-Rosa, no tengo dinero para un hotel.
-Yo tengo cheques de hoteles de cuando Rafa ¿vale?
Llegamos a un hotel de 3 estrellas en Málaga. Habitación doble con camas separadas. La recepcionista nos da la habitación 101. Subimos, abro la puerta de la habitación y hay una maleta encima de la cama y unos zapatos a sus pies.
-Esto está ocupado.
-Pues baja, chiquillo, que te den otra y rápido que la caldereta está haciendo efecto ¿vale?
La recepcionista se extraña y me da otra habitación, la 109. Subo, nos dirigimos al otro ala del hotel, abro la puerta y nos encontramos con un traje sobre la cama, la tele puesta y alguien que se está duchando con la puerta del baño cerrada.
-Hostias, que me cago, chiquillo.
Bajo corriendo de nuevo, la recepcionista se vuelve a extrañar, le pregunta a la compañera qué ocurre con esas habitaciones. "Perdón, se me olvidó hacer el cheking. Dale una superior. Perdone las molestias". Agradezco su atención y subo corriendo con la nueva tarjeta de nuestra nueva habitación, una superior. Abro la puerta y, sin esperar a que inspeccione si hay alguien, Rosa me empuja hacia un lado y se dirige directamente al baño. Entro con cautela y me asombro de la habitación tan grande. Tiene el servicio, un saloncito con un sofá ancho y una tele LCD; un mueble alto separa la habitación: una cama de matrimonio amplísima con otra tele LCD, una mesa, dos sillas y el mueblebar. Me tiro en la cama, enciendo la tele y me quedo dormido. Cuando despierto me encuentro solo y con picores, me ducho y me quito las pulgas; son cerca de las once y la dispepsia pide comer. Salgo y dejo la tarjeta en recepción por si vuelve Rosa. Voy a comer a un bar cercano. Pido algo ligero: un plato de berenjenas con miel, una dorada a la espalda y una tónica. La dispepsia me vuelve a atacar. Corro al hotel. Rosa ha subido con alguien, subo y llamo desesperado.
-¿Qué te pasa?
-Rosa que tengo que entrar, que no puedo.
-Ve al vater del hotel ¿vale? Y toma las llaves de la furgoneta, date una vuelta.
-Hostias, Rosa, no me hagas esto.
-Me lo debes.
Y me cierra la puerta. ¿Se lo debo? ¿Qué le debo? Maldita hija de puta y la dispepsia me recuerda que está conmigo. Bajo corriendo, el váter está estropeado, salgo del hotel y me dirijo a la furgona. Sin pensármelo dos veces entro en la furgona, cago, meo, me limpio por los sillones y vuelvo al hotel.
-Estas llaves son del 110, déselas mañana, por favor.
-Muy bien.
-¿Sabe si hay tren o autobús para Sevilla?
-Hay un autobús a las tres de la mañana o algo así.
-Gracias.
Voy a la estación y sí, había un autobús a esa hora. Compro el billete y espero tranquilamente en la estación hasta que llega la hora. El camino de vuelta se me hizo eterno, tenía flatulencias no olorosas, pero unos peos terribles, intentando que no sonaran. Terrible.
Al día siguiente me llama Rosa insultándome por teléfono y todas esas cosas. Es comprensible pues le dejo la cama del hotel llena de pulgas y la furgona llena también de pulgas y mierda.
Pues desde aquí te digo, Rosa, que te den por culo. Me has dejado tirado en la calle. Has perdido a Rafa por putón verbenero y ahora me pierdes a mi por ser una ninfómana asquerosa que no ha tenido ni la delicadeza de echarme un puto polvo de mierda. ¡Jódete! Yo no te debo nada y menos aguantar tus gilipolleces.
Me he comprado una caja de omeprazol y espero mejorar en estos días. El médico dice que puede ser estres. No me extraña teniendo amigos como los que tengo.
lunes, 9 de junio de 2008
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2 comentarios:
y es que tenías que haberte quedao conmigo, que yo sí que te cuido, churrita mía...quién te manda a ti y a tu dispepsia a salir de la ciudad...con estos calore!!!!
Si es que con amigos asín, pa que quiere uno enemigos, no sé, entonces si las pulgas no se morian con el resultado de la dispepsia, a lo mejor las termitas tampoco, habrá que seguir pensando en patentar otra cosa, que está la cosa mu mala y va a llegar la crisis gorda sin un pavo en el bolsillo.... Por cierto no te quedaste con ningún mueble antiguo de esos??
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