero estamos disfrutando de nuestro piso nuevo. Eso no nos lo quita nadie.
¡YA OS CUENTO!
Nada más informarnos que podíamos habitar el piso me di de baja de internet en casa mis padres, mi novia hizo lo mismo; pero antes hicimos las gestiones para dar de alta la línea en el nuestro pisito; preparamos nuestros petates; mi madre insistió en comprarnos una cama, una mesa y cuatro sillas; Pepe, el pelirrojo, dijo que si había que pintar las paredes él se ofrecía voluntario, Lupe que pondría las cortinas y así un montón de amigos que han colaborado con nuestra/vuestro piso. Pero no todo fue tan bien como pensábamos.
Mi novia y yo estábamos muy nerviosos con la idea de ir a habitar nuestra morada, así que el mismo día que recogimos las llaves, compramos productos de limpieza y nos acercamos a casa de los padres de ella para coger los sacos de dormir y echar nuestro primer polvo allí. Cuando llegamos al piso nuevo nos pusimos las pilas y empezamos a limpiar como unos locos. En todas la habitaciones había una bombilla que colgaba de un cable que salía del techo, teníamos luz. Friega tú aquí; yo limpio allí; barre esto; tira la bolsa; aquí pondremos esto; allí aquello; las paredes de tal color; deja la fregona que vas a coger otra cosa más dura y tú límpiame entera... No importaba la dureza del suelo, ni el calor, ni lo vacío que estaba aquello, ni el eco de nuestros gozos chocando por las vacías paredes, ni si teníamos las ventanas abiertas, no importaba nada. Era nuestro primer polvo en nuestra nueva casa. A la mañana siguiente empezamos a empaquetar las cosas que nos íbamos a llevar. El padre de mi novia nos regaló un tele pequeño de tubo y un aparato para ver el TDT. Hicimos las respectivas cargas y descargas de la furgoneta, y cuando llega la noche, cansados de tanto trajín, extendemos nuestros sacos de dormir en nuestro cuarto, pongo la tele delante y cuando la voy a enchufar no hay enchufe en la habitación. ¡Ostias, qué raro! Voy a la de al lado y lo mismo, al cuarto de baño y no hay, y en la cocina menos. ¿Donde están los enchufes? Pero si tenemos luz debe haber enchufes, si no ¿con qué electricidad han estado trabajando los albañiles? Ostias, que no. Que por más que buscamos no hay enchufes. Extrañados llamamos a nuestros padres y le contamos lo que pasaba, nos tranquilizaron para ver el problema al día siguiente y nosotros nos dormimos preguntándonos ¿donde estarían escondidos los enchufes?
Al día siguiente llamamos a la constructora y nos dicen que no puede ser, que irá un técnico a verlo, que nos llamarían pronto. Ese mismo día nos llaman de Telefónica para poner la línea, le digo que no vengan porque no tenemos ni la roseta del teléfono, que les avisaría cuando se descubriera dónde estaba, a su vez nos llaman de la casa de muebles: nos llevan la cama, la mesa y las sillas ya vendrán más adelante. Mi novia se quedó esperando a la cama, se encontró con nuevos vecinos de nuestra planta y les ocurría lo mismo: no tenían enchufes. Pero en cambio los de las tres plantas anteriores sí tenían entradas. Es decir de seis plantas, tres no teníamos enchufes. Tres plantas a cuatro pisos en cada una sin enchufes, sin roseta de teléfono... No me extraña que adelantaran ¡y tanto! la entrega de los pisos. Ya empezamos a mirar con más detenimiento, y más meticulosamente, cada rincón de nuestro pisito.
Dos semanas y pico tardó el técnico en venir, y cuatro semanas la mesa y las sillas. Cuatro semanas usando la cama para dormir, como mesa para comer, como mesa de taller, como mesa de estudio... Colchón puesto, colchón quitado, los sacos de dormir hacían de pufs... vamos un show. Ah, los enchufes vinieron casi a mediados de julio, anda que no les costó ná encontrar los enchufes. Sigo sin entender cómo cohones les dió por tapar las cajas de tomas de la electricidad ¡a tres plantas! Y otra vez a limpiar el piso. Los albañiles y los electricistas dejaron más escombros que las torres gemelas, qué bestias. Ya pude llamar a los de Telefónica y me dijeron que en breve vendrían a poner la línea y el adsl. En breve. Como los enchufes. Bueno ya tengo la línea, el adsl, ¡enchufes!...
Ya seguiré contando cosas de la casa. Nos hemos quedado sin luz dos veces, el ascensor se quedó parado un día conmigo dentro, los muebles de la cocina que se deshacen, la nevera no cabe junto con el lavavajillas y la lavadora... Pero estamos disfrutando de nuestro piso nuevo. Eso no nos lo quita nadie.
¡YA OS CUENTO!
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