martes, 17 de junio de 2008

Goles y putis

Estaba en casa de mi novia, en su cuarto, en su cama, junto a ella. Su padre estaba en el salón viendo un partido de la eurocopa, no sé cual. Su madre en la cocina, preparando un bizcocho, y nosotros estábamos acariciando nuestros cuerpos. Aquello no era todo lo romántico que uno desea. La narración del partido se inmiscuía entre nuestros besos; los gritos del padre nos descentraban mientras recorríamos nuestros cuerpos con las yemas de los dedos; el olor del bizcocho era más fuerte que nuestros olores corporales; la madre, desde la cocina, le contaba a su hija algo de la familia, mi novia le respondía, mordiéndonos, sin querer, al responderle; mis peos producidos por la dispepsia, que junto al olor del bizcocho, hacía que lo que se suponía una tarde de reencuentro fuese como aquellas noches pasadas en la que solía ir de putis. Me puse bocarriba, mi novia se puso encima, estiré los brazos y dejé que ella me follara mientras hablaba con su madre. A mi me gusta ésta postura, no soy de los que se mueven mucho en la cama, además me he mal acostumbrado por mis pasadas visitas a los putis.
Me acordé de una visita que hice hace tiempo a un pisito en Dos Hermanas. Lo regentaba una chilena y tenía dos chicas más. Me metí en la habitación con la peruana bajita, se tumbó en la cama bocarriba y estiró los brazos. Yo quería precisamente estar de esa forma, se lo dije y empezó a contarme que llevaba todo el día trabajando y que no tenía fuerzas, que si lo quería bien, que si no que me buscara a otra. Yo tenía ganas de hacerlo con la peruanita, tan bajita, rechoncha, con tetas y culo que accedí a follarla así. Al cabo de no mucho le dije que no podía, que me molestaba el tener que trabajar. Me senté en medio de la cama, ella se incorporó y empezamos a hablar mientras ella, con su mano, me masturbaba. Mientras hablábamos la chilena y su compañera pusieron la tele. Por lo visto había un programa rosa porque desde el salón le gritaban a la peruana lo que hacía la pareja de nosequién con una de Gran Hermano, y ésta les respondía, preguntando a su vez cosas del programa. Al final acabé en el salón con las tres viendo Salsa Rosa, o algo parecido, mientras la peruana me masturbaba. Me corrí dos veces y tuvieron la delicadeza de no hacerme pagar, por lo que me quedé hasta las tantas viendo el programa.
Como no quería que me pasara algo así con mi novia; que me tuviera que levantar y ponerme a ver la tele con el padre mientras me follo a su hija, o que nos metamos en la cocina a ayudar a la madre mientras penetro por detrás a su hija, empujé a mi novia hacia un lado, se cayó en el suelo y empezó a gritarme que qué me pasaba. Yo no dije nada, pues no dejaba de acordarme de la peruana masturbándome mientras ella comía palomitas junto con las otras dos viendo el programa. Me levanté, me vestí y salí corriendo de allí.
Ya por la noche, y más tranquilo, llamé a mi cielo y le pedí disculpas, para que la próxima vez que quedemos para follar en su casa procuremos que no haya partido de futbol, que me descentra mucho.
Tengo ganas de que nos den el piso ya.

1 comentario:

torpeda dijo...

ende luego, y yo que creía que te ponía mientras oíamos de fondo corason corason, de melon melon melon