El otro día estuvimos en la inauguración de una exposición de pintura.
Bass (José Alberto) nos citó en una galería nueva que han abierto, exponían unos cuadros muy raros. Eran grandes, con manchurrones que goteaban y de colores oscuros. Parecían cagarrutas de pájaros pero sobredimensionadas. Al menos esa era mi percepción. Hubo mucha gente y muy arreglada.
Mi novia y yo íbamos informales pero serios, Bass iba con una chaqueta de rojo chillón y unas gafas de pasta blancas. Para mi gusto iba muy llamativo, para mi novia iba a tono con los demás "artistas". Y eso que José Alberto monta los cuadros eléctricos en los Aerobus.
Dimos una vuelta a la exposición, vimos los cuadros y, sobre todo, oímos a la gente lo que decía de la pintura. Qué maravilla, qué fuerza, bien conseguido, impactante... Esas y otras frases más rimbombantes llenaban la sala. Yo por más que miraba aquello no encontraba sentido. Como ya dije: cagarrutas de pájaros a lo bestia sobre cuadros.
Sin previo aviso aparecen unos camareros con copas de cerveza, vino y refrescos.
-¿Gratis? -le pregunto al camarero.
-Sí, por supuesto -me responde con sonrisa cómplice, como si yo supiera que de verdad era gratis.
Tomo una copa de vino y un refresco de limón para mi novia. Bass eligió la cerveza. El vino era peleón, el refresco y la cerveza estaban sin gas y apenas fríos. Volvío a pasar el mismo camarero, dejé las copas vacías y cogí una de cerveza y otra de cocacola para mi novia. Bass eligió la cerveza. Seguían estando igual que las anteriores.
-Eh, mira a esa -me dijo mi novia.
Una camarera llevaba una bandeja sin vasos, pero llena de unas cosas pequeñas. Intenté ver bien qué había en la bandeja pero una lluvia de manos hizo desaparecer todo lo que había.
-¿Comida? -dijo mi novia extrañada.
-Yo tengo un poco de hambre -dijo Bass.
-Yo comeré, por gula nada más, si es gratis... -dije excéptico.
El camarero que nos sirvió las bebidas llevaba ahora caña de lomo, la misma que la de su compañera. Al menos eso nos dijo. Cogimos unas cuantas cada uno, porque estaban cortadas muy finas, casi como papeles de fumar. Estaban un poco duras y sin sabor.
Otro camarero traía ahora unos canapés de paté. Sabían mejor. Una camarera trajo otra bandeja de bebidas. Cerveza. Los tres. Otra bandeja de empanada. Otra de queso. Otra de cerveza. Otra de jamón. Otra de caña de lomo. Otra de cerveza. Otra de canapés. Otra de empanada.
-Sabe rara esta empanada -dijo Bass.
-Eso es el canapé, que el paté es muy fuerte y le quita el sabor -dije yo en plan Arguiñano y con síntomas de empuntado.
Bass empezó a eruptar.
-Toma otra cerveza y dale siete buches seguidos -dijo mi novia a carcajadas con un punto más grande que el mío.
Más cerveza, más empanadilla que era lo que más había y más cerveza.
-Illo, que mal me encuentro -dijo Bass.
-Pues venga, vámonos que aquí no hay nada más que hacer y encima toy borracho -dije.
-Yo toy borracha, mi gordi -dijo mi novia.
Al dejar la sala atrás y al doblar la esquina Bass vomitó.
-La empanada, tio, la empanada -dijo Bass mientras mi novia empezaba a dar arcadas.
-Pues... ¿Quieres más empanada, Bass?
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -dije riéndome.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-¿Otra empanada? -me empezaba a doler la barriga de reírme.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
-Escucha que aún tengo empanada pa vosotros.
Y vomitó. Y mi novia lo acompañó.
Así se llevaron un ratito mientras yo no paraba de reír. Al final trajimos a Bass a casa para que durmiera la mona. Yo no dejaba de darle vueltas a la cabeza: ¿habrá vomitado mi novia por que está embarazada? Estoy preocupado. En estos días cuando mejore le preguntaré y compraré un predictor, por si las moscas.
lunes, 22 de diciembre de 2008
viernes, 12 de diciembre de 2008
Nieves II
La llegada de Pepe y Pelo de Fuego fue de lo más aburrido. Tal y como entraron aparcaron donde estuvieron antes los simpáticos guiris. Nos saludaron y se volvieron a meter dentro de su furgo para "inagurarla". Manda cohones.
Me acosté aburrido porque Rafa estaba cansado de esquiar y Lisa de hacer sudokus. Me hubiera gustado ir a algún sitio pero estábamos allí arriba y el pueblo más cercano estaba a un buen rato a pie.
A la mañana siguiente acabamos con el pan y las chacinas. No teníamos leche y tampoco agua, así que bebimos gélida cerveza en el desayuno. Pepe y Pelo de Fuego nos acompañaron. Rafa terminó el primero y se fue a hacer snowboard. Lisa se quedó haciendo sudokus y los tres restantes intentamos llegar al Veleta andando.
Caminar por la nieve es más difícil de lo que parece. Los pies se hunden, el caminar se ralentiza, la luz de la nieve te ciega, la ropa te pesa, el sol te abrasa, el frío te congela la cara y manos... ¿Qué hacer ante tanta adversidad? Parar, tomar aire y pedirle a Pepe que se haga un porrito. Subir no subimos mucho, lo suficiente para acabar con medio paquete de cigarrillos condimentados.
He aquí una vista

Seguimos subiendo y subiendo hasta encontrarnos no sé donde. Parecía que íbamos a subir el Everest


Arriba del mundo, sentados sobre unas rocas, recibimos una llamada de Lisa. Rafa se había roto una mano en una bajada. Pelo de Fuego se puso nerviosa y dijo que teníamos que bajar corriendo. Pepe decía que Cruz Roja lo atendería y yo estaba leyendo los mensajes que la gente escribía en las rocas. Pelo de Fuego empezó a gritar a Pepe que teníamos que bajar ya, que Lisa y Rafa nos necesitaban. Entonces Pepe sacó un plástico enorme y dijo:
-Con esto vamos a acortar camino.
Nos acercamos a una ladera, extendió el plástico, nos sentamos sobre el mismo y nos lanzamos cuesta abajo. Dos, tres y cuatro veces lo hicimos. Qué experiencia tan magnífica. Lo malo es que a la quinta vez pillamos una roca que sobresalía de la nieve y Pelo de Fuego también se partió el brazo derecho. Pepe la cogió en brazos y salió corriendo por la carretera. Se fueron sin decirme a donde iban, me dejaron allí solo con el plástico, sin cigarros. Los seguí, pero andando. Vi que pararon un coche y se fueron en él. Esto ocurrió sobre las dos y media de la tarde. Pues hasta las siete no llegué a la autocaravana. Eso no se lo perdono yo. Cuando llego me encuentro a Rafa y Pelo de Fuego con los mismos brazos escayolados. Ella llorando y él cagándose en los muertos de alguien que se le cruzó.
Había que volver a Sevilla, ya no tenía sentido estar allí. Pepe condujo su furgoneta sin problemas, pero ¿quien conduce la autocaravana de Rafa?
-Tio, tú mete las marchas que yo muevo el volante y pedales.
-Rafa que no sé conducir.
-Es muy fácil.
-Es muy peligroso, Rafa.
-Yo conduzco -dijo Lisa.
-Pero si tú no conduces desde que te sacaste el carné.
-Bueno y qué, hace un año que lo tengo y eso no se olvida, es como ir en bici.
-Vale, vale, si no os importa me gustaría ir con Pepe porque Pelo de Fuego no para de llorar, así voy yo y les doy palique ¿os importa?
-Sí, ve tú con ellos que a mi me gustaría hablar con Rafa en privado.
A Sevilla llegamos en dos horas. Rafa y Lisa tardaron cerca de seis horas. Por lo visto paraban en casi todas las estaciones de servicio porque Lisa se ponía tan nerviosa que se tenía que tomar un café, a parte de que no pisaba el acelerador a más de 100 Km/h.
Yo tengo claro que si vuelvo a Sierra Nevada me llevo una saca de bocadillos. Pasé más hambre que casi me como el jersey de lana que llevaba.
Me acosté aburrido porque Rafa estaba cansado de esquiar y Lisa de hacer sudokus. Me hubiera gustado ir a algún sitio pero estábamos allí arriba y el pueblo más cercano estaba a un buen rato a pie.
A la mañana siguiente acabamos con el pan y las chacinas. No teníamos leche y tampoco agua, así que bebimos gélida cerveza en el desayuno. Pepe y Pelo de Fuego nos acompañaron. Rafa terminó el primero y se fue a hacer snowboard. Lisa se quedó haciendo sudokus y los tres restantes intentamos llegar al Veleta andando.
Caminar por la nieve es más difícil de lo que parece. Los pies se hunden, el caminar se ralentiza, la luz de la nieve te ciega, la ropa te pesa, el sol te abrasa, el frío te congela la cara y manos... ¿Qué hacer ante tanta adversidad? Parar, tomar aire y pedirle a Pepe que se haga un porrito. Subir no subimos mucho, lo suficiente para acabar con medio paquete de cigarrillos condimentados.
He aquí una vista

Seguimos subiendo y subiendo hasta encontrarnos no sé donde. Parecía que íbamos a subir el Everest


Arriba del mundo, sentados sobre unas rocas, recibimos una llamada de Lisa. Rafa se había roto una mano en una bajada. Pelo de Fuego se puso nerviosa y dijo que teníamos que bajar corriendo. Pepe decía que Cruz Roja lo atendería y yo estaba leyendo los mensajes que la gente escribía en las rocas. Pelo de Fuego empezó a gritar a Pepe que teníamos que bajar ya, que Lisa y Rafa nos necesitaban. Entonces Pepe sacó un plástico enorme y dijo:
-Con esto vamos a acortar camino.
Nos acercamos a una ladera, extendió el plástico, nos sentamos sobre el mismo y nos lanzamos cuesta abajo. Dos, tres y cuatro veces lo hicimos. Qué experiencia tan magnífica. Lo malo es que a la quinta vez pillamos una roca que sobresalía de la nieve y Pelo de Fuego también se partió el brazo derecho. Pepe la cogió en brazos y salió corriendo por la carretera. Se fueron sin decirme a donde iban, me dejaron allí solo con el plástico, sin cigarros. Los seguí, pero andando. Vi que pararon un coche y se fueron en él. Esto ocurrió sobre las dos y media de la tarde. Pues hasta las siete no llegué a la autocaravana. Eso no se lo perdono yo. Cuando llego me encuentro a Rafa y Pelo de Fuego con los mismos brazos escayolados. Ella llorando y él cagándose en los muertos de alguien que se le cruzó.
Había que volver a Sevilla, ya no tenía sentido estar allí. Pepe condujo su furgoneta sin problemas, pero ¿quien conduce la autocaravana de Rafa?
-Tio, tú mete las marchas que yo muevo el volante y pedales.
-Rafa que no sé conducir.
-Es muy fácil.
-Es muy peligroso, Rafa.
-Yo conduzco -dijo Lisa.
-Pero si tú no conduces desde que te sacaste el carné.
-Bueno y qué, hace un año que lo tengo y eso no se olvida, es como ir en bici.
-Vale, vale, si no os importa me gustaría ir con Pepe porque Pelo de Fuego no para de llorar, así voy yo y les doy palique ¿os importa?
-Sí, ve tú con ellos que a mi me gustaría hablar con Rafa en privado.
A Sevilla llegamos en dos horas. Rafa y Lisa tardaron cerca de seis horas. Por lo visto paraban en casi todas las estaciones de servicio porque Lisa se ponía tan nerviosa que se tenía que tomar un café, a parte de que no pisaba el acelerador a más de 100 Km/h.
Yo tengo claro que si vuelvo a Sierra Nevada me llevo una saca de bocadillos. Pasé más hambre que casi me como el jersey de lana que llevaba.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Nieves I
Estamos perdidos. Totalmente. Esto de casa nueva; vida nueva; vecinos nuevos; visitas a nuestros padres los fines de semana; amigos que vienen casi todos los días y el trabajo ha hecho que no tengamos tiempo para nosotros mismos. Y tengo tantas cosas que contaros... Pero lo mejor lo último que nos pasó este finde en Sierra Nevada. En verdad fui sin mi novia, tenía curro la pobre.
Rafa, su nueva pareja, Lisa, y yo agarramos la autocaravana y nos dirigimos a Sierra Nevada, al día siguiente se apuntaron Pelo de Fuego y Pepe con su furgo nueva. El camino de ida fue muy bien, con muchas ganas de poner las cadenas a las ruedas, pero al final no las sacamos de la caja. Llegamos al parking-semicamping sobre las nueve de la noche, estaba todo oscurísimo, lluviznando y todo nevado. Buscando sitio para aparcar vimos un sitio libre. Libre de coche pero llenito de nieve.
-Aquí va a ser, tio.
-Rafa, que necesitamos un quitanieves y una cuadrilla de tios con palas.
-¿Pala? Anda, baja.
Lisa se llevó todo el camino haciendo sudokus, sin hablarnos, cosa que no me importó.
-Abrigaos que llueve y hace frío -fueron sus primeras palabras desde que salimos de Sevilla.
-Toma -me da una pala de esa que usan los albañiles.
-Ostias, ¿que cave?
-Sí
Allí estaba yo dándole a la pala, quitando nueve como un poseso; sin guantes; con los pantalones vaqueros que empezaron a empaparse con la lluvia y con el contacto con la nieve, con el chaquetón abierto porque estaba sudando y Lisa metiendo prisa porque quería poner los sandwichs y acostarse pronto. Rafa sacó dos litros, las metió en la nieve y tomó el relevo de la excavación. Así estuvimos un buen rato. Aquello parecía no tener fin.
Al final conseguimos hacernos un sitio para la autocaravana. Nos bebimos las frías birras, nos comimos los sandwichs, nos fumamos unos porros y caímos rendidos en nuestras respectivas camas.
Al día siguiente pusimos otras litros en la nieve

Rafa cogió sus eskis y se largó a dar bajadas por las pistas. Yo me quedé con Lisa, pero al ver que Lisa seguía con sus sudokus opté por dar una vuelta.
Entre tanta caravana había una que tenía letreros en alemán o polaco, intenté leerlos y averiguar de donde eran, pero la vista se me fue dentro de la caravana. En su interior había tres tios sentados con las cabezas pegadas a una mesa. Me acerqué un poco más para que no me molestara el reflejo de la nieve sobre el cristal y... nunca había visto tanta nieve junta. Uno de ellos se dio cuenta de mi vouyerismo y se quedó mirándome fijamente, yo me toqué la nariz y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Al final no me enteré de dónde eran, pero la nieve estaba perfecta. Estuve con ellos toda la mañana, al mediodía se marcharon de allí. Buena gente esos guiris.
Volví a mi "casita", Lisa había hecho la comida y Rafa estaba duchándose. Comimos, echaron una siesta y yo volví a dar otra vuelta. Creo que me quedé casi toda la tarde mirando las nubes, debajo nuestra, que tapaban toda Granada. Al anochecer volví porque empezaba a tener frío, pues sólo llevaba un jersey.
-Illo, han llamado Pelo de Fuego y Pepe, están llegando.
-Vale. Lisa hazte un porro que tengo frío.

Como podréis observar eso blanco del fondo son nubes. Una pasada.
Rafa, su nueva pareja, Lisa, y yo agarramos la autocaravana y nos dirigimos a Sierra Nevada, al día siguiente se apuntaron Pelo de Fuego y Pepe con su furgo nueva. El camino de ida fue muy bien, con muchas ganas de poner las cadenas a las ruedas, pero al final no las sacamos de la caja. Llegamos al parking-semicamping sobre las nueve de la noche, estaba todo oscurísimo, lluviznando y todo nevado. Buscando sitio para aparcar vimos un sitio libre. Libre de coche pero llenito de nieve.
-Aquí va a ser, tio.
-Rafa, que necesitamos un quitanieves y una cuadrilla de tios con palas.
-¿Pala? Anda, baja.
Lisa se llevó todo el camino haciendo sudokus, sin hablarnos, cosa que no me importó.
-Abrigaos que llueve y hace frío -fueron sus primeras palabras desde que salimos de Sevilla.
-Toma -me da una pala de esa que usan los albañiles.
-Ostias, ¿que cave?
-Sí
Allí estaba yo dándole a la pala, quitando nueve como un poseso; sin guantes; con los pantalones vaqueros que empezaron a empaparse con la lluvia y con el contacto con la nieve, con el chaquetón abierto porque estaba sudando y Lisa metiendo prisa porque quería poner los sandwichs y acostarse pronto. Rafa sacó dos litros, las metió en la nieve y tomó el relevo de la excavación. Así estuvimos un buen rato. Aquello parecía no tener fin.
Al final conseguimos hacernos un sitio para la autocaravana. Nos bebimos las frías birras, nos comimos los sandwichs, nos fumamos unos porros y caímos rendidos en nuestras respectivas camas.
Al día siguiente pusimos otras litros en la nieve

Rafa cogió sus eskis y se largó a dar bajadas por las pistas. Yo me quedé con Lisa, pero al ver que Lisa seguía con sus sudokus opté por dar una vuelta.
Entre tanta caravana había una que tenía letreros en alemán o polaco, intenté leerlos y averiguar de donde eran, pero la vista se me fue dentro de la caravana. En su interior había tres tios sentados con las cabezas pegadas a una mesa. Me acerqué un poco más para que no me molestara el reflejo de la nieve sobre el cristal y... nunca había visto tanta nieve junta. Uno de ellos se dio cuenta de mi vouyerismo y se quedó mirándome fijamente, yo me toqué la nariz y me invitó a entrar con un gesto de su mano. Al final no me enteré de dónde eran, pero la nieve estaba perfecta. Estuve con ellos toda la mañana, al mediodía se marcharon de allí. Buena gente esos guiris.
Volví a mi "casita", Lisa había hecho la comida y Rafa estaba duchándose. Comimos, echaron una siesta y yo volví a dar otra vuelta. Creo que me quedé casi toda la tarde mirando las nubes, debajo nuestra, que tapaban toda Granada. Al anochecer volví porque empezaba a tener frío, pues sólo llevaba un jersey.
-Illo, han llamado Pelo de Fuego y Pepe, están llegando.
-Vale. Lisa hazte un porro que tengo frío.

Como podréis observar eso blanco del fondo son nubes. Una pasada.
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