Dani nos invitó, unos cuatro amigos, a cenar a su casa. No vino ninguna mujer porque así lo quiso el anfitrión. Yo quería ir con mi novia, e incluso llamé a Lupe para que se viniera; una foundé de queso da para mucha gente; pero la repentina misogínia de Dani hizo que yo no pudiera disfrutar de queso fundido sobre los pechos de las mujeres.
Los cuatro amigos fuimos juntos. Desde el zaguán de la casa de Dani pudímos ver que en el salón había una gran mesa con cuencos variados de pan, gambas, salchichas, cebollitas y otras delicadezas; un enorme recipiente, en medio de tanto cuenco, con un pequeño candil que lo calentaba; varias botellas de Pepsi; vasos; hielo; cubiertos y platos.
Sin más mediar cada uno se dirigió a su silla, dos a un lado y dos a otro, Dani presidiendo la mesa. Ésta no era ya tan grande. Cupimos sacando cada comensal de los laterales una pierna fuera, y movimos las silla un poco de lado para no clavar los codos al compañero. Dani estaba perfectamente sentado.
Uno trató de coger hielo y servirlo en las copas, pero estaban todos pegados, para separarlos cogió su pincho de la foundé y arremetió contra los hielos. Empezaron a volar trozos por todo el salón, cayeron en la mesa, dentro de la foundé... pero en los vasos, no. Mientras otro abría una botella de Pepsi y, sin querer, tiró dos cuencos al suelo, el tercer compañero se dedicó a recoger las salchichas y cebollitas redondas que se esparcían por el suelo, al igual que el hielo. Yo pinché en un pan y lo metí en el enorme recipiente, en esto el que recogía las cosas del suelo me da con su cabeza en mi brazo, y el pan que tenía lleno de queso va a parar a la camiseta de Dani. "No pasa nada, no pasa nada", decía.Conseguido el separar los hielos, recoger la comida del suelo y limpiar un poco la camiseta de Dani, seguimos con la opípara cena. Cada cuenco, cada vaso, cada cubierto y cada botella estaba colocado de forma muy medida para que cupiera en la mesa. Si movías algo un poco más, o menos, de donde estaba, ya no cabía otra cosa, por lo que muchas veces hacíamos turno para "mojar" los pinchos, ya que uno llegaba a tener en sus manos hasta cuatro vasos, botella de Pepsi y cubiertos; y no hablemos de los cuencos o el hielo.
Dani, cansado de aguantar el cuenco de pan y el cuenco de cebollitas, ordenó de nuevo la mesa. Vuelta al inicio. Duró poco. Así hasta unas cuatro veces. En una de sus órdenes a alguien se le cayó un cuenco, a otro se le fue la botella que dio con el enorme recipiente de foundé, el cual se cayó y se vertió por toda la mesa, y más allá; el candil también cayó al suelo y prendió fuego al mantel de papel. Yo no recuerdo qué más pasó. Eso sí, me mojaron de Pepsi. Entre Dani que lanzaba los hielos contra el mantel, uno que agitaba las botellas de Pepsi para que el chorro llegara más lejos, otro que recogía los cuencos y la comida que había por el suelo, y el otro que pedía un móvil que el suyo estaba sin saldo para llamar a los bomberos, estaba yo yendo a la cocina a por la fregona y el cubo para recoger la foundé, la pepsi y los hielos que estaban ensuciando el parqué del salón de Dani.
Ya limpiado, apagado y recogido la mesa y el salón, nos despedimos de Dani.
Perdón, por esto, perdón por aquello; menos mal que no han venido las mujeres; la foundé estaba muy buena; el pan exquisíto, al igual que las gambas... Adios, adios, ya haremos una más tranquila. Y nos fuimos los cuatro a comer a un Telepizza. Había cortado Dani las gambas, el pan, las cebollitas, las salchicas y otras delicadezas en tamaños tan pequeños, tan chicos, tan ná de ná que por más que mojaras lo que chupabas era el pincho de metal con sabor a queso.
Las cosas de estar aprendiendo ser pinche de cocina.

2 comentarios:
Digamos que del Bilios a Telepizza, culinariamente hablando, vas mejorando, pero el queso fundido entre los hermanos calatrava, gana de todas todas!!!
así que querías invitar a mi hermana???me tienes olvidada...no me llamas, no me dices nada...y yo en zara goza jarta de trabajar para esto...desde luego....
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