A lo largo de nuestra existencia hay heridas que nos corroen el alma, como si fuesen carcomas, en soledad.
No podemos confesar esas dolencias increíbles a nadie, porque suelen ser consideradas anomalías extrañas, hechos insólitos. Y si alguien se atreve a explicarlas, de viva voz o por escrito, la gente, aferrándose a la opinión generalizada o a sus propias creencias, acoge sus palabras con una sonrisa irónica en los labios, pues el hombre aún no ha encontrado el remedio para curarlas. La única solución es buscar el olvido por medio del alcohol y del sueño artificial que producen el opio o los narcóticos. Pero, por desgracia, estos medicamentos, una vez disipados sus efectos temporales, lejos de calmar nuestro dolor, lo agravan.
Esas anomalías extrañas, esos hechos insólitos, referidos por el escritor, los reconoce como incidentes sobrenaturales. Aunque entiendo esos "incidentes" como propios de la madre naturaleza, propios del ser humano y sus actos.
Yo tengo heridas que me corroen al alma, y no son sobrenaturales. Yo tengo mis carcomas, mis dolencias increíbles; y no me atrevo a explicarlas. Busco el olvido, lo consigo, pero las carcomas siguen dañando mi alma en otros lugares, otros lugares que al final comunican con las anteriores; el olvido no es lo suficientemente fuerte para cerrar tales dolencias. El tiempo no lo cura todo, y menos heridas así.
Dicen que no hay que mirar atrás, que todo está por delante. Sí, así es. Pero hay que mirar atrás para recordar lo que dejaste y no volverlo encontrar más adelante. Y me duele mirar atrás, me duele tanto que da miedo mirar delante.
Pero miro y ando, lentamente, perdiendo cosas maravillosas que están a mi alcance porque las carcomas me intimidan, pero miro y ando, sin ayuda de alcoholes, opios o narcóticos; miro y ando a sabiendas de que mi andar hará que mi alma destruya las oscuras carcomas que en mí habitan, que con mi andar las heridas vayan curándose pudiendo confesar aquellas dolencias que no saquen sonrisas irónicas de creencias propias u opiniones generalizadas. No quiero seguir andando lentamente, necesito que me empujéis, por que yo no soy capaz. No soy capaz.


