Acabo de darme cuenta que el techo no lo hemos terminado de pintar. Desde que Pepe, el pelirrojo, nos dijo que se ofrecía voluntario para pintar la casa, nos estuvo llamando todos los días. Más que un voluntario parecía que se tenía que redimir de algo, porque no paró de llamar ni un día. "Quillo que cuando voy", "he visto que la pintura cual es mejor que la tal", "a ver si quedamos para ver qué colores", "tengo esto, y tengo aquello", "me he comprado unos rodillos que anuncian en la tele", y nosotros respondiendo: Pepe, espera que nos encuentren los enchufes. "Illo, da igual, se pinta dos veces, mejor para la pared". Hasta que nos encontraron los enchufes no paró de llamar.
Se vino un sábado y acabamos de pintar el sábado siguiente. No más de 70m2. Y encima nos falta el techo. Le dijimos que queríamos las paredes blancas, pero que en nuestra habitación podría poner el color que quisiera. Trajo unas ocho latas de 5 kilos, de las cuales cuatro eran de rojo, celeste, verde y naranja; el resto no era pintura blanca, era crema. "Illo, que es mejor; que no se ensucia tanto; que el blanco no se lleva...", pues nada, de crema las paredes, además ya había comprado por su cuenta las latas.
"Mira esto. Lo he comprado por la tele", un kit completo de pintar, ese que le echas la pintura al rodillo y luego se expande por la pared sin tener que mojar el rodillo en la lata, un mango extensible y luego unas especies de cuñitas para las esquinas y no sé que más.
Empezamos pintando el suelo. Es decir colocamos periódicos, plásticos y demás cosas, pero intentado rellenar el supermegarodillo, desde la lata de 5 kilos, no atinamos a verterlo dentro y lo esparcimos por el suelo. "Un embudo, hace falta un embudo", decía mi novia. Embudo en mano rellenamos el artefacto y a pintar. "Esto no pinta", "no sale nada", "ahora, ahora, ahora", "coño, qué mal pinta ¿no?", "esto pesa un huevo", "joer sí que pesa", "a rellenar", era el monólogo de Pepe. Mi novia y yo estábamos mientras tanto con los rodillos de toda la vida dándole a otra pared cuando Pepe, a los diez minutos de empezar, hizo un alto en el camino para hacerse un porrito. Mi novia cogió el supermega rodillo y le puso el mango. Yo y Pepe desde el suelo, y fumando, la ibamos dirigiendo: "pinta ese hueco"; "¿llegas allí? Pues dale"; "más brío", etc. Cuando de buenas se gira mi novia para abroncarnos y se le cae toda la pintura del rodillo en la cabeza. El tapón de rosca se desenroscó. Toda una crema estaba hecha mi novia. Gritando se metió en el cuarto de baño y nosotros revolcándonos por el suelo de la risa. Al final acabamos nosotros también en la ducha, pues el suelo también estaba "cremoso". Lo dejamos para el día siguiente.
El segundo día fue algo parecido. Pepe trajo cerveza que, más a la que ya teníamos, hicimos tal acopio que nos las tuvimos que beber para hacer espacio en el piso. Borrachera al canto. Lo dejamos para el día siguiente.
El tercer día empezamos muy contentos y muy animados. Pepe se estaba peleando con el supermega rodillo, mi novia empezaba a usar las cuñitas-rodillos, pero por lo visto no se impregnaban de cola ni a la de tres; en uno de los brochazos Pepe dobló el mango y volvió a salirse toda la pintura del rodillo. Yo fui a por la fregona y me resbalé cayendo sobre dos latas que habíamos abierto. Aquello era un mar de crema con mezcla celeste. Me hice daño en el costado y lo dejamos para el día siguiente.
El cuarto día aún dolorido y con unos moratones tremendos me senté tranquilo viendo como Pepe y mi novia seguían pintando. Cervecita y porrito, porrito y tinto de verano... estos dos se picaron y acabamos sentados en la cama discutiendo sobre los anuncios de la Tienda en Casa. Lo dejamos para el día siguiente.
El quinto día terminamos las cuatro paredes del salón. Aunque alguien dejó unos churretones que tuvimos que rectificar. Mientras rectificaba mi novia me di cuenta que los enchufes habían vuelto a desaparecer. Con la conversación, con el ir y venir, con las risas, y con lo de siempre, acabamos pintando las entradas del mismo color, llenando el interior con pintura. Destornillador a destornillar y a limpiarlos de pintura. Mientras yo hacía la limpieza de los enchufes los otros dos se pusieron a ver la tele con una cervecita y al final acabamos viendo CSI Navy y J.A.G. Lo dejamos para el día siguiente.
El sexto día continuamos pintando nuestra habitación. Ya antes le dimos unas manchas celestes a una pared. No pasó nada raro ésta vez. De hecho pintamos una de celeste y la otra de verde. Pepe se fue temprano y aprovechamos mi novia y yo nuestros momentos íntimos, por lo que el pintar lo dejamos para el día siguiente.
El séptimo día empezamos a pintar las otras dos paredes de rojo y naranja. A Pepe ya dejó de funcionarle el supermega rodillo. No salía pintura, ni se podía abrir. Lo cojo y se rompe; me quedo con el mango mientras el rodillo va rodando por el suelo hasta llegar al salón. Siete días ha durado el supermega rodillo. Pepe se cabreó y se metió en el servicio. Mi novia aprovecha el momento y me dice: "¿has mirado bien cómo queda nuestra habitación?". Levanto la mirada y veo una pared roja, a su lado una naranja; la siguiente es celeste y luego verde. Un poco chocante. Un poco raro. No sé. Los ojos me dolían, pero no sabía si era por la emanaciones de la pintura, el tabaco, por la suciedad... "Puf, anda que no nos va a costar nada conciliar el sueño", dice mi novia. Ah, claro, los colores, ya decía yo. "No pasa nada, chochito, nos vamos a Ikea y compramos una estantería grande, o un armario y tapamos la roja", "o la celeste, o la naranja, la verde no me incomoda tanto". Pepe sale del baño y nos tomamos el último descanso. Lo dejamos para el día siguiente.
El octavo día fue para hacer repasos, limpieza y de paso discutir, con la Ikea-Biblia por delante, qué poner y en qué pared. Ya sólo nos falta pintar los techos, pero me parece a mí que se van a quedar blancos y al carajo.
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2 comentarios:
como a mí no me invitaste a pintar, con lo que yo soy con una brocha y una litrona...
Killo mejor deja los techos blancos, que eso de pintar eh mu malo pa lo riñoneh, que pa jartarse de servesa y joes no hase farta tanto artifisio copón... Nª Sra. de La Cruz del Campo ruega por las almas de los pintores desvalidos, Amén.
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