viernes, 15 de agosto de 2008

Pintando

Acabo de darme cuenta que el techo no lo hemos terminado de pintar. Desde que Pepe, el pelirrojo, nos dijo que se ofrecía voluntario para pintar la casa, nos estuvo llamando todos los días. Más que un voluntario parecía que se tenía que redimir de algo, porque no paró de llamar ni un día. "Quillo que cuando voy", "he visto que la pintura cual es mejor que la tal", "a ver si quedamos para ver qué colores", "tengo esto, y tengo aquello", "me he comprado unos rodillos que anuncian en la tele", y nosotros respondiendo: Pepe, espera que nos encuentren los enchufes. "Illo, da igual, se pinta dos veces, mejor para la pared". Hasta que nos encontraron los enchufes no paró de llamar.
Se vino un sábado y acabamos de pintar el sábado siguiente. No más de 70m2. Y encima nos falta el techo. Le dijimos que queríamos las paredes blancas, pero que en nuestra habitación podría poner el color que quisiera. Trajo unas ocho latas de 5 kilos, de las cuales cuatro eran de rojo, celeste, verde y naranja; el resto no era pintura blanca, era crema. "Illo, que es mejor; que no se ensucia tanto; que el blanco no se lleva...", pues nada, de crema las paredes, además ya había comprado por su cuenta las latas.
"Mira esto. Lo he comprado por la tele", un kit completo de pintar, ese que le echas la pintura al rodillo y luego se expande por la pared sin tener que mojar el rodillo en la lata, un mango extensible y luego unas especies de cuñitas para las esquinas y no sé que más.
Empezamos pintando el suelo. Es decir colocamos periódicos, plásticos y demás cosas, pero intentado rellenar el supermegarodillo, desde la lata de 5 kilos, no atinamos a verterlo dentro y lo esparcimos por el suelo. "Un embudo, hace falta un embudo", decía mi novia. Embudo en mano rellenamos el artefacto y a pintar. "Esto no pinta", "no sale nada", "ahora, ahora, ahora", "coño, qué mal pinta ¿no?", "esto pesa un huevo", "joer sí que pesa", "a rellenar", era el monólogo de Pepe. Mi novia y yo estábamos mientras tanto con los rodillos de toda la vida dándole a otra pared cuando Pepe, a los diez minutos de empezar, hizo un alto en el camino para hacerse un porrito. Mi novia cogió el supermega rodillo y le puso el mango. Yo y Pepe desde el suelo, y fumando, la ibamos dirigiendo: "pinta ese hueco"; "¿llegas allí? Pues dale"; "más brío", etc. Cuando de buenas se gira mi novia para abroncarnos y se le cae toda la pintura del rodillo en la cabeza. El tapón de rosca se desenroscó. Toda una crema estaba hecha mi novia. Gritando se metió en el cuarto de baño y nosotros revolcándonos por el suelo de la risa. Al final acabamos nosotros también en la ducha, pues el suelo también estaba "cremoso". Lo dejamos para el día siguiente.

El segundo día fue algo parecido. Pepe trajo cerveza que, más a la que ya teníamos, hicimos tal acopio que nos las tuvimos que beber para hacer espacio en el piso. Borrachera al canto. Lo dejamos para el día siguiente.

El tercer día empezamos muy contentos y muy animados. Pepe se estaba peleando con el supermega rodillo, mi novia empezaba a usar las cuñitas-rodillos, pero por lo visto no se impregnaban de cola ni a la de tres; en uno de los brochazos Pepe dobló el mango y volvió a salirse toda la pintura del rodillo. Yo fui a por la fregona y me resbalé cayendo sobre dos latas que habíamos abierto. Aquello era un mar de crema con mezcla celeste. Me hice daño en el costado y lo dejamos para el día siguiente.

El cuarto día aún dolorido y con unos moratones tremendos me senté tranquilo viendo como Pepe y mi novia seguían pintando. Cervecita y porrito, porrito y tinto de verano... estos dos se picaron y acabamos sentados en la cama discutiendo sobre los anuncios de la Tienda en Casa. Lo dejamos para el día siguiente.

El quinto día terminamos las cuatro paredes del salón. Aunque alguien dejó unos churretones que tuvimos que rectificar. Mientras rectificaba mi novia me di cuenta que los enchufes habían vuelto a desaparecer. Con la conversación, con el ir y venir, con las risas, y con lo de siempre, acabamos pintando las entradas del mismo color, llenando el interior con pintura. Destornillador a destornillar y a limpiarlos de pintura. Mientras yo hacía la limpieza de los enchufes los otros dos se pusieron a ver la tele con una cervecita y al final acabamos viendo CSI Navy y J.A.G. Lo dejamos para el día siguiente.

El sexto día continuamos pintando nuestra habitación. Ya antes le dimos unas manchas celestes a una pared. No pasó nada raro ésta vez. De hecho pintamos una de celeste y la otra de verde. Pepe se fue temprano y aprovechamos mi novia y yo nuestros momentos íntimos, por lo que el pintar lo dejamos para el día siguiente.

El séptimo día empezamos a pintar las otras dos paredes de rojo y naranja. A Pepe ya dejó de funcionarle el supermega rodillo. No salía pintura, ni se podía abrir. Lo cojo y se rompe; me quedo con el mango mientras el rodillo va rodando por el suelo hasta llegar al salón. Siete días ha durado el supermega rodillo. Pepe se cabreó y se metió en el servicio. Mi novia aprovecha el momento y me dice: "¿has mirado bien cómo queda nuestra habitación?". Levanto la mirada y veo una pared roja, a su lado una naranja; la siguiente es celeste y luego verde. Un poco chocante. Un poco raro. No sé. Los ojos me dolían, pero no sabía si era por la emanaciones de la pintura, el tabaco, por la suciedad... "Puf, anda que no nos va a costar nada conciliar el sueño", dice mi novia. Ah, claro, los colores, ya decía yo. "No pasa nada, chochito, nos vamos a Ikea y compramos una estantería grande, o un armario y tapamos la roja", "o la celeste, o la naranja, la verde no me incomoda tanto". Pepe sale del baño y nos tomamos el último descanso. Lo dejamos para el día siguiente.

El octavo día fue para hacer repasos, limpieza y de paso discutir, con la Ikea-Biblia por delante, qué poner y en qué pared. Ya sólo nos falta pintar los techos, pero me parece a mí que se van a quedar blancos y al carajo.

jueves, 14 de agosto de 2008

Facilidades

Increíble lo de éste arquitecto que pensó "decorar" los ventanales de una oficina del ayuntamiento con estas rejillas.


Hasta que llegó uno que pensó que estas rejillas son en verdad una perfecta escalera para robar.


Y subió y robó. Gracias al arquitecto y a quien le dio el visto bueno a esa perfecta escala.




Un ordenador y varias cosas se llevaron.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Ya estamos en nuestro pisito

¡Ya estamos en casa! Y no en la de nuestros respectivos padres ¡no! En nuestro propio piso. Han adelantado la fecha de entrega de los pisos de VPO y sin pensarlo dos veces nos vinimos para aquí. Ha sido todo un poco odisea; el padre de mi novia nos ha ayudado con la mudanza, así que un ¡GRACIAS! a él por portase bien conmigo y no insultarme cada vez que mi novia no nos veía. Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí: he vuelto a ver a Darío, nos hemos quedado encerrados en el ascensor, he partido el quad... Pero vamos a empezar por la mudanza.
Nada más informarnos que podíamos habitar el piso me di de baja de internet en casa mis padres, mi novia hizo lo mismo; pero antes hicimos las gestiones para dar de alta la línea en el nuestro pisito; preparamos nuestros petates; mi madre insistió en comprarnos una cama, una mesa y cuatro sillas; Pepe, el pelirrojo, dijo que si había que pintar las paredes él se ofrecía voluntario, Lupe que pondría las cortinas y así un montón de amigos que han colaborado con nuestra/vuestro piso. Pero no todo fue tan bien como pensábamos.
Mi novia y yo estábamos muy nerviosos con la idea de ir a habitar nuestra morada, así que el mismo día que recogimos las llaves, compramos productos de limpieza y nos acercamos a casa de los padres de ella para coger los sacos de dormir y echar nuestro primer polvo allí. Cuando llegamos al piso nuevo nos pusimos las pilas y empezamos a limpiar como unos locos. En todas la habitaciones había una bombilla que colgaba de un cable que salía del techo, teníamos luz. Friega tú aquí; yo limpio allí; barre esto; tira la bolsa; aquí pondremos esto; allí aquello; las paredes de tal color; deja la fregona que vas a coger otra cosa más dura y tú límpiame entera... No importaba la dureza del suelo, ni el calor, ni lo vacío que estaba aquello, ni el eco de nuestros gozos chocando por las vacías paredes, ni si teníamos las ventanas abiertas, no importaba nada. Era nuestro primer polvo en nuestra nueva casa. A la mañana siguiente empezamos a empaquetar las cosas que nos íbamos a llevar. El padre de mi novia nos regaló un tele pequeño de tubo y un aparato para ver el TDT. Hicimos las respectivas cargas y descargas de la furgoneta, y cuando llega la noche, cansados de tanto trajín, extendemos nuestros sacos de dormir en nuestro cuarto, pongo la tele delante y cuando la voy a enchufar no hay enchufe en la habitación. ¡Ostias, qué raro! Voy a la de al lado y lo mismo, al cuarto de baño y no hay, y en la cocina menos. ¿Donde están los enchufes? Pero si tenemos luz debe haber enchufes, si no ¿con qué electricidad han estado trabajando los albañiles? Ostias, que no. Que por más que buscamos no hay enchufes. Extrañados llamamos a nuestros padres y le contamos lo que pasaba, nos tranquilizaron para ver el problema al día siguiente y nosotros nos dormimos preguntándonos ¿donde estarían escondidos los enchufes?
Al día siguiente llamamos a la constructora y nos dicen que no puede ser, que irá un técnico a verlo, que nos llamarían pronto. Ese mismo día nos llaman de Telefónica para poner la línea, le digo que no vengan porque no tenemos ni la roseta del teléfono, que les avisaría cuando se descubriera dónde estaba, a su vez nos llaman de la casa de muebles: nos llevan la cama, la mesa y las sillas ya vendrán más adelante. Mi novia se quedó esperando a la cama, se encontró con nuevos vecinos de nuestra planta y les ocurría lo mismo: no tenían enchufes. Pero en cambio los de las tres plantas anteriores sí tenían entradas. Es decir de seis plantas, tres no teníamos enchufes. Tres plantas a cuatro pisos en cada una sin enchufes, sin roseta de teléfono... No me extraña que adelantaran ¡y tanto! la entrega de los pisos. Ya empezamos a mirar con más detenimiento, y más meticulosamente, cada rincón de nuestro pisito.
Dos semanas y pico tardó el técnico en venir, y cuatro semanas la mesa y las sillas. Cuatro semanas usando la cama para dormir, como mesa para comer, como mesa de taller, como mesa de estudio... Colchón puesto, colchón quitado, los sacos de dormir hacían de pufs... vamos un show. Ah, los enchufes vinieron casi a mediados de julio, anda que no les costó ná encontrar los enchufes. Sigo sin entender cómo cohones les dió por tapar las cajas de tomas de la electricidad ¡a tres plantas! Y otra vez a limpiar el piso. Los albañiles y los electricistas dejaron más escombros que las torres gemelas, qué bestias. Ya pude llamar a los de Telefónica y me dijeron que en breve vendrían a poner la línea y el adsl. En breve. Como los enchufes. Bueno ya tengo la línea, el adsl, ¡enchufes!...
Ya seguiré contando cosas de la casa. Nos hemos quedado sin luz dos veces, el ascensor se quedó parado un día conmigo dentro, los muebles de la cocina que se deshacen, la nevera no cabe junto con el lavavajillas y la lavadora... Pero estamos disfrutando de nuestro piso nuevo. Eso no nos lo quita nadie.

¡YA OS CUENTO!