Rafa, su nueva pareja, Lisa, y yo agarramos la autocaravana y nos dirigimos a Sierra Nevada, al día siguiente se apuntaron Pelo de Fuego y Pepe con su furgo nueva. El camino de ida fue muy bien, con muchas ganas de poner las cadenas a las ruedas, pero al final no las sacamos de la caja. Llegamos al parking-semicamping sobre las nueve de la noche, estaba todo oscurísimo, lluviznando y todo nevado. Buscando sitio para aparcar vimos un sitio libre. Libre de coche pero llenito de nieve.
-Aquí va a ser, tio.
-Rafa, que necesitamos un quitanieves y una cuadrilla de tios con palas.
-¿Pala? Anda, baja.
Lisa se llevó todo el camino haciendo sudokus, sin hablarnos, cosa que no me importó.
-Abrigaos que llueve y hace frío -fueron sus primeras palabras desde que salimos de Sevilla.
-Toma -me da una pala de esa que usan los albañiles.
-Ostias, ¿que cave?
-Sí
Allí estaba yo dándole a la pala, quitando nueve como un poseso; sin guantes; con los pantalones vaqueros que empezaron a empaparse con la lluvia y con el contacto con la nieve, con el chaquetón abierto porque estaba sudando y Lisa metiendo prisa porque quería poner los sandwichs y acostarse pronto. Rafa sacó dos litros, las metió en la nieve y tomó el relevo de la excavación. Así estuvimos un buen rato. Aquello parecía no tener fin.
Al final conseguimos hacernos un sitio para la autocaravana. Nos bebimos las frías birras, nos comimos los sandwichs, nos fumamos unos porros y caímos rendidos en nuestras respectivas camas.
Al día siguiente pusimos otras litros en la nieve

Rafa cogió sus eskis y se largó a dar bajadas por las pistas. Yo me quedé con Lisa, pero al ver que Lisa seguía con sus sudokus opté por dar una vuelta.
Entre tanta caravana había una que tenía letreros en alemán o polaco, intenté leerlos y averiguar de donde eran, pero la vista se me fue dentro de la caravana. En su interior había tres tios sentados con las cabezas pegadas a una mesa. Me acerqué un poco más para que no me molestara el reflejo de la nieve sobre el cristal y... nunca había visto tanta nieve junta. Uno de ellos se dio cuenta de mi vouyerismo y se quedó mirándome fijamente, yo me toqué la nariz y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Al final no me enteré de dónde eran, pero la nieve estaba perfecta. Estuve con ellos toda la mañana, al mediodía se marcharon de allí. Buena gente esos guiris.
Volví a mi "casita", Lisa había hecho la comida y Rafa estaba duchándose. Comimos, echaron una siesta y yo volví a dar otra vuelta. Creo que me quedé casi toda la tarde mirando las nubes, debajo nuestra, que tapaban toda Granada. Al anochecer volví porque empezaba a tener frío, pues sólo llevaba un jersey.
-Illo, han llamado Pelo de Fuego y Pepe, están llegando.
-Vale. Lisa hazte un porro que tengo frío.

Como podréis observar eso blanco del fondo son nubes. Una pasada.


1 comentario:
y no viste osos polares???
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