¡Ya estamos en casa! Y no en la de nuestros respectivos padres ¡no! En nuestro propio piso. Han adelantado la fecha de entrega de los pisos de VPO y sin pensarlo dos veces nos vinimos para aquí. Ha sido todo un poco odisea; el padre de mi novia nos ha ayudado con la mudanza, así que un ¡GRACIAS! a él por portase bien conmigo y no insultarme cada vez que mi novia no nos veía. Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí: he vuelto a ver a Darío, nos hemos quedado encerrados en el ascensor, he partido el quad... Pero vamos a empezar por la mudanza.
Nada más informarnos que podíamos habitar el piso me di de baja de internet en casa mis padres, mi novia hizo lo mismo; pero antes hicimos las gestiones para dar de alta la línea en el nuestro pisito; preparamos nuestros petates; mi madre insistió en comprarnos una cama, una mesa y cuatro sillas; Pepe, el pelirrojo, dijo que si había que pintar las paredes él se ofrecía voluntario, Lupe que pondría las cortinas y así un montón de amigos que han colaborado con nuestra/vuestro piso. Pero no todo fue tan bien como pensábamos.
Mi novia y yo estábamos muy nerviosos con la idea de ir a habitar nuestra morada, así que el mismo día que recogimos las llaves, compramos productos de limpieza y nos acercamos a casa de los padres de ella para coger los sacos de dormir y echar nuestro primer polvo allí. Cuando llegamos al piso nuevo nos pusimos las pilas y empezamos a limpiar como unos locos. En todas la habitaciones había una bombilla que colgaba de un cable que salía del techo, teníamos luz. Friega tú aquí; yo limpio allí; barre esto; tira la bolsa; aquí pondremos esto; allí aquello; las paredes de tal color; deja la fregona que vas a coger otra cosa más dura y tú límpiame entera... No importaba la dureza del suelo, ni el calor, ni lo vacío que estaba aquello, ni el eco de nuestros gozos chocando por las vacías paredes, ni si teníamos las ventanas abiertas, no importaba nada. Era nuestro primer polvo en nuestra nueva casa. A la mañana siguiente empezamos a empaquetar las cosas que nos íbamos a llevar. El padre de mi novia nos regaló un tele pequeño de tubo y un aparato para ver el TDT. Hicimos las respectivas cargas y descargas de la furgoneta, y cuando llega la noche, cansados de tanto trajín, extendemos nuestros sacos de dormir en nuestro cuarto, pongo la tele delante y cuando la voy a enchufar no hay enchufe en la habitación. ¡Ostias, qué raro! Voy a la de al lado y lo mismo, al cuarto de baño y no hay, y en la cocina menos. ¿Donde están los enchufes? Pero si tenemos luz debe haber enchufes, si no ¿con qué electricidad han estado trabajando los albañiles? Ostias, que no. Que por más que buscamos no hay enchufes. Extrañados llamamos a nuestros padres y le contamos lo que pasaba, nos tranquilizaron para ver el problema al día siguiente y nosotros nos dormimos preguntándonos ¿donde estarían escondidos los enchufes?
Al día siguiente llamamos a la constructora y nos dicen que no puede ser, que irá un técnico a verlo, que nos llamarían pronto. Ese mismo día nos llaman de Telefónica para poner la línea, le digo que no vengan porque no tenemos ni la roseta del teléfono, que les avisaría cuando se descubriera dónde estaba, a su vez nos llaman de la casa de muebles: nos llevan la cama, la mesa y las sillas ya vendrán más adelante. Mi novia se quedó esperando a la cama, se encontró con nuevos vecinos de nuestra planta y les ocurría lo mismo: no tenían enchufes. Pero en cambio los de las tres plantas anteriores sí tenían entradas. Es decir de seis plantas, tres no teníamos enchufes. Tres plantas a cuatro pisos en cada una sin enchufes, sin roseta de teléfono... No me extraña que adelantaran ¡y tanto! la entrega de los pisos. Ya empezamos a mirar con más detenimiento, y más meticulosamente, cada rincón de nuestro pisito.
Dos semanas y pico tardó el técnico en venir, y cuatro semanas la mesa y las sillas. Cuatro semanas usando la cama para dormir, como mesa para comer, como mesa de taller, como mesa de estudio... Colchón puesto, colchón quitado, los sacos de dormir hacían de pufs... vamos un show. Ah, los enchufes vinieron casi a mediados de julio, anda que no les costó ná encontrar los enchufes. Sigo sin entender cómo cohones les dió por tapar las cajas de tomas de la electricidad ¡a tres plantas! Y otra vez a limpiar el piso. Los albañiles y los electricistas dejaron más escombros que las torres gemelas, qué bestias. Ya pude llamar a los de Telefónica y me dijeron que en breve vendrían a poner la línea y el adsl. En breve. Como los enchufes. Bueno ya tengo la línea, el adsl, ¡enchufes!...
Ya seguiré contando cosas de la casa. Nos hemos quedado sin luz dos veces, el ascensor se quedó parado un día conmigo dentro, los muebles de la cocina que se deshacen, la nevera no cabe junto con el lavavajillas y la lavadora... Pero estamos disfrutando de nuestro piso nuevo. Eso no nos lo quita nadie.
¡YA OS CUENTO!
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