El otro día estuvimos en la inauguración de una exposición de pintura.
Bass (José Alberto) nos citó en una galería nueva que han abierto, exponían unos cuadros muy raros. Eran grandes, con manchurrones que goteaban y de colores oscuros. Parecían cagarrutas de pájaros pero sobredimensionadas. Al menos esa era mi percepción. Hubo mucha gente y muy arreglada.
Mi novia y yo íbamos informales pero serios, Bass iba con una chaqueta de rojo chillón y unas gafas de pasta blancas. Para mi gusto iba muy llamativo, para mi novia iba a tono con los demás "artistas". Y eso que José Alberto monta los cuadros eléctricos en los Aerobus.
Dimos una vuelta a la exposición, vimos los cuadros y, sobre todo, oímos a la gente lo que decía de la pintura. Qué maravilla, qué fuerza, bien conseguido, impactante... Esas y otras frases más rimbombantes llenaban la sala. Yo por más que miraba aquello no encontraba sentido. Como ya dije: cagarrutas de pájaros a lo bestia sobre cuadros.
Sin previo aviso aparecen unos camareros con copas de cerveza, vino y refrescos.
-¿Gratis? -le pregunto al camarero.
-Sí, por supuesto -me responde con sonrisa cómplice, como si yo supiera que de verdad era gratis.
Tomo una copa de vino y un refresco de limón para mi novia. Bass eligió la cerveza. El vino era peleón, el refresco y la cerveza estaban sin gas y apenas fríos. Volvío a pasar el mismo camarero, dejé las copas vacías y cogí una de cerveza y otra de cocacola para mi novia. Bass eligió la cerveza. Seguían estando igual que las anteriores.
-Eh, mira a esa -me dijo mi novia.
Una camarera llevaba una bandeja sin vasos, pero llena de unas cosas pequeñas. Intenté ver bien qué había en la bandeja pero una lluvia de manos hizo desaparecer todo lo que había.
-¿Comida? -dijo mi novia extrañada.
-Yo tengo un poco de hambre -dijo Bass.
-Yo comeré, por gula nada más, si es gratis... -dije excéptico.
El camarero que nos sirvió las bebidas llevaba ahora caña de lomo, la misma que la de su compañera. Al menos eso nos dijo. Cogimos unas cuantas cada uno, porque estaban cortadas muy finas, casi como papeles de fumar. Estaban un poco duras y sin sabor.
Otro camarero traía ahora unos canapés de paté. Sabían mejor. Una camarera trajo otra bandeja de bebidas. Cerveza. Los tres. Otra bandeja de empanada. Otra de queso. Otra de cerveza. Otra de jamón. Otra de caña de lomo. Otra de cerveza. Otra de canapés. Otra de empanada.
-Sabe rara esta empanada -dijo Bass.
-Eso es el canapé, que el paté es muy fuerte y le quita el sabor -dije yo en plan Arguiñano y con síntomas de empuntado.
Bass empezó a eruptar.
-Toma otra cerveza y dale siete buches seguidos -dijo mi novia a carcajadas con un punto más grande que el mío.
Más cerveza, más empanadilla que era lo que más había y más cerveza.
-Illo, que mal me encuentro -dijo Bass.
-Pues venga, vámonos que aquí no hay nada más que hacer y encima toy borracho -dije.
-Yo toy borracha, mi gordi -dijo mi novia.
Al dejar la sala atrás y al doblar la esquina Bass vomitó.
-La empanada, tio, la empanada -dijo Bass mientras mi novia empezaba a dar arcadas.
-Pues... ¿Quieres más empanada, Bass?
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -dije riéndome.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -me empezaba a doler la barriga de reírme.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-Escucha que aún tengo empanada pa vosotros.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
Así se llevaron un ratito mientras yo no paraba de reír. Al final trajimos a Bass a casa para que durmiera la mona. Yo no dejaba de darle vueltas a la cabeza: ¿habrá vomitado mi novia por que está embarazada? Estoy preocupado. En estos días cuando mejore le preguntaré y compraré un predictor, por si las moscas.
lunes, 22 de diciembre de 2008
viernes, 12 de diciembre de 2008
Nieves II
La llegada de Pepe y Pelo de Fuego fue de lo más aburrido. Tal y como entraron aparcaron donde estuvieron antes los simpáticos guiris. Nos saludaron y se volvieron a meter dentro de su furgo para "inagurarla". Manda cohones.
Me acosté aburrido porque Rafa estaba cansado de esquiar y Lisa de hacer sudokus. Me hubiera gustado ir a algún sitio pero estábamos allí arriba y el pueblo más cercano estaba a un buen rato a pie.
A la mañana siguiente acabamos con el pan y las chacinas. No teníamos leche y tampoco agua, así que bebimos gélida cerveza en el desayuno. Pepe y Pelo de Fuego nos acompañaron. Rafa terminó el primero y se fue a hacer snowboard. Lisa se quedó haciendo sudokus y los tres restantes intentamos llegar al Veleta andando.
Caminar por la nieve es más difícil de lo que parece. Los pies se hunden, el caminar se ralentiza, la luz de la nieve te ciega, la ropa te pesa, el sol te abrasa, el frío te congela la cara y manos... ¿Qué hacer ante tanta adversidad? Parar, tomar aire y pedirle a Pepe que se haga un porrito. Subir no subimos mucho, lo suficiente para acabar con medio paquete de cigarrillos condimentados.
He aquí una vista

Seguimos subiendo y subiendo hasta encontrarnos no sé donde. Parecía que íbamos a subir el Everest


Arriba del mundo, sentados sobre unas rocas, recibimos una llamada de Lisa. Rafa se había roto una mano en una bajada. Pelo de Fuego se puso nerviosa y dijo que teníamos que bajar corriendo. Pepe decía que Cruz Roja lo atendería y yo estaba leyendo los mensajes que la gente escribía en las rocas. Pelo de Fuego empezó a gritar a Pepe que teníamos que bajar ya, que Lisa y Rafa nos necesitaban. Entonces Pepe sacó un plástico enorme y dijo:
-Con esto vamos a acortar camino.
Nos acercamos a una ladera, extendió el plástico, nos sentamos sobre el mismo y nos lanzamos cuesta abajo. Dos, tres y cuatro veces lo hicimos. Qué experiencia tan magnífica. Lo malo es que a la quinta vez pillamos una roca que sobresalía de la nieve y Pelo de Fuego también se partió el brazo derecho. Pepe la cogió en brazos y salió corriendo por la carretera. Se fueron sin decirme a donde iban, me dejaron allí solo con el plástico, sin cigarros. Los seguí, pero andando. Vi que pararon un coche y se fueron en él. Esto ocurrió sobre las dos y media de la tarde. Pues hasta las siete no llegué a la autocaravana. Eso no se lo perdono yo. Cuando llego me encuentro a Rafa y Pelo de Fuego con los mismos brazos escayolados. Ella llorando y él cagándose en los muertos de alguien que se le cruzó.
Había que volver a Sevilla, ya no tenía sentido estar allí. Pepe condujo su furgoneta sin problemas, pero ¿quien conduce la autocaravana de Rafa?
-Tio, tú mete las marchas que yo muevo el volante y pedales.
-Rafa que no sé conducir.
-Es muy fácil.
-Es muy peligroso, Rafa.
-Yo conduzco -dijo Lisa.
-Pero si tú no conduces desde que te sacaste el carné.
-Bueno y qué, hace un año que lo tengo y eso no se olvida, es como ir en bici.
-Vale, vale, si no os importa me gustaría ir con Pepe porque Pelo de Fuego no para de llorar, así voy yo y les doy palique ¿os importa?
-Sí, ve tú con ellos que a mi me gustaría hablar con Rafa en privado.
A Sevilla llegamos en dos horas. Rafa y Lisa tardaron cerca de seis horas. Por lo visto paraban en casi todas las estaciones de servicio porque Lisa se ponía tan nerviosa que se tenía que tomar un café, a parte de que no pisaba el acelerador a más de 100 Km/h.
Yo tengo claro que si vuelvo a Sierra Nevada me llevo una saca de bocadillos. Pasé más hambre que casi me como el jersey de lana que llevaba.
Me acosté aburrido porque Rafa estaba cansado de esquiar y Lisa de hacer sudokus. Me hubiera gustado ir a algún sitio pero estábamos allí arriba y el pueblo más cercano estaba a un buen rato a pie.
A la mañana siguiente acabamos con el pan y las chacinas. No teníamos leche y tampoco agua, así que bebimos gélida cerveza en el desayuno. Pepe y Pelo de Fuego nos acompañaron. Rafa terminó el primero y se fue a hacer snowboard. Lisa se quedó haciendo sudokus y los tres restantes intentamos llegar al Veleta andando.
Caminar por la nieve es más difícil de lo que parece. Los pies se hunden, el caminar se ralentiza, la luz de la nieve te ciega, la ropa te pesa, el sol te abrasa, el frío te congela la cara y manos... ¿Qué hacer ante tanta adversidad? Parar, tomar aire y pedirle a Pepe que se haga un porrito. Subir no subimos mucho, lo suficiente para acabar con medio paquete de cigarrillos condimentados.
He aquí una vista

Seguimos subiendo y subiendo hasta encontrarnos no sé donde. Parecía que íbamos a subir el Everest


Arriba del mundo, sentados sobre unas rocas, recibimos una llamada de Lisa. Rafa se había roto una mano en una bajada. Pelo de Fuego se puso nerviosa y dijo que teníamos que bajar corriendo. Pepe decía que Cruz Roja lo atendería y yo estaba leyendo los mensajes que la gente escribía en las rocas. Pelo de Fuego empezó a gritar a Pepe que teníamos que bajar ya, que Lisa y Rafa nos necesitaban. Entonces Pepe sacó un plástico enorme y dijo:
-Con esto vamos a acortar camino.
Nos acercamos a una ladera, extendió el plástico, nos sentamos sobre el mismo y nos lanzamos cuesta abajo. Dos, tres y cuatro veces lo hicimos. Qué experiencia tan magnífica. Lo malo es que a la quinta vez pillamos una roca que sobresalía de la nieve y Pelo de Fuego también se partió el brazo derecho. Pepe la cogió en brazos y salió corriendo por la carretera. Se fueron sin decirme a donde iban, me dejaron allí solo con el plástico, sin cigarros. Los seguí, pero andando. Vi que pararon un coche y se fueron en él. Esto ocurrió sobre las dos y media de la tarde. Pues hasta las siete no llegué a la autocaravana. Eso no se lo perdono yo. Cuando llego me encuentro a Rafa y Pelo de Fuego con los mismos brazos escayolados. Ella llorando y él cagándose en los muertos de alguien que se le cruzó.
Había que volver a Sevilla, ya no tenía sentido estar allí. Pepe condujo su furgoneta sin problemas, pero ¿quien conduce la autocaravana de Rafa?
-Tio, tú mete las marchas que yo muevo el volante y pedales.
-Rafa que no sé conducir.
-Es muy fácil.
-Es muy peligroso, Rafa.
-Yo conduzco -dijo Lisa.
-Pero si tú no conduces desde que te sacaste el carné.
-Bueno y qué, hace un año que lo tengo y eso no se olvida, es como ir en bici.
-Vale, vale, si no os importa me gustaría ir con Pepe porque Pelo de Fuego no para de llorar, así voy yo y les doy palique ¿os importa?
-Sí, ve tú con ellos que a mi me gustaría hablar con Rafa en privado.
A Sevilla llegamos en dos horas. Rafa y Lisa tardaron cerca de seis horas. Por lo visto paraban en casi todas las estaciones de servicio porque Lisa se ponía tan nerviosa que se tenía que tomar un café, a parte de que no pisaba el acelerador a más de 100 Km/h.
Yo tengo claro que si vuelvo a Sierra Nevada me llevo una saca de bocadillos. Pasé más hambre que casi me como el jersey de lana que llevaba.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Nieves I
Estamos perdidos. Totalmente. Esto de casa nueva; vida nueva; vecinos nuevos; visitas a nuestros padres los fines de semana; amigos que vienen casi todos los días y el trabajo ha hecho que no tengamos tiempo para nosotros mismos. Y tengo tantas cosas que contaros... Pero lo mejor lo último que nos pasó este finde en Sierra Nevada. En verdad fui sin mi novia, tenía curro la pobre.
Rafa, su nueva pareja, Lisa, y yo agarramos la autocaravana y nos dirigimos a Sierra Nevada, al día siguiente se apuntaron Pelo de Fuego y Pepe con su furgo nueva. El camino de ida fue muy bien, con muchas ganas de poner las cadenas a las ruedas, pero al final no las sacamos de la caja. Llegamos al parking-semicamping sobre las nueve de la noche, estaba todo oscurísimo, lluviznando y todo nevado. Buscando sitio para aparcar vimos un sitio libre. Libre de coche pero llenito de nieve.
-Aquí va a ser, tio.
-Rafa, que necesitamos un quitanieves y una cuadrilla de tios con palas.
-¿Pala? Anda, baja.
Lisa se llevó todo el camino haciendo sudokus, sin hablarnos, cosa que no me importó.
-Abrigaos que llueve y hace frío -fueron sus primeras palabras desde que salimos de Sevilla.
-Toma -me da una pala de esa que usan los albañiles.
-Ostias, ¿que cave?
-Sí
Allí estaba yo dándole a la pala, quitando nueve como un poseso; sin guantes; con los pantalones vaqueros que empezaron a empaparse con la lluvia y con el contacto con la nieve, con el chaquetón abierto porque estaba sudando y Lisa metiendo prisa porque quería poner los sandwichs y acostarse pronto. Rafa sacó dos litros, las metió en la nieve y tomó el relevo de la excavación. Así estuvimos un buen rato. Aquello parecía no tener fin.
Al final conseguimos hacernos un sitio para la autocaravana. Nos bebimos las frías birras, nos comimos los sandwichs, nos fumamos unos porros y caímos rendidos en nuestras respectivas camas.
Al día siguiente pusimos otras litros en la nieve

Rafa cogió sus eskis y se largó a dar bajadas por las pistas. Yo me quedé con Lisa, pero al ver que Lisa seguía con sus sudokus opté por dar una vuelta.
Entre tanta caravana había una que tenía letreros en alemán o polaco, intenté leerlos y averiguar de donde eran, pero la vista se me fue dentro de la caravana. En su interior había tres tios sentados con las cabezas pegadas a una mesa. Me acerqué un poco más para que no me molestara el reflejo de la nieve sobre el cristal y... nunca había visto tanta nieve junta. Uno de ellos se dio cuenta de mi vouyerismo y se quedó mirándome fijamente, yo me toqué la nariz y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Al final no me enteré de dónde eran, pero la nieve estaba perfecta. Estuve con ellos toda la mañana, al mediodía se marcharon de allí. Buena gente esos guiris.
Volví a mi "casita", Lisa había hecho la comida y Rafa estaba duchándose. Comimos, echaron una siesta y yo volví a dar otra vuelta. Creo que me quedé casi toda la tarde mirando las nubes, debajo nuestra, que tapaban toda Granada. Al anochecer volví porque empezaba a tener frío, pues sólo llevaba un jersey.
-Illo, han llamado Pelo de Fuego y Pepe, están llegando.
-Vale. Lisa hazte un porro que tengo frío.

Como podréis observar eso blanco del fondo son nubes. Una pasada.
Rafa, su nueva pareja, Lisa, y yo agarramos la autocaravana y nos dirigimos a Sierra Nevada, al día siguiente se apuntaron Pelo de Fuego y Pepe con su furgo nueva. El camino de ida fue muy bien, con muchas ganas de poner las cadenas a las ruedas, pero al final no las sacamos de la caja. Llegamos al parking-semicamping sobre las nueve de la noche, estaba todo oscurísimo, lluviznando y todo nevado. Buscando sitio para aparcar vimos un sitio libre. Libre de coche pero llenito de nieve.
-Aquí va a ser, tio.
-Rafa, que necesitamos un quitanieves y una cuadrilla de tios con palas.
-¿Pala? Anda, baja.
Lisa se llevó todo el camino haciendo sudokus, sin hablarnos, cosa que no me importó.
-Abrigaos que llueve y hace frío -fueron sus primeras palabras desde que salimos de Sevilla.
-Toma -me da una pala de esa que usan los albañiles.
-Ostias, ¿que cave?
-Sí
Allí estaba yo dándole a la pala, quitando nueve como un poseso; sin guantes; con los pantalones vaqueros que empezaron a empaparse con la lluvia y con el contacto con la nieve, con el chaquetón abierto porque estaba sudando y Lisa metiendo prisa porque quería poner los sandwichs y acostarse pronto. Rafa sacó dos litros, las metió en la nieve y tomó el relevo de la excavación. Así estuvimos un buen rato. Aquello parecía no tener fin.
Al final conseguimos hacernos un sitio para la autocaravana. Nos bebimos las frías birras, nos comimos los sandwichs, nos fumamos unos porros y caímos rendidos en nuestras respectivas camas.
Al día siguiente pusimos otras litros en la nieve

Rafa cogió sus eskis y se largó a dar bajadas por las pistas. Yo me quedé con Lisa, pero al ver que Lisa seguía con sus sudokus opté por dar una vuelta.
Entre tanta caravana había una que tenía letreros en alemán o polaco, intenté leerlos y averiguar de donde eran, pero la vista se me fue dentro de la caravana. En su interior había tres tios sentados con las cabezas pegadas a una mesa. Me acerqué un poco más para que no me molestara el reflejo de la nieve sobre el cristal y... nunca había visto tanta nieve junta. Uno de ellos se dio cuenta de mi vouyerismo y se quedó mirándome fijamente, yo me toqué la nariz y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Al final no me enteré de dónde eran, pero la nieve estaba perfecta. Estuve con ellos toda la mañana, al mediodía se marcharon de allí. Buena gente esos guiris.
Volví a mi "casita", Lisa había hecho la comida y Rafa estaba duchándose. Comimos, echaron una siesta y yo volví a dar otra vuelta. Creo que me quedé casi toda la tarde mirando las nubes, debajo nuestra, que tapaban toda Granada. Al anochecer volví porque empezaba a tener frío, pues sólo llevaba un jersey.
-Illo, han llamado Pelo de Fuego y Pepe, están llegando.
-Vale. Lisa hazte un porro que tengo frío.

Como podréis observar eso blanco del fondo son nubes. Una pasada.
viernes, 15 de agosto de 2008
Pintando
Acabo de darme cuenta que el techo no lo hemos terminado de pintar. Desde que Pepe, el pelirrojo, nos dijo que se ofrecía voluntario para pintar la casa, nos estuvo llamando todos los días. Más que un voluntario parecía que se tenía que redimir de algo, porque no paró de llamar ni un día. "Quillo que cuando voy", "he visto que la pintura cual es mejor que la tal", "a ver si quedamos para ver qué colores", "tengo esto, y tengo aquello", "me he comprado unos rodillos que anuncian en la tele", y nosotros respondiendo: Pepe, espera que nos encuentren los enchufes. "Illo, da igual, se pinta dos veces, mejor para la pared". Hasta que nos encontraron los enchufes no paró de llamar.
Se vino un sábado y acabamos de pintar el sábado siguiente. No más de 70m2. Y encima nos falta el techo. Le dijimos que queríamos las paredes blancas, pero que en nuestra habitación podría poner el color que quisiera. Trajo unas ocho latas de 5 kilos, de las cuales cuatro eran de rojo, celeste, verde y naranja; el resto no era pintura blanca, era crema. "Illo, que es mejor; que no se ensucia tanto; que el blanco no se lleva...", pues nada, de crema las paredes, además ya había comprado por su cuenta las latas.
"Mira esto. Lo he comprado por la tele", un kit completo de pintar, ese que le echas la pintura al rodillo y luego se expande por la pared sin tener que mojar el rodillo en la lata, un mango extensible y luego unas especies de cuñitas para las esquinas y no sé que más.
Empezamos pintando el suelo. Es decir colocamos periódicos, plásticos y demás cosas, pero intentado rellenar el supermegarodillo, desde la lata de 5 kilos, no atinamos a verterlo dentro y lo esparcimos por el suelo. "Un embudo, hace falta un embudo", decía mi novia. Embudo en mano rellenamos el artefacto y a pintar. "Esto no pinta", "no sale nada", "ahora, ahora, ahora", "coño, qué mal pinta ¿no?", "esto pesa un huevo", "joer sí que pesa", "a rellenar", era el monólogo de Pepe. Mi novia y yo estábamos mientras tanto con los rodillos de toda la vida dándole a otra pared cuando Pepe, a los diez minutos de empezar, hizo un alto en el camino para hacerse un porrito. Mi novia cogió el supermega rodillo y le puso el mango. Yo y Pepe desde el suelo, y fumando, la ibamos dirigiendo: "pinta ese hueco"; "¿llegas allí? Pues dale"; "más brío", etc. Cuando de buenas se gira mi novia para abroncarnos y se le cae toda la pintura del rodillo en la cabeza. El tapón de rosca se desenroscó. Toda una crema estaba hecha mi novia. Gritando se metió en el cuarto de baño y nosotros revolcándonos por el suelo de la risa. Al final acabamos nosotros también en la ducha, pues el suelo también estaba "cremoso". Lo dejamos para el día siguiente.
El segundo día fue algo parecido. Pepe trajo cerveza que, más a la que ya teníamos, hicimos tal acopio que nos las tuvimos que beber para hacer espacio en el piso. Borrachera al canto. Lo dejamos para el día siguiente.
El tercer día empezamos muy contentos y muy animados. Pepe se estaba peleando con el supermega rodillo, mi novia empezaba a usar las cuñitas-rodillos, pero por lo visto no se impregnaban de cola ni a la de tres; en uno de los brochazos Pepe dobló el mango y volvió a salirse toda la pintura del rodillo. Yo fui a por la fregona y me resbalé cayendo sobre dos latas que habíamos abierto. Aquello era un mar de crema con mezcla celeste. Me hice daño en el costado y lo dejamos para el día siguiente.
El cuarto día aún dolorido y con unos moratones tremendos me senté tranquilo viendo como Pepe y mi novia seguían pintando. Cervecita y porrito, porrito y tinto de verano... estos dos se picaron y acabamos sentados en la cama discutiendo sobre los anuncios de la Tienda en Casa. Lo dejamos para el día siguiente.
El quinto día terminamos las cuatro paredes del salón. Aunque alguien dejó unos churretones que tuvimos que rectificar. Mientras rectificaba mi novia me di cuenta que los enchufes habían vuelto a desaparecer. Con la conversación, con el ir y venir, con las risas, y con lo de siempre, acabamos pintando las entradas del mismo color, llenando el interior con pintura. Destornillador a destornillar y a limpiarlos de pintura. Mientras yo hacía la limpieza de los enchufes los otros dos se pusieron a ver la tele con una cervecita y al final acabamos viendo CSI Navy y J.A.G. Lo dejamos para el día siguiente.
El sexto día continuamos pintando nuestra habitación. Ya antes le dimos unas manchas celestes a una pared. No pasó nada raro ésta vez. De hecho pintamos una de celeste y la otra de verde. Pepe se fue temprano y aprovechamos mi novia y yo nuestros momentos íntimos, por lo que el pintar lo dejamos para el día siguiente.
El séptimo día empezamos a pintar las otras dos paredes de rojo y naranja. A Pepe ya dejó de funcionarle el supermega rodillo. No salía pintura, ni se podía abrir. Lo cojo y se rompe; me quedo con el mango mientras el rodillo va rodando por el suelo hasta llegar al salón. Siete días ha durado el supermega rodillo. Pepe se cabreó y se metió en el servicio. Mi novia aprovecha el momento y me dice: "¿has mirado bien cómo queda nuestra habitación?". Levanto la mirada y veo una pared roja, a su lado una naranja; la siguiente es celeste y luego verde. Un poco chocante. Un poco raro. No sé. Los ojos me dolían, pero no sabía si era por la emanaciones de la pintura, el tabaco, por la suciedad... "Puf, anda que no nos va a costar nada conciliar el sueño", dice mi novia. Ah, claro, los colores, ya decía yo. "No pasa nada, chochito, nos vamos a Ikea y compramos una estantería grande, o un armario y tapamos la roja", "o la celeste, o la naranja, la verde no me incomoda tanto". Pepe sale del baño y nos tomamos el último descanso. Lo dejamos para el día siguiente.
El octavo día fue para hacer repasos, limpieza y de paso discutir, con la Ikea-Biblia por delante, qué poner y en qué pared. Ya sólo nos falta pintar los techos, pero me parece a mí que se van a quedar blancos y al carajo.
Se vino un sábado y acabamos de pintar el sábado siguiente. No más de 70m2. Y encima nos falta el techo. Le dijimos que queríamos las paredes blancas, pero que en nuestra habitación podría poner el color que quisiera. Trajo unas ocho latas de 5 kilos, de las cuales cuatro eran de rojo, celeste, verde y naranja; el resto no era pintura blanca, era crema. "Illo, que es mejor; que no se ensucia tanto; que el blanco no se lleva...", pues nada, de crema las paredes, además ya había comprado por su cuenta las latas.
"Mira esto. Lo he comprado por la tele", un kit completo de pintar, ese que le echas la pintura al rodillo y luego se expande por la pared sin tener que mojar el rodillo en la lata, un mango extensible y luego unas especies de cuñitas para las esquinas y no sé que más.
Empezamos pintando el suelo. Es decir colocamos periódicos, plásticos y demás cosas, pero intentado rellenar el supermegarodillo, desde la lata de 5 kilos, no atinamos a verterlo dentro y lo esparcimos por el suelo. "Un embudo, hace falta un embudo", decía mi novia. Embudo en mano rellenamos el artefacto y a pintar. "Esto no pinta", "no sale nada", "ahora, ahora, ahora", "coño, qué mal pinta ¿no?", "esto pesa un huevo", "joer sí que pesa", "a rellenar", era el monólogo de Pepe. Mi novia y yo estábamos mientras tanto con los rodillos de toda la vida dándole a otra pared cuando Pepe, a los diez minutos de empezar, hizo un alto en el camino para hacerse un porrito. Mi novia cogió el supermega rodillo y le puso el mango. Yo y Pepe desde el suelo, y fumando, la ibamos dirigiendo: "pinta ese hueco"; "¿llegas allí? Pues dale"; "más brío", etc. Cuando de buenas se gira mi novia para abroncarnos y se le cae toda la pintura del rodillo en la cabeza. El tapón de rosca se desenroscó. Toda una crema estaba hecha mi novia. Gritando se metió en el cuarto de baño y nosotros revolcándonos por el suelo de la risa. Al final acabamos nosotros también en la ducha, pues el suelo también estaba "cremoso". Lo dejamos para el día siguiente.
El segundo día fue algo parecido. Pepe trajo cerveza que, más a la que ya teníamos, hicimos tal acopio que nos las tuvimos que beber para hacer espacio en el piso. Borrachera al canto. Lo dejamos para el día siguiente.
El tercer día empezamos muy contentos y muy animados. Pepe se estaba peleando con el supermega rodillo, mi novia empezaba a usar las cuñitas-rodillos, pero por lo visto no se impregnaban de cola ni a la de tres; en uno de los brochazos Pepe dobló el mango y volvió a salirse toda la pintura del rodillo. Yo fui a por la fregona y me resbalé cayendo sobre dos latas que habíamos abierto. Aquello era un mar de crema con mezcla celeste. Me hice daño en el costado y lo dejamos para el día siguiente.
El cuarto día aún dolorido y con unos moratones tremendos me senté tranquilo viendo como Pepe y mi novia seguían pintando. Cervecita y porrito, porrito y tinto de verano... estos dos se picaron y acabamos sentados en la cama discutiendo sobre los anuncios de la Tienda en Casa. Lo dejamos para el día siguiente.
El quinto día terminamos las cuatro paredes del salón. Aunque alguien dejó unos churretones que tuvimos que rectificar. Mientras rectificaba mi novia me di cuenta que los enchufes habían vuelto a desaparecer. Con la conversación, con el ir y venir, con las risas, y con lo de siempre, acabamos pintando las entradas del mismo color, llenando el interior con pintura. Destornillador a destornillar y a limpiarlos de pintura. Mientras yo hacía la limpieza de los enchufes los otros dos se pusieron a ver la tele con una cervecita y al final acabamos viendo CSI Navy y J.A.G. Lo dejamos para el día siguiente.
El sexto día continuamos pintando nuestra habitación. Ya antes le dimos unas manchas celestes a una pared. No pasó nada raro ésta vez. De hecho pintamos una de celeste y la otra de verde. Pepe se fue temprano y aprovechamos mi novia y yo nuestros momentos íntimos, por lo que el pintar lo dejamos para el día siguiente.
El séptimo día empezamos a pintar las otras dos paredes de rojo y naranja. A Pepe ya dejó de funcionarle el supermega rodillo. No salía pintura, ni se podía abrir. Lo cojo y se rompe; me quedo con el mango mientras el rodillo va rodando por el suelo hasta llegar al salón. Siete días ha durado el supermega rodillo. Pepe se cabreó y se metió en el servicio. Mi novia aprovecha el momento y me dice: "¿has mirado bien cómo queda nuestra habitación?". Levanto la mirada y veo una pared roja, a su lado una naranja; la siguiente es celeste y luego verde. Un poco chocante. Un poco raro. No sé. Los ojos me dolían, pero no sabía si era por la emanaciones de la pintura, el tabaco, por la suciedad... "Puf, anda que no nos va a costar nada conciliar el sueño", dice mi novia. Ah, claro, los colores, ya decía yo. "No pasa nada, chochito, nos vamos a Ikea y compramos una estantería grande, o un armario y tapamos la roja", "o la celeste, o la naranja, la verde no me incomoda tanto". Pepe sale del baño y nos tomamos el último descanso. Lo dejamos para el día siguiente.
El octavo día fue para hacer repasos, limpieza y de paso discutir, con la Ikea-Biblia por delante, qué poner y en qué pared. Ya sólo nos falta pintar los techos, pero me parece a mí que se van a quedar blancos y al carajo.
jueves, 14 de agosto de 2008
Facilidades
Increíble lo de éste arquitecto que pensó "decorar" los ventanales de una oficina del ayuntamiento con estas rejillas.

Hasta que llegó uno que pensó que estas rejillas son en verdad una perfecta escalera para robar.

Y subió y robó. Gracias al arquitecto y a quien le dio el visto bueno a esa perfecta escala.


Un ordenador y varias cosas se llevaron.

Hasta que llegó uno que pensó que estas rejillas son en verdad una perfecta escalera para robar.

Y subió y robó. Gracias al arquitecto y a quien le dio el visto bueno a esa perfecta escala.


Un ordenador y varias cosas se llevaron.
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miércoles, 13 de agosto de 2008
Ya estamos en nuestro pisito
¡Ya estamos en casa! Y no en la de nuestros respectivos padres ¡no! En nuestro propio piso. Han adelantado la fecha de entrega de los pisos de VPO y sin pensarlo dos veces nos vinimos para aquí. Ha sido todo un poco odisea; el padre de mi novia nos ha ayudado con la mudanza, así que un ¡GRACIAS! a él por portase bien conmigo y no insultarme cada vez que mi novia no nos veía. Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí: he vuelto a ver a Darío, nos hemos quedado encerrados en el ascensor, he partido el quad... Pero vamos a empezar por la mudanza.
Nada más informarnos que podíamos habitar el piso me di de baja de internet en casa mis padres, mi novia hizo lo mismo; pero antes hicimos las gestiones para dar de alta la línea en el nuestro pisito; preparamos nuestros petates; mi madre insistió en comprarnos una cama, una mesa y cuatro sillas; Pepe, el pelirrojo, dijo que si había que pintar las paredes él se ofrecía voluntario, Lupe que pondría las cortinas y así un montón de amigos que han colaborado con nuestra/vuestro piso. Pero no todo fue tan bien como pensábamos.
Mi novia y yo estábamos muy nerviosos con la idea de ir a habitar nuestra morada, así que el mismo día que recogimos las llaves, compramos productos de limpieza y nos acercamos a casa de los padres de ella para coger los sacos de dormir y echar nuestro primer polvo allí. Cuando llegamos al piso nuevo nos pusimos las pilas y empezamos a limpiar como unos locos. En todas la habitaciones había una bombilla que colgaba de un cable que salía del techo, teníamos luz. Friega tú aquí; yo limpio allí; barre esto; tira la bolsa; aquí pondremos esto; allí aquello; las paredes de tal color; deja la fregona que vas a coger otra cosa más dura y tú límpiame entera... No importaba la dureza del suelo, ni el calor, ni lo vacío que estaba aquello, ni el eco de nuestros gozos chocando por las vacías paredes, ni si teníamos las ventanas abiertas, no importaba nada. Era nuestro primer polvo en nuestra nueva casa. A la mañana siguiente empezamos a empaquetar las cosas que nos íbamos a llevar. El padre de mi novia nos regaló un tele pequeño de tubo y un aparato para ver el TDT. Hicimos las respectivas cargas y descargas de la furgoneta, y cuando llega la noche, cansados de tanto trajín, extendemos nuestros sacos de dormir en nuestro cuarto, pongo la tele delante y cuando la voy a enchufar no hay enchufe en la habitación. ¡Ostias, qué raro! Voy a la de al lado y lo mismo, al cuarto de baño y no hay, y en la cocina menos. ¿Donde están los enchufes? Pero si tenemos luz debe haber enchufes, si no ¿con qué electricidad han estado trabajando los albañiles? Ostias, que no. Que por más que buscamos no hay enchufes. Extrañados llamamos a nuestros padres y le contamos lo que pasaba, nos tranquilizaron para ver el problema al día siguiente y nosotros nos dormimos preguntándonos ¿donde estarían escondidos los enchufes?
Al día siguiente llamamos a la constructora y nos dicen que no puede ser, que irá un técnico a verlo, que nos llamarían pronto. Ese mismo día nos llaman de Telefónica para poner la línea, le digo que no vengan porque no tenemos ni la roseta del teléfono, que les avisaría cuando se descubriera dónde estaba, a su vez nos llaman de la casa de muebles: nos llevan la cama, la mesa y las sillas ya vendrán más adelante. Mi novia se quedó esperando a la cama, se encontró con nuevos vecinos de nuestra planta y les ocurría lo mismo: no tenían enchufes. Pero en cambio los de las tres plantas anteriores sí tenían entradas. Es decir de seis plantas, tres no teníamos enchufes. Tres plantas a cuatro pisos en cada una sin enchufes, sin roseta de teléfono... No me extraña que adelantaran ¡y tanto! la entrega de los pisos. Ya empezamos a mirar con más detenimiento, y más meticulosamente, cada rincón de nuestro pisito.
Dos semanas y pico tardó el técnico en venir, y cuatro semanas la mesa y las sillas. Cuatro semanas usando la cama para dormir, como mesa para comer, como mesa de taller, como mesa de estudio... Colchón puesto, colchón quitado, los sacos de dormir hacían de pufs... vamos un show. Ah, los enchufes vinieron casi a mediados de julio, anda que no les costó ná encontrar los enchufes. Sigo sin entender cómo cohones les dió por tapar las cajas de tomas de la electricidad ¡a tres plantas! Y otra vez a limpiar el piso. Los albañiles y los electricistas dejaron más escombros que las torres gemelas, qué bestias. Ya pude llamar a los de Telefónica y me dijeron que en breve vendrían a poner la línea y el adsl. En breve. Como los enchufes. Bueno ya tengo la línea, el adsl, ¡enchufes!...
Ya seguiré contando cosas de la casa. Nos hemos quedado sin luz dos veces, el ascensor se quedó parado un día conmigo dentro, los muebles de la cocina que se deshacen, la nevera no cabe junto con el lavavajillas y la lavadora... Pero estamos disfrutando de nuestro piso nuevo. Eso no nos lo quita nadie.
¡YA OS CUENTO!
Nada más informarnos que podíamos habitar el piso me di de baja de internet en casa mis padres, mi novia hizo lo mismo; pero antes hicimos las gestiones para dar de alta la línea en el nuestro pisito; preparamos nuestros petates; mi madre insistió en comprarnos una cama, una mesa y cuatro sillas; Pepe, el pelirrojo, dijo que si había que pintar las paredes él se ofrecía voluntario, Lupe que pondría las cortinas y así un montón de amigos que han colaborado con nuestra/vuestro piso. Pero no todo fue tan bien como pensábamos.
Mi novia y yo estábamos muy nerviosos con la idea de ir a habitar nuestra morada, así que el mismo día que recogimos las llaves, compramos productos de limpieza y nos acercamos a casa de los padres de ella para coger los sacos de dormir y echar nuestro primer polvo allí. Cuando llegamos al piso nuevo nos pusimos las pilas y empezamos a limpiar como unos locos. En todas la habitaciones había una bombilla que colgaba de un cable que salía del techo, teníamos luz. Friega tú aquí; yo limpio allí; barre esto; tira la bolsa; aquí pondremos esto; allí aquello; las paredes de tal color; deja la fregona que vas a coger otra cosa más dura y tú límpiame entera... No importaba la dureza del suelo, ni el calor, ni lo vacío que estaba aquello, ni el eco de nuestros gozos chocando por las vacías paredes, ni si teníamos las ventanas abiertas, no importaba nada. Era nuestro primer polvo en nuestra nueva casa. A la mañana siguiente empezamos a empaquetar las cosas que nos íbamos a llevar. El padre de mi novia nos regaló un tele pequeño de tubo y un aparato para ver el TDT. Hicimos las respectivas cargas y descargas de la furgoneta, y cuando llega la noche, cansados de tanto trajín, extendemos nuestros sacos de dormir en nuestro cuarto, pongo la tele delante y cuando la voy a enchufar no hay enchufe en la habitación. ¡Ostias, qué raro! Voy a la de al lado y lo mismo, al cuarto de baño y no hay, y en la cocina menos. ¿Donde están los enchufes? Pero si tenemos luz debe haber enchufes, si no ¿con qué electricidad han estado trabajando los albañiles? Ostias, que no. Que por más que buscamos no hay enchufes. Extrañados llamamos a nuestros padres y le contamos lo que pasaba, nos tranquilizaron para ver el problema al día siguiente y nosotros nos dormimos preguntándonos ¿donde estarían escondidos los enchufes?
Al día siguiente llamamos a la constructora y nos dicen que no puede ser, que irá un técnico a verlo, que nos llamarían pronto. Ese mismo día nos llaman de Telefónica para poner la línea, le digo que no vengan porque no tenemos ni la roseta del teléfono, que les avisaría cuando se descubriera dónde estaba, a su vez nos llaman de la casa de muebles: nos llevan la cama, la mesa y las sillas ya vendrán más adelante. Mi novia se quedó esperando a la cama, se encontró con nuevos vecinos de nuestra planta y les ocurría lo mismo: no tenían enchufes. Pero en cambio los de las tres plantas anteriores sí tenían entradas. Es decir de seis plantas, tres no teníamos enchufes. Tres plantas a cuatro pisos en cada una sin enchufes, sin roseta de teléfono... No me extraña que adelantaran ¡y tanto! la entrega de los pisos. Ya empezamos a mirar con más detenimiento, y más meticulosamente, cada rincón de nuestro pisito.
Dos semanas y pico tardó el técnico en venir, y cuatro semanas la mesa y las sillas. Cuatro semanas usando la cama para dormir, como mesa para comer, como mesa de taller, como mesa de estudio... Colchón puesto, colchón quitado, los sacos de dormir hacían de pufs... vamos un show. Ah, los enchufes vinieron casi a mediados de julio, anda que no les costó ná encontrar los enchufes. Sigo sin entender cómo cohones les dió por tapar las cajas de tomas de la electricidad ¡a tres plantas! Y otra vez a limpiar el piso. Los albañiles y los electricistas dejaron más escombros que las torres gemelas, qué bestias. Ya pude llamar a los de Telefónica y me dijeron que en breve vendrían a poner la línea y el adsl. En breve. Como los enchufes. Bueno ya tengo la línea, el adsl, ¡enchufes!...
Ya seguiré contando cosas de la casa. Nos hemos quedado sin luz dos veces, el ascensor se quedó parado un día conmigo dentro, los muebles de la cocina que se deshacen, la nevera no cabe junto con el lavavajillas y la lavadora... Pero estamos disfrutando de nuestro piso nuevo. Eso no nos lo quita nadie.
¡YA OS CUENTO!
sábado, 21 de junio de 2008
Capacidad
Comienza Sadeq Hedayat "El búho ciego" de tal forma:
Esas anomalías extrañas, esos hechos insólitos, referidos por el escritor, los reconoce como incidentes sobrenaturales. Aunque entiendo esos "incidentes" como propios de la madre naturaleza, propios del ser humano y sus actos.
Yo tengo heridas que me corroen al alma, y no son sobrenaturales. Yo tengo mis carcomas, mis dolencias increíbles; y no me atrevo a explicarlas. Busco el olvido, lo consigo, pero las carcomas siguen dañando mi alma en otros lugares, otros lugares que al final comunican con las anteriores; el olvido no es lo suficientemente fuerte para cerrar tales dolencias. El tiempo no lo cura todo, y menos heridas así.
Dicen que no hay que mirar atrás, que todo está por delante. Sí, así es. Pero hay que mirar atrás para recordar lo que dejaste y no volverlo encontrar más adelante. Y me duele mirar atrás, me duele tanto que da miedo mirar delante.
Pero miro y ando, lentamente, perdiendo cosas maravillosas que están a mi alcance porque las carcomas me intimidan, pero miro y ando, sin ayuda de alcoholes, opios o narcóticos; miro y ando a sabiendas de que mi andar hará que mi alma destruya las oscuras carcomas que en mí habitan, que con mi andar las heridas vayan curándose pudiendo confesar aquellas dolencias que no saquen sonrisas irónicas de creencias propias u opiniones generalizadas. No quiero seguir andando lentamente, necesito que me empujéis, por que yo no soy capaz. No soy capaz.
A lo largo de nuestra existencia hay heridas que nos corroen el alma, como si fuesen carcomas, en soledad.
No podemos confesar esas dolencias increíbles a nadie, porque suelen ser consideradas anomalías extrañas, hechos insólitos. Y si alguien se atreve a explicarlas, de viva voz o por escrito, la gente, aferrándose a la opinión generalizada o a sus propias creencias, acoge sus palabras con una sonrisa irónica en los labios, pues el hombre aún no ha encontrado el remedio para curarlas. La única solución es buscar el olvido por medio del alcohol y del sueño artificial que producen el opio o los narcóticos. Pero, por desgracia, estos medicamentos, una vez disipados sus efectos temporales, lejos de calmar nuestro dolor, lo agravan.
Esas anomalías extrañas, esos hechos insólitos, referidos por el escritor, los reconoce como incidentes sobrenaturales. Aunque entiendo esos "incidentes" como propios de la madre naturaleza, propios del ser humano y sus actos.
Yo tengo heridas que me corroen al alma, y no son sobrenaturales. Yo tengo mis carcomas, mis dolencias increíbles; y no me atrevo a explicarlas. Busco el olvido, lo consigo, pero las carcomas siguen dañando mi alma en otros lugares, otros lugares que al final comunican con las anteriores; el olvido no es lo suficientemente fuerte para cerrar tales dolencias. El tiempo no lo cura todo, y menos heridas así.
Dicen que no hay que mirar atrás, que todo está por delante. Sí, así es. Pero hay que mirar atrás para recordar lo que dejaste y no volverlo encontrar más adelante. Y me duele mirar atrás, me duele tanto que da miedo mirar delante.
Pero miro y ando, lentamente, perdiendo cosas maravillosas que están a mi alcance porque las carcomas me intimidan, pero miro y ando, sin ayuda de alcoholes, opios o narcóticos; miro y ando a sabiendas de que mi andar hará que mi alma destruya las oscuras carcomas que en mí habitan, que con mi andar las heridas vayan curándose pudiendo confesar aquellas dolencias que no saquen sonrisas irónicas de creencias propias u opiniones generalizadas. No quiero seguir andando lentamente, necesito que me empujéis, por que yo no soy capaz. No soy capaz.
Felicidades, Codina
Como no he tenido la poca vergüenza de escribirte, he de unirme a la felicitación cumpleañera de Willy & Cop. ¡Te quiero, bética de mi corazón!
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miércoles, 18 de junio de 2008
El disco anal
Recordando a Myrtha, la reina anal, he encontrado este interesante vídeo que proclama lo que muchas veces los hombres queremos hacer. Va por vosotras, anti-anales.
Tú eres la flor que tengo tatuada en mi corazón
Son ya las tres y no se que más hacer
Hacer el amor no tiene limitación
Tuyo es el sol y sabes que yo soy tu servidor
Dormida estás siempre que yo trato de intentar por detrás
Pero, creo que esta noche te va a gustar
No me golpees
se que a veces duele
no, no lo he hecho nunca
es, es mucha intriga
por detrás, detrás
Aah, aah, tu ru tu tu ru tu tu ru tu ru
Aah, aah, tu ru tu tu ru tu tu ru tu ru
Tuyo es el sol y sabes que yo soy tu servidor
Dormida estás siempre que yo trato de intentar por detrás
Pero, creo que esta noche te va a gustar
No me golpees
se que a veces duele
No, no lo he hecho nunca
Es, es mucha intriga
Por detrás, detrás
Aah, aah, tu ru tu tu ru tu tu ru tu ru
Son ya las tres y no se que más hacer
Hacer el amor no tiene limitación
Tuyo es el sol y sabes que yo soy tu servidor
Dormida estás siempre que yo trato de intentar por detrás
Pero, creo que esta noche te va a gustar
No me golpees
se que a veces duele
no, no lo he hecho nunca
es, es mucha intriga
por detrás, detrás
Aah, aah, tu ru tu tu ru tu tu ru tu ru
Aah, aah, tu ru tu tu ru tu tu ru tu ru
Tuyo es el sol y sabes que yo soy tu servidor
Dormida estás siempre que yo trato de intentar por detrás
Pero, creo que esta noche te va a gustar
No me golpees
se que a veces duele
No, no lo he hecho nunca
Es, es mucha intriga
Por detrás, detrás
Aah, aah, tu ru tu tu ru tu tu ru tu ru
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martes, 17 de junio de 2008
Goles y putis
Estaba en casa de mi novia, en su cuarto, en su cama, junto a ella. Su padre estaba en el salón viendo un partido de la eurocopa, no sé cual. Su madre en la cocina, preparando un bizcocho, y nosotros estábamos acariciando nuestros cuerpos. Aquello no era todo lo romántico que uno desea. La narración del partido se inmiscuía entre nuestros besos; los gritos del padre nos descentraban mientras recorríamos nuestros cuerpos con las yemas de los dedos; el olor del bizcocho era más fuerte que nuestros olores corporales; la madre, desde la cocina, le contaba a su hija algo de la familia, mi novia le respondía, mordiéndonos, sin querer, al responderle; mis peos producidos por la dispepsia, que junto al olor del bizcocho, hacía que lo que se suponía una tarde de reencuentro fuese como aquellas noches pasadas en la que solía ir de putis. Me puse bocarriba, mi novia se puso encima, estiré los brazos y dejé que ella me follara mientras hablaba con su madre. A mi me gusta ésta postura, no soy de los que se mueven mucho en la cama, además me he mal acostumbrado por mis pasadas visitas a los putis.
Me acordé de una visita que hice hace tiempo a un pisito en Dos Hermanas. Lo regentaba una chilena y tenía dos chicas más. Me metí en la habitación con la peruana bajita, se tumbó en la cama bocarriba y estiró los brazos. Yo quería precisamente estar de esa forma, se lo dije y empezó a contarme que llevaba todo el día trabajando y que no tenía fuerzas, que si lo quería bien, que si no que me buscara a otra. Yo tenía ganas de hacerlo con la peruanita, tan bajita, rechoncha, con tetas y culo que accedí a follarla así. Al cabo de no mucho le dije que no podía, que me molestaba el tener que trabajar. Me senté en medio de la cama, ella se incorporó y empezamos a hablar mientras ella, con su mano, me masturbaba. Mientras hablábamos la chilena y su compañera pusieron la tele. Por lo visto había un programa rosa porque desde el salón le gritaban a la peruana lo que hacía la pareja de nosequién con una de Gran Hermano, y ésta les respondía, preguntando a su vez cosas del programa. Al final acabé en el salón con las tres viendo Salsa Rosa, o algo parecido, mientras la peruana me masturbaba. Me corrí dos veces y tuvieron la delicadeza de no hacerme pagar, por lo que me quedé hasta las tantas viendo el programa.
Como no quería que me pasara algo así con mi novia; que me tuviera que levantar y ponerme a ver la tele con el padre mientras me follo a su hija, o que nos metamos en la cocina a ayudar a la madre mientras penetro por detrás a su hija, empujé a mi novia hacia un lado, se cayó en el suelo y empezó a gritarme que qué me pasaba. Yo no dije nada, pues no dejaba de acordarme de la peruana masturbándome mientras ella comía palomitas junto con las otras dos viendo el programa. Me levanté, me vestí y salí corriendo de allí.
Ya por la noche, y más tranquilo, llamé a mi cielo y le pedí disculpas, para que la próxima vez que quedemos para follar en su casa procuremos que no haya partido de futbol, que me descentra mucho.
Tengo ganas de que nos den el piso ya.
Me acordé de una visita que hice hace tiempo a un pisito en Dos Hermanas. Lo regentaba una chilena y tenía dos chicas más. Me metí en la habitación con la peruana bajita, se tumbó en la cama bocarriba y estiró los brazos. Yo quería precisamente estar de esa forma, se lo dije y empezó a contarme que llevaba todo el día trabajando y que no tenía fuerzas, que si lo quería bien, que si no que me buscara a otra. Yo tenía ganas de hacerlo con la peruanita, tan bajita, rechoncha, con tetas y culo que accedí a follarla así. Al cabo de no mucho le dije que no podía, que me molestaba el tener que trabajar. Me senté en medio de la cama, ella se incorporó y empezamos a hablar mientras ella, con su mano, me masturbaba. Mientras hablábamos la chilena y su compañera pusieron la tele. Por lo visto había un programa rosa porque desde el salón le gritaban a la peruana lo que hacía la pareja de nosequién con una de Gran Hermano, y ésta les respondía, preguntando a su vez cosas del programa. Al final acabé en el salón con las tres viendo Salsa Rosa, o algo parecido, mientras la peruana me masturbaba. Me corrí dos veces y tuvieron la delicadeza de no hacerme pagar, por lo que me quedé hasta las tantas viendo el programa.
Como no quería que me pasara algo así con mi novia; que me tuviera que levantar y ponerme a ver la tele con el padre mientras me follo a su hija, o que nos metamos en la cocina a ayudar a la madre mientras penetro por detrás a su hija, empujé a mi novia hacia un lado, se cayó en el suelo y empezó a gritarme que qué me pasaba. Yo no dije nada, pues no dejaba de acordarme de la peruana masturbándome mientras ella comía palomitas junto con las otras dos viendo el programa. Me levanté, me vestí y salí corriendo de allí.
Ya por la noche, y más tranquilo, llamé a mi cielo y le pedí disculpas, para que la próxima vez que quedemos para follar en su casa procuremos que no haya partido de futbol, que me descentra mucho.
Tengo ganas de que nos den el piso ya.
viernes, 13 de junio de 2008
Encerrados
Juan y yo nos quedamos encerrados en la habitación de mi hermana, el picaporte se cayó y Juan tuvo que salir por el patio para poder abrir la puerta.
jueves, 12 de junio de 2008
De espectador
Pelo de Fuego y Pepe nos invitaron ayer a su pisito para celebrar sus 6 meses de relación.
Yo quiero agradecerte, Pelo de Fuego (AKA Thorpeda), que quisieras celebrarlo con mi novia y conmigo, pero sabiendo mis problemas estomacales, producidos por la dispepsia, no estuvo nada bien que pusieras el cactus, la Pepsi, el ron, la tarta de chocolate y demás bollería de pastelitos y cosas así.
Después de que se me pasara el enfado por no poder colocarme con vosotros (ya que el cactus os lo trajísteis de Amsterdam), el gran Pepe me dio su cajita de maría. Mientras yo liaba y fumaba mis Marlboros marianos, vosotros os dedicasteis a comer el cactus. Todo iba bien, hablábamos, reíamos, comentamos la postura de Rosa que tuvo conmigo en Málaga, charlamos sobre el curro de mi novia y sus problemas... hasta que Pepe se puso de pie, ando unos pasos atrás y empezó a decir que volaba, que nos veía desde arriba, pero ni volaba ni nada, estaba de pie, ahí mismo, delante de nosotros. Mi novia, que estaba sentada en el suelo a su lado, se quedó mirándolo, giró la cabeza para mirarnos a ti, Pelo de Fuego, y a mí y clavó la mirada en esa enorme lagartija bombilla que tienes sobre la pared. "¡Sí, sí, sí!", gritaba mi niña. "Sí, sí ¿qué?", le pregunté, me miró y empezó a reírse, como una loca, volvía a mirar a la lagartija y volvía a gritar el sí, sí, sí. Le dí un toque de atención, volvía a mirarme y a carcajadas conmigo. Acojonado miro a mi derecha y te veo, Pelo de Fuego, que sigues sentada conmigo en el sofá pero acurrucada en una esquinita, con las rodillas dándote en la frente mientras balbuceas algo como "el suelo no está, el suelo no está, el sofá está muy alto..." y no sé que más.
Allí me veo solo, con un tiarrón de dos metros, pelirrojo, de pie, con los brazos extendidos y mirándonos con una sonrisa que daba miedo, creyendo que está volando; mi novia que tenía dos puntos de fijación: la lagartija a la que le gritaba que sí, y luego yo que se descojonaba de la risa al mirarme y por último tú, Pelo de Fuego, en una esquina del sofá toda acurrucada diciendo no sé qué del suelo.
La actitud de mi novia me sentó muy mal ¿que coño me vería para reírse a carcajadas de mí, y qué vería en esa lagartija-bombilla para decirle sí a gritos? Volví a encender el canuto, lo aspiré, dí una bocanada amplia, me recosté sobre el sofá y me quedé observando a cada uno. Probé la tarta, los pastelillos, me hice un cubata... No dejaba de veros, era un espectador en medio de una obra.
Respecto a tu sms de esta mañana, por el tema de la cuerda de Pepe, fue que llegó un momento en que pensé que Pepe se tiraría por la ventana creyendo que era Superman, es por eso que agarré la cuerda que ibas a poner en la azotea como tendedero y la amarré al mueble de la cocina y a la mesa, sujetando a su vez la cintura y piernas de Pepe.
La dispepsia hizo su llamada y tuve que ir al baño. Entre el cubata, el chocolate, la maría, los gritos de mi novia, tú que estabas como petrificada y el otro que ya estaba seguro de que no se iba a tirar a ningún lado, me fui a casa a descansar, que hoy tenía trabajo.
Siento haberos dejado sin tarta, la maría de Pepe se la devolveré en speed y por ahora no voy a hablar con mi novia, hasta que me explique por qué le daban carcajadas cada vez que me miraba.
Lo que está claro que si vamos a celebrar los doce meses de pareja, es mejor que me lleve una cámara para grabaros. Seguro que nos dan dinero y todo por Youtube.
Yo quiero agradecerte, Pelo de Fuego (AKA Thorpeda), que quisieras celebrarlo con mi novia y conmigo, pero sabiendo mis problemas estomacales, producidos por la dispepsia, no estuvo nada bien que pusieras el cactus, la Pepsi, el ron, la tarta de chocolate y demás bollería de pastelitos y cosas así.
Después de que se me pasara el enfado por no poder colocarme con vosotros (ya que el cactus os lo trajísteis de Amsterdam), el gran Pepe me dio su cajita de maría. Mientras yo liaba y fumaba mis Marlboros marianos, vosotros os dedicasteis a comer el cactus. Todo iba bien, hablábamos, reíamos, comentamos la postura de Rosa que tuvo conmigo en Málaga, charlamos sobre el curro de mi novia y sus problemas... hasta que Pepe se puso de pie, ando unos pasos atrás y empezó a decir que volaba, que nos veía desde arriba, pero ni volaba ni nada, estaba de pie, ahí mismo, delante de nosotros. Mi novia, que estaba sentada en el suelo a su lado, se quedó mirándolo, giró la cabeza para mirarnos a ti, Pelo de Fuego, y a mí y clavó la mirada en esa enorme lagartija bombilla que tienes sobre la pared. "¡Sí, sí, sí!", gritaba mi niña. "Sí, sí ¿qué?", le pregunté, me miró y empezó a reírse, como una loca, volvía a mirar a la lagartija y volvía a gritar el sí, sí, sí. Le dí un toque de atención, volvía a mirarme y a carcajadas conmigo. Acojonado miro a mi derecha y te veo, Pelo de Fuego, que sigues sentada conmigo en el sofá pero acurrucada en una esquinita, con las rodillas dándote en la frente mientras balbuceas algo como "el suelo no está, el suelo no está, el sofá está muy alto..." y no sé que más.
Allí me veo solo, con un tiarrón de dos metros, pelirrojo, de pie, con los brazos extendidos y mirándonos con una sonrisa que daba miedo, creyendo que está volando; mi novia que tenía dos puntos de fijación: la lagartija a la que le gritaba que sí, y luego yo que se descojonaba de la risa al mirarme y por último tú, Pelo de Fuego, en una esquina del sofá toda acurrucada diciendo no sé qué del suelo.
La actitud de mi novia me sentó muy mal ¿que coño me vería para reírse a carcajadas de mí, y qué vería en esa lagartija-bombilla para decirle sí a gritos? Volví a encender el canuto, lo aspiré, dí una bocanada amplia, me recosté sobre el sofá y me quedé observando a cada uno. Probé la tarta, los pastelillos, me hice un cubata... No dejaba de veros, era un espectador en medio de una obra.
Respecto a tu sms de esta mañana, por el tema de la cuerda de Pepe, fue que llegó un momento en que pensé que Pepe se tiraría por la ventana creyendo que era Superman, es por eso que agarré la cuerda que ibas a poner en la azotea como tendedero y la amarré al mueble de la cocina y a la mesa, sujetando a su vez la cintura y piernas de Pepe.
La dispepsia hizo su llamada y tuve que ir al baño. Entre el cubata, el chocolate, la maría, los gritos de mi novia, tú que estabas como petrificada y el otro que ya estaba seguro de que no se iba a tirar a ningún lado, me fui a casa a descansar, que hoy tenía trabajo.
Siento haberos dejado sin tarta, la maría de Pepe se la devolveré en speed y por ahora no voy a hablar con mi novia, hasta que me explique por qué le daban carcajadas cada vez que me miraba.
Lo que está claro que si vamos a celebrar los doce meses de pareja, es mejor que me lleve una cámara para grabaros. Seguro que nos dan dinero y todo por Youtube.
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martes, 10 de junio de 2008
Mis tatuajes
La última vez que estuve con Lupe hablamos sobre los tatuajes, amén de otras cosas. Como me gustaría volver a verla, ya que últimamente la dispepsia no da para mucho, me permito enseñaros los dibujos que tengo en mente para tatuar sobre mi hermoso y preciado cuerpo escultórico, a su vez espero que si Lupe quisiera volver a verme no sea para tirarme por el balcón. Va por ti, P-tinta.
Lo primero es un búho con esa corona republicana ¿y por qué no? El segundo es una caricatura de unos dibujos de cuentos infantiles que mi madre me leía cuando uno era pequeñito; el resto son pimientos tipográficos y el último es el símbolo de los Judas Priest, impreso encima de esa ave fénix en plan tribal. Sobre los pimientos hay miles, pero estos por ahora me gustan más. Lo del pimiento no me preguntéis el por qué; eso sólo lo sabe mi novia, quien por cierto tiene un tatuaje muy bonito que se hizo mucho antes de conocerme.lunes, 9 de junio de 2008
Dispepsia (II parte)
-Rosa, no tengo dinero para un hotel.
-Yo tengo cheques de hoteles de cuando Rafa ¿vale?
Llegamos a un hotel de 3 estrellas en Málaga. Habitación doble con camas separadas. La recepcionista nos da la habitación 101. Subimos, abro la puerta de la habitación y hay una maleta encima de la cama y unos zapatos a sus pies.
-Esto está ocupado.
-Pues baja, chiquillo, que te den otra y rápido que la caldereta está haciendo efecto ¿vale?
La recepcionista se extraña y me da otra habitación, la 109. Subo, nos dirigimos al otro ala del hotel, abro la puerta y nos encontramos con un traje sobre la cama, la tele puesta y alguien que se está duchando con la puerta del baño cerrada.
-Hostias, que me cago, chiquillo.
Bajo corriendo de nuevo, la recepcionista se vuelve a extrañar, le pregunta a la compañera qué ocurre con esas habitaciones. "Perdón, se me olvidó hacer el cheking. Dale una superior. Perdone las molestias". Agradezco su atención y subo corriendo con la nueva tarjeta de nuestra nueva habitación, una superior. Abro la puerta y, sin esperar a que inspeccione si hay alguien, Rosa me empuja hacia un lado y se dirige directamente al baño. Entro con cautela y me asombro de la habitación tan grande. Tiene el servicio, un saloncito con un sofá ancho y una tele LCD; un mueble alto separa la habitación: una cama de matrimonio amplísima con otra tele LCD, una mesa, dos sillas y el mueblebar. Me tiro en la cama, enciendo la tele y me quedo dormido. Cuando despierto me encuentro solo y con picores, me ducho y me quito las pulgas; son cerca de las once y la dispepsia pide comer. Salgo y dejo la tarjeta en recepción por si vuelve Rosa. Voy a comer a un bar cercano. Pido algo ligero: un plato de berenjenas con miel, una dorada a la espalda y una tónica. La dispepsia me vuelve a atacar. Corro al hotel. Rosa ha subido con alguien, subo y llamo desesperado.
-¿Qué te pasa?
-Rosa que tengo que entrar, que no puedo.
-Ve al vater del hotel ¿vale? Y toma las llaves de la furgoneta, date una vuelta.
-Hostias, Rosa, no me hagas esto.
-Me lo debes.
Y me cierra la puerta. ¿Se lo debo? ¿Qué le debo? Maldita hija de puta y la dispepsia me recuerda que está conmigo. Bajo corriendo, el váter está estropeado, salgo del hotel y me dirijo a la furgona. Sin pensármelo dos veces entro en la furgona, cago, meo, me limpio por los sillones y vuelvo al hotel.
-Estas llaves son del 110, déselas mañana, por favor.
-Muy bien.
-¿Sabe si hay tren o autobús para Sevilla?
-Hay un autobús a las tres de la mañana o algo así.
-Gracias.
Voy a la estación y sí, había un autobús a esa hora. Compro el billete y espero tranquilamente en la estación hasta que llega la hora. El camino de vuelta se me hizo eterno, tenía flatulencias no olorosas, pero unos peos terribles, intentando que no sonaran. Terrible.
Al día siguiente me llama Rosa insultándome por teléfono y todas esas cosas. Es comprensible pues le dejo la cama del hotel llena de pulgas y la furgona llena también de pulgas y mierda.
Pues desde aquí te digo, Rosa, que te den por culo. Me has dejado tirado en la calle. Has perdido a Rafa por putón verbenero y ahora me pierdes a mi por ser una ninfómana asquerosa que no ha tenido ni la delicadeza de echarme un puto polvo de mierda. ¡Jódete! Yo no te debo nada y menos aguantar tus gilipolleces.
Me he comprado una caja de omeprazol y espero mejorar en estos días. El médico dice que puede ser estres. No me extraña teniendo amigos como los que tengo.
-Yo tengo cheques de hoteles de cuando Rafa ¿vale?
Llegamos a un hotel de 3 estrellas en Málaga. Habitación doble con camas separadas. La recepcionista nos da la habitación 101. Subimos, abro la puerta de la habitación y hay una maleta encima de la cama y unos zapatos a sus pies.
-Esto está ocupado.
-Pues baja, chiquillo, que te den otra y rápido que la caldereta está haciendo efecto ¿vale?
La recepcionista se extraña y me da otra habitación, la 109. Subo, nos dirigimos al otro ala del hotel, abro la puerta y nos encontramos con un traje sobre la cama, la tele puesta y alguien que se está duchando con la puerta del baño cerrada.
-Hostias, que me cago, chiquillo.
Bajo corriendo de nuevo, la recepcionista se vuelve a extrañar, le pregunta a la compañera qué ocurre con esas habitaciones. "Perdón, se me olvidó hacer el cheking. Dale una superior. Perdone las molestias". Agradezco su atención y subo corriendo con la nueva tarjeta de nuestra nueva habitación, una superior. Abro la puerta y, sin esperar a que inspeccione si hay alguien, Rosa me empuja hacia un lado y se dirige directamente al baño. Entro con cautela y me asombro de la habitación tan grande. Tiene el servicio, un saloncito con un sofá ancho y una tele LCD; un mueble alto separa la habitación: una cama de matrimonio amplísima con otra tele LCD, una mesa, dos sillas y el mueblebar. Me tiro en la cama, enciendo la tele y me quedo dormido. Cuando despierto me encuentro solo y con picores, me ducho y me quito las pulgas; son cerca de las once y la dispepsia pide comer. Salgo y dejo la tarjeta en recepción por si vuelve Rosa. Voy a comer a un bar cercano. Pido algo ligero: un plato de berenjenas con miel, una dorada a la espalda y una tónica. La dispepsia me vuelve a atacar. Corro al hotel. Rosa ha subido con alguien, subo y llamo desesperado.
-¿Qué te pasa?
-Rosa que tengo que entrar, que no puedo.
-Ve al vater del hotel ¿vale? Y toma las llaves de la furgoneta, date una vuelta.
-Hostias, Rosa, no me hagas esto.
-Me lo debes.
Y me cierra la puerta. ¿Se lo debo? ¿Qué le debo? Maldita hija de puta y la dispepsia me recuerda que está conmigo. Bajo corriendo, el váter está estropeado, salgo del hotel y me dirijo a la furgona. Sin pensármelo dos veces entro en la furgona, cago, meo, me limpio por los sillones y vuelvo al hotel.
-Estas llaves son del 110, déselas mañana, por favor.
-Muy bien.
-¿Sabe si hay tren o autobús para Sevilla?
-Hay un autobús a las tres de la mañana o algo así.
-Gracias.
Voy a la estación y sí, había un autobús a esa hora. Compro el billete y espero tranquilamente en la estación hasta que llega la hora. El camino de vuelta se me hizo eterno, tenía flatulencias no olorosas, pero unos peos terribles, intentando que no sonaran. Terrible.
Al día siguiente me llama Rosa insultándome por teléfono y todas esas cosas. Es comprensible pues le dejo la cama del hotel llena de pulgas y la furgona llena también de pulgas y mierda.
Pues desde aquí te digo, Rosa, que te den por culo. Me has dejado tirado en la calle. Has perdido a Rafa por putón verbenero y ahora me pierdes a mi por ser una ninfómana asquerosa que no ha tenido ni la delicadeza de echarme un puto polvo de mierda. ¡Jódete! Yo no te debo nada y menos aguantar tus gilipolleces.
Me he comprado una caja de omeprazol y espero mejorar en estos días. El médico dice que puede ser estres. No me extraña teniendo amigos como los que tengo.
domingo, 8 de junio de 2008
Dispepsia (I parte)
Dos semanas llevo con un dolor estomacal que no me deja hacer nada. Ni siquiera el amor. Me siento fatal, hasta mi novia se extraña de que no quiera follar o al menos algún juego sexual. No estoy en condiciones de nada, y eso que cuando la veo me dan ganas de saltarme al cuello de ella, pero el cuerpo dice que no, que me quede sentado tranquilo.
Debe ser algo más que la maldita dispepsia, porque incluso me ha pasado con Lupita, y ésta casi me tira por la ventana por no querer nada con ella. Normal. Si con mi novia no tengo ganas pues con otra menos, y además que estoy intentando centrar mi vida un poco.
Aunque primero debería aprender a decir que no, luego podré centrarme. Una de las peores situaciones en la que he estado, por culpa de la dispepsia, ha sido durante estos días. Por eso no he escrito nada, pues he estado fuera.
Rosa me pidió esta semana que la acompañase a Marbella, necesitaba recoger unos muebles antiguos. Como ya no está con Rafa, y como soy un muy buen amigo suyo, la acompañé. No supe decir que no. Los tres cogimos la furgoneta camino de Marbella: Rosa, la dispepsia y yo.
Ya en Marbella nos dirigimos a la casa de una señora a llevarnos sus muebles. Yo tengo hambre, al menos eso dice la dispepsia, se lo comento a Rosa y, antes de ir a la casa de la mujer, me lleva a un restaurante cerca del puerto.
-Deja que yo pida ¿vale?
-Rosa que no puedo comer en cantidad...
-Deja, deja, que el pescado de aquí está muy bueno.
-Rosa voy un momento al baño.
Me levanto voy al baño, me peo terriblemente, me entran sudores y molestias. Salgo, me lavo las manos y cuando llego a la mesa había un plato enorme de calamares, otro de ensaladilla y una ensalada más grande aún.
-He pedido caldereta también. He visto a un tio comerla y me han entrado ganas ¿vale?
-Rosa, por dios, te he dicho...
-Ah, toma, la jarra de cerveza para ti, yo me he pedido Pepsi Light ¿vale?
-Joer, Rosa.
Como uno no sabe decir que no, comí de todo; Rosa no se quedaba atrás.
Al poco de salir del restaurante me entran unas terribles ganas de volver al servicio.
-Vamos a casa de la vieja ¿vale?
-Rosa, que no puedo más.
-Allí lo haces, ¿vale?
Llegamos y tal como me presenta me dirijo rápidamente al servicio. Sentado y descargando me doy cuenta de los centenares de botes que hay por todo el baño. Medio termino mi tarea y salgo en busca de Rosa. Veo más botes por el pasillo y oigo a la señora decir:
-¿Termitas?
-Sí, mira tiene agujeritos por toda esta zona.
-Anda, pues sí y no tiene buen olor la madera, qué raro. Pues mira, éste lo dejamos aquí, le decimos que no tenemos tanto sitio ¿vale?
-Oye estoy con picores y...
-Yo también, la hijadeputa es una guarra de mucho cuidado, y tengo picores hasta en el coño. Así que vamos a montar los muebles y pillamos un hotel para ducharnos ¿vale?
Cogimos los muebles, los metimos en la furgoneta y directamente a un hotel de Málaga.
Debe ser algo más que la maldita dispepsia, porque incluso me ha pasado con Lupita, y ésta casi me tira por la ventana por no querer nada con ella. Normal. Si con mi novia no tengo ganas pues con otra menos, y además que estoy intentando centrar mi vida un poco.
Aunque primero debería aprender a decir que no, luego podré centrarme. Una de las peores situaciones en la que he estado, por culpa de la dispepsia, ha sido durante estos días. Por eso no he escrito nada, pues he estado fuera.
Rosa me pidió esta semana que la acompañase a Marbella, necesitaba recoger unos muebles antiguos. Como ya no está con Rafa, y como soy un muy buen amigo suyo, la acompañé. No supe decir que no. Los tres cogimos la furgoneta camino de Marbella: Rosa, la dispepsia y yo.
Ya en Marbella nos dirigimos a la casa de una señora a llevarnos sus muebles. Yo tengo hambre, al menos eso dice la dispepsia, se lo comento a Rosa y, antes de ir a la casa de la mujer, me lleva a un restaurante cerca del puerto.
-Deja que yo pida ¿vale?
-Rosa que no puedo comer en cantidad...
-Deja, deja, que el pescado de aquí está muy bueno.
-Rosa voy un momento al baño.
Me levanto voy al baño, me peo terriblemente, me entran sudores y molestias. Salgo, me lavo las manos y cuando llego a la mesa había un plato enorme de calamares, otro de ensaladilla y una ensalada más grande aún.
-He pedido caldereta también. He visto a un tio comerla y me han entrado ganas ¿vale?
-Rosa, por dios, te he dicho...
-Ah, toma, la jarra de cerveza para ti, yo me he pedido Pepsi Light ¿vale?
-Joer, Rosa.
Como uno no sabe decir que no, comí de todo; Rosa no se quedaba atrás.
Al poco de salir del restaurante me entran unas terribles ganas de volver al servicio.
-Vamos a casa de la vieja ¿vale?
-Rosa, que no puedo más.
-Allí lo haces, ¿vale?
Llegamos y tal como me presenta me dirijo rápidamente al servicio. Sentado y descargando me doy cuenta de los centenares de botes que hay por todo el baño. Medio termino mi tarea y salgo en busca de Rosa. Veo más botes por el pasillo y oigo a la señora decir:
- Llevo un mes de cabeza totalmente un currazo a limpiar impresionante y una pasta en matabichos que también es increíble, horroroso... tengo dos gatas requetecaseras que no se sabe cómo se me llenaron de pulgas y de paso toda la casa.
Y yo que creía que los repentinos picores en mis piernas y culo era por la dispepsia y el pescado. Rosa me indica los muebles a recoger. La señora sigue con su batalla pulgicida y le enseña a Rosa los botes del cuarto de baño. En ese momento me ataca otra vez la dispepsia. No puedo ir al cuarto a echar a las dos para ocuparlo ¡otra vez! Uno de los muebles que debemos llevarnos es alargado y tiene una tapa superior, sin pensarmelo dos veces me subo encima y vuelvo a descargar. Los picores siguen. Ellas también siguen hablando en el cuarto de baño. Cojo mis pañuelos y acabo la deposición. Entonces me doy cuenta de lo que he hecho, cagarme encima de uno de los muebles que debemos llevarnos. Vienen las dos mujeres.
-Rosa, Rosa, ven por favor.
-Dime, chiquillo.
-Este mueble tiene termitas y huele mal.Y yo que creía que los repentinos picores en mis piernas y culo era por la dispepsia y el pescado. Rosa me indica los muebles a recoger. La señora sigue con su batalla pulgicida y le enseña a Rosa los botes del cuarto de baño. En ese momento me ataca otra vez la dispepsia. No puedo ir al cuarto a echar a las dos para ocuparlo ¡otra vez! Uno de los muebles que debemos llevarnos es alargado y tiene una tapa superior, sin pensarmelo dos veces me subo encima y vuelvo a descargar. Los picores siguen. Ellas también siguen hablando en el cuarto de baño. Cojo mis pañuelos y acabo la deposición. Entonces me doy cuenta de lo que he hecho, cagarme encima de uno de los muebles que debemos llevarnos. Vienen las dos mujeres.
-Rosa, Rosa, ven por favor.
-Dime, chiquillo.
-¿Termitas?
-Sí, mira tiene agujeritos por toda esta zona.
-Anda, pues sí y no tiene buen olor la madera, qué raro. Pues mira, éste lo dejamos aquí, le decimos que no tenemos tanto sitio ¿vale?
-Oye estoy con picores y...
-Yo también, la hijadeputa es una guarra de mucho cuidado, y tengo picores hasta en el coño. Así que vamos a montar los muebles y pillamos un hotel para ducharnos ¿vale?
Cogimos los muebles, los metimos en la furgoneta y directamente a un hotel de Málaga.
lunes, 2 de junio de 2008
Cena con amigos
Dani nos invitó, unos cuatro amigos, a cenar a su casa. No vino ninguna mujer porque así lo quiso el anfitrión. Yo quería ir con mi novia, e incluso llamé a Lupe para que se viniera; una foundé de queso da para mucha gente; pero la repentina misogínia de Dani hizo que yo no pudiera disfrutar de queso fundido sobre los pechos de las mujeres.
Los cuatro amigos fuimos juntos. Desde el zaguán de la casa de Dani pudímos ver que en el salón había una gran mesa con cuencos variados de pan, gambas, salchichas, cebollitas y otras delicadezas; un enorme recipiente, en medio de tanto cuenco, con un pequeño candil que lo calentaba; varias botellas de Pepsi; vasos; hielo; cubiertos y platos.
Sin más mediar cada uno se dirigió a su silla, dos a un lado y dos a otro, Dani presidiendo la mesa. Ésta no era ya tan grande. Cupimos sacando cada comensal de los laterales una pierna fuera, y movimos las silla un poco de lado para no clavar los codos al compañero. Dani estaba perfectamente sentado.
Uno trató de coger hielo y servirlo en las copas, pero estaban todos pegados, para separarlos cogió su pincho de la foundé y arremetió contra los hielos. Empezaron a volar trozos por todo el salón, cayeron en la mesa, dentro de la foundé... pero en los vasos, no. Mientras otro abría una botella de Pepsi y, sin querer, tiró dos cuencos al suelo, el tercer compañero se dedicó a recoger las salchichas y cebollitas redondas que se esparcían por el suelo, al igual que el hielo. Yo pinché en un pan y lo metí en el enorme recipiente, en esto el que recogía las cosas del suelo me da con su cabeza en mi brazo, y el pan que tenía lleno de queso va a parar a la camiseta de Dani. "No pasa nada, no pasa nada", decía.Conseguido el separar los hielos, recoger la comida del suelo y limpiar un poco la camiseta de Dani, seguimos con la opípara cena. Cada cuenco, cada vaso, cada cubierto y cada botella estaba colocado de forma muy medida para que cupiera en la mesa. Si movías algo un poco más, o menos, de donde estaba, ya no cabía otra cosa, por lo que muchas veces hacíamos turno para "mojar" los pinchos, ya que uno llegaba a tener en sus manos hasta cuatro vasos, botella de Pepsi y cubiertos; y no hablemos de los cuencos o el hielo.
Dani, cansado de aguantar el cuenco de pan y el cuenco de cebollitas, ordenó de nuevo la mesa. Vuelta al inicio. Duró poco. Así hasta unas cuatro veces. En una de sus órdenes a alguien se le cayó un cuenco, a otro se le fue la botella que dio con el enorme recipiente de foundé, el cual se cayó y se vertió por toda la mesa, y más allá; el candil también cayó al suelo y prendió fuego al mantel de papel. Yo no recuerdo qué más pasó. Eso sí, me mojaron de Pepsi. Entre Dani que lanzaba los hielos contra el mantel, uno que agitaba las botellas de Pepsi para que el chorro llegara más lejos, otro que recogía los cuencos y la comida que había por el suelo, y el otro que pedía un móvil que el suyo estaba sin saldo para llamar a los bomberos, estaba yo yendo a la cocina a por la fregona y el cubo para recoger la foundé, la pepsi y los hielos que estaban ensuciando el parqué del salón de Dani.
Ya limpiado, apagado y recogido la mesa y el salón, nos despedimos de Dani.
Perdón, por esto, perdón por aquello; menos mal que no han venido las mujeres; la foundé estaba muy buena; el pan exquisíto, al igual que las gambas... Adios, adios, ya haremos una más tranquila. Y nos fuimos los cuatro a comer a un Telepizza. Había cortado Dani las gambas, el pan, las cebollitas, las salchicas y otras delicadezas en tamaños tan pequeños, tan chicos, tan ná de ná que por más que mojaras lo que chupabas era el pincho de metal con sabor a queso.
Las cosas de estar aprendiendo ser pinche de cocina.viernes, 30 de mayo de 2008
Cuernos en la pareja
Ayer estuve en casa de Rafa, cenando. Lo ha dejado con su novia, Rosa. Él está... como aliviado y feliz. Mientras comíamos unas pizzas, bebíamos cerveza y hablábamos de su futuro, llamó un amigo suyo. Otro que rompe con su pareja. Se llevaron hablando un buen rato, y aproveché para encender la Play y jugar a los coches. Bajé el volumen de la tele porque le molestaba, pero sin querer se me fue el oído a su conversación. Mucho ánimo, mucha fuerza y entereza, mucho amor de familiares y amigos y, sobre todo, que hoy en día un amor no dura para siempre; se decían los compañeros.
Un amor no dura para siempre. Esta frase me hizo reflexionar sobre mi relación con mi "chochito". Cierto es que no he sido fiel, al igual que sé que ella tampoco me ha sido fiel, pero aún así tenemos una relación fortificada. De hecho creemos que la fidelidad es algo más relacionado con la religión que con el ser humano, pero tras escuchar a Rafa y su amigo me surgieron verdaderas dudas. Yo quiero estar con ella toda la vida, ésto creo que lo tengo claro ¿y ella? Bastante aguanta de mí, pero ¿y yo de ella?
Suelto el mando de la Play, cojo mi móvil, la llamo, descuelga y le pregunto: ¿quieres vivir conmigo siempre? "¿A qué viene eso?", me pregunta. "Te quiero, y no me gustaría que estuvieras en mano de otro hombre", le digo con delicada voz. "Te quiero, siempre te he querido, y siempre te querré, pero ahora mismo estoy con La Cubana haciéndolo y... y... te llamo luego". Me colgó.
Una cosa es clara, sé que no me pondrá más los cuernos con un tio. Eso me alivió bastante.
Volví a coger mi mando de la play, a esto que llega Rafa y me dice: ¿un porrito?. "Claro que sí". "Qué guarras son las tías", me dice. "Pues sí", le respondo mientras vuelvo a poner el coche en la carretera.
Camino de vuelta a casa me llama mi novia. El "boliche mechado", creo que me dijo, les había salido bien y que mañana (por hoy) fuera a comer a su casa, con sus padres, para comernoslo. Desde luego La Cubana sabe cocinar muy bien.
Un amor no dura para siempre. Esta frase me hizo reflexionar sobre mi relación con mi "chochito". Cierto es que no he sido fiel, al igual que sé que ella tampoco me ha sido fiel, pero aún así tenemos una relación fortificada. De hecho creemos que la fidelidad es algo más relacionado con la religión que con el ser humano, pero tras escuchar a Rafa y su amigo me surgieron verdaderas dudas. Yo quiero estar con ella toda la vida, ésto creo que lo tengo claro ¿y ella? Bastante aguanta de mí, pero ¿y yo de ella?
Suelto el mando de la Play, cojo mi móvil, la llamo, descuelga y le pregunto: ¿quieres vivir conmigo siempre? "¿A qué viene eso?", me pregunta. "Te quiero, y no me gustaría que estuvieras en mano de otro hombre", le digo con delicada voz. "Te quiero, siempre te he querido, y siempre te querré, pero ahora mismo estoy con La Cubana haciéndolo y... y... te llamo luego". Me colgó.
Una cosa es clara, sé que no me pondrá más los cuernos con un tio. Eso me alivió bastante.
Volví a coger mi mando de la play, a esto que llega Rafa y me dice: ¿un porrito?. "Claro que sí". "Qué guarras son las tías", me dice. "Pues sí", le respondo mientras vuelvo a poner el coche en la carretera.
Camino de vuelta a casa me llama mi novia. El "boliche mechado", creo que me dijo, les había salido bien y que mañana (por hoy) fuera a comer a su casa, con sus padres, para comernoslo. Desde luego La Cubana sabe cocinar muy bien.
jueves, 29 de mayo de 2008
Monologando que es gerundiando
Acabo de venir del vater, he visto a mi novia riéndose delante del ordenador y me ha pedido que cuelgue este monólogo que he tenido con Bass antes de ir al servicio.
Yo: hola su tabaco, gracias. Yo conocí una Gracia que más que tetas lo que tenía eran globos sondas y encima se mete a odontóloga ¿con esas tetas? Vamos, parece Amacord. Que se agacha para ver a un paciente, se le muere de un infarto
Enviado a 13:18 del jueves
Yo: ¿Iremos seta noche al cine? Yo mañana por la mañana tengo trabajo, maldita sea mi estampa. Si tuviera las tetas de Gracia ni a doctora me metía, la reina del porno teta sería.
Vaya Gracia la de Gracia. Daba gusto hablar con ella, y verla.
Enviado a 13:21 del jueves
Yo: si tuvieras que comprarte una consola ¿cual elegirías? Entre ps3, wii xbox... dios qué jaleo, es como elegir o una teta o la otra de Gracia
Enviado a 13:25 del jueves
Yo: Illo ¿qué me dices de Blade Runner? Toy por comprarme el dvd. Lo que más me mola de la peli es la replicante lagartona, warraaaaa
Enviado a 13:27 del jueves
Yo: aunque warra me he puesto en más de un sueño con las tetas de Gracia. ¿Qué estará haciendo y dónde? ¿Qué cabrón habrá tenido la suerte de chupar esas peazos de ubres?
Enviado a 13:29 del jueves
Yo: Y Rosa el otro día contándome que le va mal con el novio, y yo dándole abracito pacá, abracito pallá... La tenía pa partir nueces, pero claro ella contando su problema y yo pensando en la forma de partirla en dos mientra le tiro del cabello y le grito ¡toma polla, toma! No se puede ser tan amigo de la novia de tu amigo, ni del novio de tu amiga, hostias.
Enviado a 13:31 del jueves
Yo: ¿Estas? Bueno si no estas es que no estas y punto, tampoco vamos a hacer un drama del asunto, aunque me jodería saber que estas y haces como si no estuvieras, porque entonces no tendría sentido el que tuvieras conectado el gmail para que algún desaprensivo te estuviese leyendo las cartas de amor que te envío
Enviado a 13:39 del jueves
Yo: porque espero que no sepan nada de lo nuestro, me moriría de vergüenza si lo supieran, y eso que aún sueño con las tetas de Gracia. Oye, que no te estoy pidiendo que te pongas tetas ni nada de eso, estas muy bien tal y como estas, solo que llevo tiempo soñando con esas grandes tetas.
Enviado a 13:41 del jueves
Yo: bueno al caso, que mañana tengo curro y no puedo irme de parranda esta noche, cosa que me gustaría sabes, pero no me llega el dinero para comprar farlopa y tomar cubatas.
Si tuviera las tetas de Gracia no me haría ni mesa pa hacer las rayas, aes.
Enviado a 13:44 del jueves
Yo: por cierto me tienes que devolver la american que la usaste para enrrallarte y aún no me la has devuelto, que no me importa porque para eso somos pareja, pero que no me gustaría que se extraviara, ¿entiendes?
Enviado a 13:45 del jueves
Yo: Voy a echar un ñordo, si te apetece me llamas o un sms, que no tienes ganas lo puedo entender pero no me pidas luego que te haga la manicura y que te recorte las cejas ¿vale?
Ta luego, que mi niña apremia pa irnos a comer. Un saludo a PTinta y a sus criaturitas.
Yo: hola su tabaco, gracias. Yo conocí una Gracia que más que tetas lo que tenía eran globos sondas y encima se mete a odontóloga ¿con esas tetas? Vamos, parece Amacord. Que se agacha para ver a un paciente, se le muere de un infarto
Enviado a 13:18 del jueves
Yo: ¿Iremos seta noche al cine? Yo mañana por la mañana tengo trabajo, maldita sea mi estampa. Si tuviera las tetas de Gracia ni a doctora me metía, la reina del porno teta sería.
Vaya Gracia la de Gracia. Daba gusto hablar con ella, y verla.
Enviado a 13:21 del jueves
Yo: si tuvieras que comprarte una consola ¿cual elegirías? Entre ps3, wii xbox... dios qué jaleo, es como elegir o una teta o la otra de Gracia
Enviado a 13:25 del jueves
Yo: Illo ¿qué me dices de Blade Runner? Toy por comprarme el dvd. Lo que más me mola de la peli es la replicante lagartona, warraaaaa
Enviado a 13:27 del jueves
Yo: aunque warra me he puesto en más de un sueño con las tetas de Gracia. ¿Qué estará haciendo y dónde? ¿Qué cabrón habrá tenido la suerte de chupar esas peazos de ubres?
Enviado a 13:29 del jueves
Yo: Y Rosa el otro día contándome que le va mal con el novio, y yo dándole abracito pacá, abracito pallá... La tenía pa partir nueces, pero claro ella contando su problema y yo pensando en la forma de partirla en dos mientra le tiro del cabello y le grito ¡toma polla, toma! No se puede ser tan amigo de la novia de tu amigo, ni del novio de tu amiga, hostias.
Enviado a 13:31 del jueves
Yo: ¿Estas? Bueno si no estas es que no estas y punto, tampoco vamos a hacer un drama del asunto, aunque me jodería saber que estas y haces como si no estuvieras, porque entonces no tendría sentido el que tuvieras conectado el gmail para que algún desaprensivo te estuviese leyendo las cartas de amor que te envío
Enviado a 13:39 del jueves
Yo: porque espero que no sepan nada de lo nuestro, me moriría de vergüenza si lo supieran, y eso que aún sueño con las tetas de Gracia. Oye, que no te estoy pidiendo que te pongas tetas ni nada de eso, estas muy bien tal y como estas, solo que llevo tiempo soñando con esas grandes tetas.
Enviado a 13:41 del jueves
Yo: bueno al caso, que mañana tengo curro y no puedo irme de parranda esta noche, cosa que me gustaría sabes, pero no me llega el dinero para comprar farlopa y tomar cubatas.
Si tuviera las tetas de Gracia no me haría ni mesa pa hacer las rayas, aes.
Enviado a 13:44 del jueves
Yo: por cierto me tienes que devolver la american que la usaste para enrrallarte y aún no me la has devuelto, que no me importa porque para eso somos pareja, pero que no me gustaría que se extraviara, ¿entiendes?
Enviado a 13:45 del jueves
Yo: Voy a echar un ñordo, si te apetece me llamas o un sms, que no tienes ganas lo puedo entender pero no me pidas luego que te haga la manicura y que te recorte las cejas ¿vale?
Ta luego, que mi niña apremia pa irnos a comer. Un saludo a PTinta y a sus criaturitas.
lunes, 26 de mayo de 2008
Toma Sevici
Pelo de Fuego y Pepe se fueron este finde a la playa por lo que me prestaron sus carnés de Sevici (el alquiler de bicicletas de Sevilla). Cosa que agradezco mucho, hasta cierto punto. Mi novia y yo decidimos que el domingo por la mañana era un buen momento para dar un paseo y probar este servicio municipal. Quedamos en una estación de bicis, sacamos nuestros respectivos carnés y ¡alehop!, bici para ella, bici para mi.
Grandes, pesadas, sin amortiguación alguna, un carril bici atestado de peatones y protestando a nuestro paso... ¡vaya civismo! Mi novia estaba cabreada.
Tal y como nos dijeron, Pelo de Fuego y Pepe, cada 30 minutos cambiábamos las bicis en la siguiente estación, así no tarificaba su uso y no le quitaban dinero de la cuenta. Mi novia estaba atenta al reloj y dijo que ya se acercaba el momento de dirigirnos a nuestra primera estación.
El pesado manillar me había hecho varias jugarretas bailando de izquierda a derecha; su control es harto complicado; las marchas, que están en el manillar, cambiaban sin querer y le costaba mucho subir de la de "peladea 30 veces para un metro" a la de "peladea 20 veces para un metro", e imposible llegar a la de "peladea 10 veces para un metro". A mi novia se le iba la rueda de atrás de un lado para otro cada vez que pisaba un charco, y a punto estuvo de caerse. Y la caída vino. La mía.
No sé cómo pasó que se puso en la "supermarcha" directamente de la "lentamarcha", por lo que cogí velocidad; sumado a la rigidez pesada del manillar; más a un charquito de los que hacía bailar a mi novia y a una curvita de nada, caí con tal violencia que rodé unos metros. Mi novia sólo sabía decir: la bici, dios mío, la bici. Yo estaba bocarriba, con un dolor en la rodilla, y mirando pasar las nubes blancas y grises que dejaban entrever el cielo azul iluminado por el Sol. Me incorporo y no veo a nadie a nuestro alrededor. Todo el camino con gente y en el momento más jodido no hay nadie. Mi novia que sólo llegaba a decir: hostias la bici, la bici, joder, la bici, dios mío, la bici. "Y yo ¿qué? Tanta puta bici, hostias", digo cabreado mientras me miro la pierna. Un raspón tremendo en la rodilla, un golpe en el hombro y molestias, menores, en las muñecas. "Perdona ¿estas bien?", me dice dulcemente mi amor. "Sí, chochito. ¡Hostias, la bici!", digo estupefacto.
No sé con qué, ni cómo, ni por qué, pero la bicicleta se había roto de tal forma que sólo quedaba un hierro con el agarre de la estación. Una rueda había ida a para más allá de lo que había hecho yo; el manillar estaba en dos, el sillín partido; los pedales rotos; el guardabarro rojo hecho añicos... Hostias, la bici. Y ¿ahora qué? ¿Se cobrará el ayuntamiento los 150€ por la bicicleta que le retienen en la cuenta a Pepe? ¿Qué hacemos? Los nervios me empezaron a aflorar, pero mi novia cogío el trozo de hierro con el agarre y dijo: "vamos a la siguiente estación y lo enganchamos como si estuviera la bici puesta, ¿vale?". Hostias que sí, hostias que fuimos y lo hicimos, y hostias que el ordenador dijo que sí. ¡Genial! Me encanta mi niña. Le hemos ahorrado a Pelo de Fuego y Pepe las tarificaciones y el tener que pagar la bici.
Hoy me he hecho una fotico del accidente, no es nada pero ¡dios! cómo quema el Betadine.

Me parece a mi que el servicio de Sevici lo va a coger el que yo me sé. ¡TUSSAM AL PODER! Donde esté mi quad que se quite lo demás.
Grandes, pesadas, sin amortiguación alguna, un carril bici atestado de peatones y protestando a nuestro paso... ¡vaya civismo! Mi novia estaba cabreada.
Tal y como nos dijeron, Pelo de Fuego y Pepe, cada 30 minutos cambiábamos las bicis en la siguiente estación, así no tarificaba su uso y no le quitaban dinero de la cuenta. Mi novia estaba atenta al reloj y dijo que ya se acercaba el momento de dirigirnos a nuestra primera estación.
El pesado manillar me había hecho varias jugarretas bailando de izquierda a derecha; su control es harto complicado; las marchas, que están en el manillar, cambiaban sin querer y le costaba mucho subir de la de "peladea 30 veces para un metro" a la de "peladea 20 veces para un metro", e imposible llegar a la de "peladea 10 veces para un metro". A mi novia se le iba la rueda de atrás de un lado para otro cada vez que pisaba un charco, y a punto estuvo de caerse. Y la caída vino. La mía.
No sé cómo pasó que se puso en la "supermarcha" directamente de la "lentamarcha", por lo que cogí velocidad; sumado a la rigidez pesada del manillar; más a un charquito de los que hacía bailar a mi novia y a una curvita de nada, caí con tal violencia que rodé unos metros. Mi novia sólo sabía decir: la bici, dios mío, la bici. Yo estaba bocarriba, con un dolor en la rodilla, y mirando pasar las nubes blancas y grises que dejaban entrever el cielo azul iluminado por el Sol. Me incorporo y no veo a nadie a nuestro alrededor. Todo el camino con gente y en el momento más jodido no hay nadie. Mi novia que sólo llegaba a decir: hostias la bici, la bici, joder, la bici, dios mío, la bici. "Y yo ¿qué? Tanta puta bici, hostias", digo cabreado mientras me miro la pierna. Un raspón tremendo en la rodilla, un golpe en el hombro y molestias, menores, en las muñecas. "Perdona ¿estas bien?", me dice dulcemente mi amor. "Sí, chochito. ¡Hostias, la bici!", digo estupefacto.
No sé con qué, ni cómo, ni por qué, pero la bicicleta se había roto de tal forma que sólo quedaba un hierro con el agarre de la estación. Una rueda había ida a para más allá de lo que había hecho yo; el manillar estaba en dos, el sillín partido; los pedales rotos; el guardabarro rojo hecho añicos... Hostias, la bici. Y ¿ahora qué? ¿Se cobrará el ayuntamiento los 150€ por la bicicleta que le retienen en la cuenta a Pepe? ¿Qué hacemos? Los nervios me empezaron a aflorar, pero mi novia cogío el trozo de hierro con el agarre y dijo: "vamos a la siguiente estación y lo enganchamos como si estuviera la bici puesta, ¿vale?". Hostias que sí, hostias que fuimos y lo hicimos, y hostias que el ordenador dijo que sí. ¡Genial! Me encanta mi niña. Le hemos ahorrado a Pelo de Fuego y Pepe las tarificaciones y el tener que pagar la bici.
Hoy me he hecho una fotico del accidente, no es nada pero ¡dios! cómo quema el Betadine.

Me parece a mi que el servicio de Sevici lo va a coger el que yo me sé. ¡TUSSAM AL PODER! Donde esté mi quad que se quite lo demás.
domingo, 25 de mayo de 2008
Ánimo Bass
Anoche estaba lloviznando aunque quedamos con el holandés Niels; con la Cubana; con la alemana Naty y su novio de aquí; con José Alberto; Mirta; Alfonsa; Paco y Reyes. Un tropel de gente y yo sin ganas de nada.
Fuimos primero a tomarnos unas tapitas. José Alberto no dejaba de atacar a la Cubana; Naty hablaba y hablaba de su trabajo, mientras su novio asentía y la señalaba con el dedo cada dos por tres; Alfonsa escuchaba a Naty; Paco, Reyes y Mirta hablaban de otra cosa y yo estaba con mi novia y el holandés hablando de Holanda, la marihuana y esas cosas.
Nos pedimos una tanda de montaditos. Alfonsa, que no quería comer nada, acabó quitándome dos montaditos; la Cubana ya empezaba a dejar caer su mano sobre el muslo de José Alberto; Naty dejó de hablar y ahora era el novio quien comentaba lo que ella tenía que soportar en el trabajo, entonces era Naty quien asentaba entre mordisco al montadito, buchito a la cerveza y mordisco al montadito; Alfonsa comía; Paco y Reyes atendían al novio de la alemana; Niels hablaba con mi novia sobre cómo plantar maría en nuestro futuro piso y yo empecé a charlar con Mirta sobre el día y las pocas ganas de salir que tenía.
Acabadas tres tandas de montaditos Alfonsa dijo de ir a otro sitio. Empezamos a dirigirnos para la Alameda pero en ese momento cayó una tromba de agua. "¡Seguidme!", dijo Mirta, y nos metió en un hotel. Nos hizo subir a la azotea; allí han puesto una especie de bar con amplios sillones. No había nadie. De la montera caían chorros de agua, la luz se había cortado pero habían puesto velas por algunas mesas. La única luz que teníamos, a parte de las velas, era la del bar y la del servicio. Juntamos dos mesas, las colocamos entre dos "cataratas" de agua, le dimos la vuelta a varios cojines porque estaban mojados, y fui a la barra a pedir. Nueve mojitos, y dos Pepsis. La camarera me dice en voz baja: tengo Brugal pero para ti y para mí en mi casa. A esto que se acerca mi novia y la camarera saca una botella de ron blanco con "es el que me queda". Yo me doy la vuelta y me siento, dejo allí a mi novia sola. La lluvia golpea con furia la montera.
Las velas hace aquello muy acogedor.
Con nuestras bebidas alrededor de la mesa estamos: José Alberto que ya se besa con la cubana, a su lado está Alfonsa; los tres en el mismo sillón. A su izquierda en dos sillones Naty y su novio; en otros dos Paco y Reyes; en otro sillón Niels, y en otro grande mi novia, Mirta y yo.
Empezaba la noche a animarse, al menos para mí, pero la lluvia entró con furia acompañado de truenos y relámpagos. De la oscuridad salían fogonazos enormes que emblanquecían el cielo y Niels (dos metros de tio, muy delgado, de pelo y bigote rubio, con voz profunda), se dobló sobre sus piernas, se hundió en el sillón y gritaba histérico en holandés. Gritaba y lloraba. Paco y Reyes intentaban consolarlo para llevarselo de allí, por lo visto los truenos y relámpagos le asustan. A esto que oigo a Naty reírse como una loca, el novio de ella intentando calmarla, me doy cuenta que se ríe de la Cubana y Alfonsa que se estan enrrollando ¡bestialmente! y José Alberto está en plan voyeur tocandose los huevos, mi novia se levanta para ayudar a Paco y Reyes con Niels, mientras Mirta me echa el brazo encima, me come la oreja y me dice que a ella la llaman "la reina anal". Noto que la humedad del cojín ha llegado a mis pantalones y me hace sentir incómodo. En ese momento sólo oigo los gritos histéricos de Niels, la risa histérica de Naty y el resonar de "reina anal" en mi cabeza. Me levanto como un resorte "tengo el pantalón mojado", le digo a Mirta; "yo las bragas", me contesta. Me giro, veo a mi novia, salgo del sillón, y la agarro del brazo, "necesito salir de aquí", le digo. Ella está preocupada con Niels.
La tranquilidad en la que estábamos, y la que necesitaba, se tornó locura en un momento.
Allí dejé a todos, llamé al ascensor, se abren las puertas y me empuja adentro Mirta.
Hoy he hablado con mi novia por lo de ayer, al final lograron sacar al holandés cuando dejó de llover, José Alberto se fue solo a casa mientras que la Cubana se lió con el novio de Naty y ésta con Alfonsa. Yo... me disculpé con mi novia porque uno, aquella noche, fue súbdito de la Reina Anal.
Desde aquí quiero dar todo mi apoyo a José Alberto, Bass.
Te quiero, novia mía. Tú si que eres mi reina.
Fuimos primero a tomarnos unas tapitas. José Alberto no dejaba de atacar a la Cubana; Naty hablaba y hablaba de su trabajo, mientras su novio asentía y la señalaba con el dedo cada dos por tres; Alfonsa escuchaba a Naty; Paco, Reyes y Mirta hablaban de otra cosa y yo estaba con mi novia y el holandés hablando de Holanda, la marihuana y esas cosas.
Nos pedimos una tanda de montaditos. Alfonsa, que no quería comer nada, acabó quitándome dos montaditos; la Cubana ya empezaba a dejar caer su mano sobre el muslo de José Alberto; Naty dejó de hablar y ahora era el novio quien comentaba lo que ella tenía que soportar en el trabajo, entonces era Naty quien asentaba entre mordisco al montadito, buchito a la cerveza y mordisco al montadito; Alfonsa comía; Paco y Reyes atendían al novio de la alemana; Niels hablaba con mi novia sobre cómo plantar maría en nuestro futuro piso y yo empecé a charlar con Mirta sobre el día y las pocas ganas de salir que tenía.
Acabadas tres tandas de montaditos Alfonsa dijo de ir a otro sitio. Empezamos a dirigirnos para la Alameda pero en ese momento cayó una tromba de agua. "¡Seguidme!", dijo Mirta, y nos metió en un hotel. Nos hizo subir a la azotea; allí han puesto una especie de bar con amplios sillones. No había nadie. De la montera caían chorros de agua, la luz se había cortado pero habían puesto velas por algunas mesas. La única luz que teníamos, a parte de las velas, era la del bar y la del servicio. Juntamos dos mesas, las colocamos entre dos "cataratas" de agua, le dimos la vuelta a varios cojines porque estaban mojados, y fui a la barra a pedir. Nueve mojitos, y dos Pepsis. La camarera me dice en voz baja: tengo Brugal pero para ti y para mí en mi casa. A esto que se acerca mi novia y la camarera saca una botella de ron blanco con "es el que me queda". Yo me doy la vuelta y me siento, dejo allí a mi novia sola. La lluvia golpea con furia la montera.
Las velas hace aquello muy acogedor.
Con nuestras bebidas alrededor de la mesa estamos: José Alberto que ya se besa con la cubana, a su lado está Alfonsa; los tres en el mismo sillón. A su izquierda en dos sillones Naty y su novio; en otros dos Paco y Reyes; en otro sillón Niels, y en otro grande mi novia, Mirta y yo.
Empezaba la noche a animarse, al menos para mí, pero la lluvia entró con furia acompañado de truenos y relámpagos. De la oscuridad salían fogonazos enormes que emblanquecían el cielo y Niels (dos metros de tio, muy delgado, de pelo y bigote rubio, con voz profunda), se dobló sobre sus piernas, se hundió en el sillón y gritaba histérico en holandés. Gritaba y lloraba. Paco y Reyes intentaban consolarlo para llevarselo de allí, por lo visto los truenos y relámpagos le asustan. A esto que oigo a Naty reírse como una loca, el novio de ella intentando calmarla, me doy cuenta que se ríe de la Cubana y Alfonsa que se estan enrrollando ¡bestialmente! y José Alberto está en plan voyeur tocandose los huevos, mi novia se levanta para ayudar a Paco y Reyes con Niels, mientras Mirta me echa el brazo encima, me come la oreja y me dice que a ella la llaman "la reina anal". Noto que la humedad del cojín ha llegado a mis pantalones y me hace sentir incómodo. En ese momento sólo oigo los gritos histéricos de Niels, la risa histérica de Naty y el resonar de "reina anal" en mi cabeza. Me levanto como un resorte "tengo el pantalón mojado", le digo a Mirta; "yo las bragas", me contesta. Me giro, veo a mi novia, salgo del sillón, y la agarro del brazo, "necesito salir de aquí", le digo. Ella está preocupada con Niels.
La tranquilidad en la que estábamos, y la que necesitaba, se tornó locura en un momento.
Allí dejé a todos, llamé al ascensor, se abren las puertas y me empuja adentro Mirta.
Hoy he hablado con mi novia por lo de ayer, al final lograron sacar al holandés cuando dejó de llover, José Alberto se fue solo a casa mientras que la Cubana se lió con el novio de Naty y ésta con Alfonsa. Yo... me disculpé con mi novia porque uno, aquella noche, fue súbdito de la Reina Anal.
Desde aquí quiero dar todo mi apoyo a José Alberto, Bass.
Te quiero, novia mía. Tú si que eres mi reina.
jueves, 22 de mayo de 2008
Corpus Christi
Vengo contentísimo con mi tío Emilio. Contentísimo y con dolores. El otro día estuve con mi tío en Los Palacios para recoger unos conejos, no sabía para qué quería tantos conejos y hoy me ha enseñado el por qué.
¡La matanza conejil!
Ha sido genial. Tenía que preparar un puñao de conejos para tres bodas ¡el mismo día! y le he ayudado a cocinarlos. En verdad me he dedicado a matarlos, ya los cocinará mañana. Me ha enseñado varios trucos pero el mejor es: matarlos con la mano.
Se agarran la patas del conejo con una mano y con la otra se golpea en la nuca, no hace falta ser muy violento, pero eso me costó aprenderlo con unos cuantos. Mi tío mientras tanto cogía a los que me cargaba y los colgaba para pelarlos. En una de estas mi tía llamó a mi tío y me dejaron solo. Se dedicaron a cortar el rabo, las patas y la cabeza de los conejos. En cambio yo seguía solo allí y entre el tacto del conejo, que me encanta su pelaje, la soledad y el placer que me daba el golpearlos... me excité. Sin pensarlo me la saco y empiezo a golpearlos con mi polla; cuesta matarlos a la primera, pero se intenta. ¡Increíble! Uno de los mayores placeres que he experimentado.
Al poco rato de correrme entró mi tío y se dirigió a mi muy serio. "¿Y con la polla? ¿Has probado con la polla?", me grita. Yo acojonado creyendo que me había visto, "bueno... para el próximo día te enseño cómo se hace con la polla, porque ya no hay más conejos". "Ostias, es verdad", le digo. No me había dado cuenta, me los cargué a todos.
Entro en la habitación de al lado y me veo a mi tía toda llena de sangre, con el cuchillo en la mano, con los conejos colgando y desangrándose. "Niño, que ya nos vemos otro día", me dice muy contenta. "Llamadme, para otra vez, que me gusta ayudaros, y así os veo más, cohone", le digo.
¡Ostias, que sí! Que me van a llamar. Del caraaaaaaaajoooooooooo.
Cuando he llegado a casa he llamado a mi novia y se lo he contado, se ha puesto como una moto y al final lo hemos hecho por teléfono. ¡Un día redondo! Joer, cómo me gusta el Corpus Christi.
¡La matanza conejil!
Ha sido genial. Tenía que preparar un puñao de conejos para tres bodas ¡el mismo día! y le he ayudado a cocinarlos. En verdad me he dedicado a matarlos, ya los cocinará mañana. Me ha enseñado varios trucos pero el mejor es: matarlos con la mano.
Se agarran la patas del conejo con una mano y con la otra se golpea en la nuca, no hace falta ser muy violento, pero eso me costó aprenderlo con unos cuantos. Mi tío mientras tanto cogía a los que me cargaba y los colgaba para pelarlos. En una de estas mi tía llamó a mi tío y me dejaron solo. Se dedicaron a cortar el rabo, las patas y la cabeza de los conejos. En cambio yo seguía solo allí y entre el tacto del conejo, que me encanta su pelaje, la soledad y el placer que me daba el golpearlos... me excité. Sin pensarlo me la saco y empiezo a golpearlos con mi polla; cuesta matarlos a la primera, pero se intenta. ¡Increíble! Uno de los mayores placeres que he experimentado.
Al poco rato de correrme entró mi tío y se dirigió a mi muy serio. "¿Y con la polla? ¿Has probado con la polla?", me grita. Yo acojonado creyendo que me había visto, "bueno... para el próximo día te enseño cómo se hace con la polla, porque ya no hay más conejos". "Ostias, es verdad", le digo. No me había dado cuenta, me los cargué a todos.
Entro en la habitación de al lado y me veo a mi tía toda llena de sangre, con el cuchillo en la mano, con los conejos colgando y desangrándose. "Niño, que ya nos vemos otro día", me dice muy contenta. "Llamadme, para otra vez, que me gusta ayudaros, y así os veo más, cohone", le digo.
¡Ostias, que sí! Que me van a llamar. Del caraaaaaaaajoooooooooo.
Cuando he llegado a casa he llamado a mi novia y se lo he contado, se ha puesto como una moto y al final lo hemos hecho por teléfono. ¡Un día redondo! Joer, cómo me gusta el Corpus Christi.
Darío, el Fiera
Anoche nos invitó mi amigo Darío, a mi novia y a mi, a una cena en una pizzería. Era una excusa para celebrar que ya llevaba tres meses con la misma mujer, y sin cuernos por parte de él. Su novia estaba en Madrid resolviendo nosequé, por lo que no pudo venir.
Mesita para los tres, el restaurante lleno, de beber agua y Pepsi-Light, pedimos de comer una ensalada para tres y luego dos pizzas diferente enormes; antes nos ponen un cestito con pan, picos y esos picos finos alargados típicos de los italianos.
Primer plato: nos colocan los platitos para servirnos la ensalada, yo sirvo a mi chica, voy a servir a Darío y me espeta un "échate tú", así hago, acto seguido agarra la ensaladera y se la pone encima de su plato, a su vez coge el cestito y empieza a engullir ensalada con picos. Terminamos de comer la ensalada, Darío aún no la ha acabado pero la aparta para quitar su plato y comer más agusto, en ese momento se acerca el camarero y se lleva la ensala y la botella de Pepsi-Light. Darío se queda petrificado. Mi novia y yo no le dimos importancia, además estaba casi acabada. Ese "casi", por lo visto era muy importante para Darío. Se le quitó la sonrisa de la cara.
Segundo y Tercer plato: Nos colocan las dos pizzas (diferentes) y empezamos a repartírnoslas. Darío las enrrollaba. Es decir, cogía un trozo de una y lo ponía encima de la otra hacía un canuto y se las metía enteras en la boca. Las pizzas las empujaba con los picos. Parecía nervioso. Mi novia y yo no teníamos muchas ganas de comer, pues bebimos antes unas cervezas con olivitas en el bar de siempre, por lo que Darío casi se come el duplete pizzero.
A esto que llega el camarero; retira los platos; mi novia le pide la cuenta; Darío se hace dueño del cestito, al cual le quedaban pocos picos, y sigue masticando; llega el camarero con la cuenta; Darío suelta el cestito para coger la cartera; el camarero se lleva el cestito junto con los vasos de agua, a esto que Darío salta como un resorte y se encara con el camarero. Le grita que deje los picos y el agua, que de la mesa no se quita nada hasta que lo dice el cliente y otras cosas. El camarero aún con los picos y los vasos en la mano se enfrenta a él también gritándole. Yo estoy petrificado viendo el espectáculo; yo, mi novia y la gente de alrededor. Sin darme cuenta de lo que pasa empiezan a pelearse, la gente se levanta a separarlos, Darío se aferra al camarero y se va deshaciendo de clientes, y otros camareros, que se le echan encima. Miro a mi novia y me la veo que está metiendo en su bolso los cubiertos de las mesas contiguas, dos copas de vino y esos picos alargados finos italianos. Empiezo a tener miedo y vuelvo a mirar a Darío. Ha desaparecido entre una montaña de hombres, pero la montaña se va moviendo de un lado a otro, hacia delante, hacia atrás... Hay mujeres chillando, otras llorando... Y mi novia seguía metiendo cubiertos en el bolso.
Me levanto, salgo del bar y empiezo a andar calle abajo, me doy cuenta que me sigue mi novia, me alcanza y me dice: "ya tenemos parte del ajuar". En ese momento me dolió no haber pensado en ella, en nosotros. Me sentí mal por ser tan egoísta y querer salir de allí corriendo, me avergoncé a mi mismo, porque podía haber ayudado a mi novia cogiendo más platos y vasos para el piso que en breve vamos a tener. Lloré y me consoló. La quiero mucho. Ella piensa siempre en nosotros.
Llevo toda la mañana llamando a Darío pero no contesta, no sé qué paso al final.
Mesita para los tres, el restaurante lleno, de beber agua y Pepsi-Light, pedimos de comer una ensalada para tres y luego dos pizzas diferente enormes; antes nos ponen un cestito con pan, picos y esos picos finos alargados típicos de los italianos.
Primer plato: nos colocan los platitos para servirnos la ensalada, yo sirvo a mi chica, voy a servir a Darío y me espeta un "échate tú", así hago, acto seguido agarra la ensaladera y se la pone encima de su plato, a su vez coge el cestito y empieza a engullir ensalada con picos. Terminamos de comer la ensalada, Darío aún no la ha acabado pero la aparta para quitar su plato y comer más agusto, en ese momento se acerca el camarero y se lleva la ensala y la botella de Pepsi-Light. Darío se queda petrificado. Mi novia y yo no le dimos importancia, además estaba casi acabada. Ese "casi", por lo visto era muy importante para Darío. Se le quitó la sonrisa de la cara.
Segundo y Tercer plato: Nos colocan las dos pizzas (diferentes) y empezamos a repartírnoslas. Darío las enrrollaba. Es decir, cogía un trozo de una y lo ponía encima de la otra hacía un canuto y se las metía enteras en la boca. Las pizzas las empujaba con los picos. Parecía nervioso. Mi novia y yo no teníamos muchas ganas de comer, pues bebimos antes unas cervezas con olivitas en el bar de siempre, por lo que Darío casi se come el duplete pizzero.
A esto que llega el camarero; retira los platos; mi novia le pide la cuenta; Darío se hace dueño del cestito, al cual le quedaban pocos picos, y sigue masticando; llega el camarero con la cuenta; Darío suelta el cestito para coger la cartera; el camarero se lleva el cestito junto con los vasos de agua, a esto que Darío salta como un resorte y se encara con el camarero. Le grita que deje los picos y el agua, que de la mesa no se quita nada hasta que lo dice el cliente y otras cosas. El camarero aún con los picos y los vasos en la mano se enfrenta a él también gritándole. Yo estoy petrificado viendo el espectáculo; yo, mi novia y la gente de alrededor. Sin darme cuenta de lo que pasa empiezan a pelearse, la gente se levanta a separarlos, Darío se aferra al camarero y se va deshaciendo de clientes, y otros camareros, que se le echan encima. Miro a mi novia y me la veo que está metiendo en su bolso los cubiertos de las mesas contiguas, dos copas de vino y esos picos alargados finos italianos. Empiezo a tener miedo y vuelvo a mirar a Darío. Ha desaparecido entre una montaña de hombres, pero la montaña se va moviendo de un lado a otro, hacia delante, hacia atrás... Hay mujeres chillando, otras llorando... Y mi novia seguía metiendo cubiertos en el bolso.
Me levanto, salgo del bar y empiezo a andar calle abajo, me doy cuenta que me sigue mi novia, me alcanza y me dice: "ya tenemos parte del ajuar". En ese momento me dolió no haber pensado en ella, en nosotros. Me sentí mal por ser tan egoísta y querer salir de allí corriendo, me avergoncé a mi mismo, porque podía haber ayudado a mi novia cogiendo más platos y vasos para el piso que en breve vamos a tener. Lloré y me consoló. La quiero mucho. Ella piensa siempre en nosotros.
Llevo toda la mañana llamando a Darío pero no contesta, no sé qué paso al final.
martes, 20 de mayo de 2008
Star Funky Wars
Como estaba aburrido en casa de mis padres me he dedicado a rebuscar en los cajones a ver qué me encontraba. Es algo que no suelo hacer a no ser que necesite vender para los vicios, pero como estoy un poco jodido de los riñones (hoy no he ido a trabajar y no tengo mono ni nada raro), me ha dado por mirar hasta los armarios.
Me he encontrado con esta joya que me ponía mi padre hasta la saciedad.
La música de Star Wars en plan funky malo discotequero. De chico siempre me ha puesto la portada porque tiene connotaciones sexuales ¿no? El nota ahí detrás de la tía que está poniendo el culo, vamos que lo sigo viendo al cabo de los años.
He cogido la cinta y la he puesto en un radio que tengo de mi abuela, he estado toda la mañana oyendo la casete, una y otra vez, mientras miraba por los cajones y el armario de mis padres.
También me he encontrado con una cámara que tal vez le pueda sacar unas perras en el Jueves, es de esas antiguas de película. Total que entre miraba la cámara y oía la música el aparato de mi abuela ha empezado a arder.
He perdido la cinta, cosa que no me importa. He quemado el radiocasete, cosa que no me importa. Pero lo que sí me importa es que he jodido, y bien, la cámara. Porque con los nervios intenté apagar el fuego que salía del aparato con la cámara. Nervioso he cogido el radiocasete, finalmente, y lo he tirado por la ventana a la obra que tengo justamente pared con pared. No se han dado cuenta porque ahora mismo no hay nadie trabajando por mi zona. No ha pasado la cosa a mayores pero tendré que seguir buscando mañana otra cosa, porque ahora he de ir al MAS a pillar un ambientador para quitar el olor a quemado. La cinta la reemplazaré por una que he visto suelta de unas sevillanas del Guerra, no creo que se den cuenta, como ya no tenemos aparato con qué oírla...
Me he encontrado con esta joya que me ponía mi padre hasta la saciedad.
La música de Star Wars en plan funky malo discotequero. De chico siempre me ha puesto la portada porque tiene connotaciones sexuales ¿no? El nota ahí detrás de la tía que está poniendo el culo, vamos que lo sigo viendo al cabo de los años.He cogido la cinta y la he puesto en un radio que tengo de mi abuela, he estado toda la mañana oyendo la casete, una y otra vez, mientras miraba por los cajones y el armario de mis padres.
También me he encontrado con una cámara que tal vez le pueda sacar unas perras en el Jueves, es de esas antiguas de película. Total que entre miraba la cámara y oía la música el aparato de mi abuela ha empezado a arder.
He perdido la cinta, cosa que no me importa. He quemado el radiocasete, cosa que no me importa. Pero lo que sí me importa es que he jodido, y bien, la cámara. Porque con los nervios intenté apagar el fuego que salía del aparato con la cámara. Nervioso he cogido el radiocasete, finalmente, y lo he tirado por la ventana a la obra que tengo justamente pared con pared. No se han dado cuenta porque ahora mismo no hay nadie trabajando por mi zona. No ha pasado la cosa a mayores pero tendré que seguir buscando mañana otra cosa, porque ahora he de ir al MAS a pillar un ambientador para quitar el olor a quemado. La cinta la reemplazaré por una que he visto suelta de unas sevillanas del Guerra, no creo que se den cuenta, como ya no tenemos aparato con qué oírla...
lunes, 19 de mayo de 2008
Sueños raros
Raros sueños he tenido esta noche y ahora al mediodía.
Primeramente he soñado con Lupe y su pelo, luego otra vez con ella, muy raro. He de reconocer que las sensaciones soñadas hacía tiempo que no las tenía, ni con mi novia, cosa que le he comentado por cierto.
El primer sueño era que estaba con Lupe, descalzos los dos, con las manos llenas de aceite de arreglar un coche de plástico enano, ella me pide que le eche el pelo para atrás que no quiere mancharse el pelo con sus manos, yo le replico que conmigo le va a pasar lo mismo, me grita y accedo a hacerlo. En ese momento toco el pelo, de color amarillo y negro, empiezo a mover su casquete cabelludo y a compararlo con el pelo de un tigre por su tono y colorido, eso conlleva a que me excite y agarro el cabello y lo froto sobre mís partes, mientras Lupe me dice gritando que tenga cuidado que no le haga nudos al pelo. Sin entrar en más detalles sobre el cabello y su mesar, he de decir que mientras lo estoy soñando voy experimentando de nuevo aquella sensación tan placentera que recibí de un pollo que compré en el Mercadona. Un pollo entero que cuando lo desempaqueté y le estiré las extremidades para cortarlo, me entraron ganas de penetrarlo; y así hice. Pues esa sensación que tuve con el pollo la volví a tener con el pelo de Lupe, genial.
Este al mediodía he vuelto a soñar con Lupe, pero nada de índole sexual, lamentablemente, esta vez estábamos mi novia, Lupe y yo discutiendo la mejor manera de dibujar las líneas que separan las calles de una piscina. Pero a dibujarlas desde el balcón, porque ninguno quería bajar a la piscina. Bueno... recordando un poco sí he de reconocer que no paraba de mirar ambos culos mientras una le decía a la otra que su línea era la que mejor estaba puesta.
Sueños raros, a ver qué sueño esta noche.
Mañana espero ir con mi tio Emilio a por unos conejos a Los Palacios, los quiere usar para no sé que fiesta del jueves, ya me contará.
Primeramente he soñado con Lupe y su pelo, luego otra vez con ella, muy raro. He de reconocer que las sensaciones soñadas hacía tiempo que no las tenía, ni con mi novia, cosa que le he comentado por cierto.
El primer sueño era que estaba con Lupe, descalzos los dos, con las manos llenas de aceite de arreglar un coche de plástico enano, ella me pide que le eche el pelo para atrás que no quiere mancharse el pelo con sus manos, yo le replico que conmigo le va a pasar lo mismo, me grita y accedo a hacerlo. En ese momento toco el pelo, de color amarillo y negro, empiezo a mover su casquete cabelludo y a compararlo con el pelo de un tigre por su tono y colorido, eso conlleva a que me excite y agarro el cabello y lo froto sobre mís partes, mientras Lupe me dice gritando que tenga cuidado que no le haga nudos al pelo. Sin entrar en más detalles sobre el cabello y su mesar, he de decir que mientras lo estoy soñando voy experimentando de nuevo aquella sensación tan placentera que recibí de un pollo que compré en el Mercadona. Un pollo entero que cuando lo desempaqueté y le estiré las extremidades para cortarlo, me entraron ganas de penetrarlo; y así hice. Pues esa sensación que tuve con el pollo la volví a tener con el pelo de Lupe, genial.
Este al mediodía he vuelto a soñar con Lupe, pero nada de índole sexual, lamentablemente, esta vez estábamos mi novia, Lupe y yo discutiendo la mejor manera de dibujar las líneas que separan las calles de una piscina. Pero a dibujarlas desde el balcón, porque ninguno quería bajar a la piscina. Bueno... recordando un poco sí he de reconocer que no paraba de mirar ambos culos mientras una le decía a la otra que su línea era la que mejor estaba puesta.
Sueños raros, a ver qué sueño esta noche.
Mañana espero ir con mi tio Emilio a por unos conejos a Los Palacios, los quiere usar para no sé que fiesta del jueves, ya me contará.
Me duelen
El viernes empecé a tener molestias en los riñones. Puede ser que sea síntoma de una infección dada por la ingesta de cerveza en un bar cerca de una zona de putas, puede ser por ir en moto sin camiseta, puede ser por las patadas de mi novia después de hacer un trío con la cubana... No sé, he hecho muchas cosas durante esta semana y es en estos días cuando me están molestando los riñones. No he podido ir a un concierto con Lupita, así como tampoco he podido ir en quad con Paco y menos de parranda con los colegas. Espero encontrarme mejor mañana.
Mientras tanto he estado aquí pegado mirando páginas porno de lesbianas. Últimamente no tengo apetito ni por un bocata de jamón. Muy raro. Total que aburrido me he puesto una canción de los Type O Negative
Y luego me encuentro con el nuevo video de Nightwish, entonces me veo a la teclista que sí me ha levantado hasta los pezones. Lástima que las tias no sean del grupo, excepto la cantante claro. ¡Habemus pajote! Aunque la canción tampoco es una maravilla.
Ahora a dormir un poco, que mañana tenemos que madrugar. Un warro saludo a la Ptinta por ser este mi primer artículo en este pseudodiario.
Mientras tanto he estado aquí pegado mirando páginas porno de lesbianas. Últimamente no tengo apetito ni por un bocata de jamón. Muy raro. Total que aburrido me he puesto una canción de los Type O Negative
Y luego me encuentro con el nuevo video de Nightwish, entonces me veo a la teclista que sí me ha levantado hasta los pezones. Lástima que las tias no sean del grupo, excepto la cantante claro. ¡Habemus pajote! Aunque la canción tampoco es una maravilla.
Ahora a dormir un poco, que mañana tenemos que madrugar. Un warro saludo a la Ptinta por ser este mi primer artículo en este pseudodiario.
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